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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN
25 | Plessner | La antropología desde abajo
Plessner | La antropología desde abajo Describe la antropología biológica de Plessner. Define al animal como "céntrico" (vive desde su centro, atrapado en el entorno) y al ser humano como "excéntrico" (rompe el centro, se distancia de sí mismo, tiene conciencia y debe crear su propio mundo artificial: la cultura).
Transcripción
A ver, ¿qué es lo que de verdad nos separa de los animales? ¿Tenemos un alma, un espíritu o es algo, bueno, algo mucho más fundamental y a la vez más extraño? Pues bien, el filósofo Helmut Les Ples propuso una respuesta bastante radical, una forma de entender lo humano, no desde arriba, sino justo al revés, desde abajo, desde nuestras propias raíces en el mundo natural. Estas son las preguntas del millón, las que nos llevan persiguiendo siglos. Somos simplemente un animal más gobernado por puros instintos o de verdad hay algo que nos pone en un lugar único en todo el universo? La respuesta de Plesner, ya os lo adelanto, nos aleja de cualquier explicación mística y nos obliga a mirar la biología de una forma completamente nueva. Para entender bien a Plesner, hay que imaginarse una especie de campo de batalla de ideas. Por un lado, está la visión desde arriba, la de filósofos como Max Sheller, que dice que nuestro origen está en un espíritu casi divino, algo totalmente aparte de la naturaleza. Pero Plesner, Plesner le da un giro de 180º y dice, "No, no, para entendernos tenemos que empezar desde abajo, desde lo que somos, seres vivos." Vale, vamos a meternos de lleno en esto. ¿Qué significa exactamente eso de empezar desde abajo? El punto de partida de Plesner es radicalmente naturalista, o sea, rechaza de plano cualquier explicación que suenea sobrenatural. lo que nos dice es que para entendernos a nosotros mismos, lo primero es bajarnos de nuestro pedestal imaginario. No hay ningún trono especial para la humanidad fuera del reino de lo natural. Somos antes que nada parte del sistema. Entonces, si no partimos del espíritu, ¿de dónde partimos? Pues Ples propone un método comparativo que bebe directamente de la revolución que supuso Darwin. Para saber que es un ser humano, primero miremos a las plantas, miremos a los animales y a partir de ahí veamos dónde encajamos y sobre todo qué es lo que nos hace diferentes. Así que siguiendo su propio método para entender lo humano, primero hay que entender al animal. Y es justo aquí donde Plesner introduce su primer concepto clave. Lo llaman la posición centrada. Imaginemos a un animal cualquiera en su hábitat. vive desde su centro, es decir, sus instintos, su cuerpo, todo eso guía sus acciones. Pero, y esto es lo más importante, no es consciente de que es un centro. No puede, por así decirlo, dar un paso atrás y pensar, "Ah, este soy yo." Pensemos un momento en lo que esto implica. El animal tiene una organización que Plesner llama cerrada. Vive en una simbiosis casi perfecta con su entorno. No hay ninguna distancia entre él y su cuerpo. No hay reflexión. Simplemente es. Está completamente disuelto en el presente, en el aquí y el ahora. Y es justo en este punto donde Plesner marca la gran ruptura, la diferencia fundamental que nos define. Si el animal es centrado, el ser humano es bueno, es otra cosa completamente distinta. Aquí Plesner nos dice, "De acuerdo, nosotros también somos un cuerpo." Claro que sí, también vivimos desde nuestro centro con nuestros impulsos, nuestras necesidades biológicas, pero y este pero lo cambia absolutamente todo. A diferencia del animal, el ser humano se sabe un centro. Tenemos esa capacidad de observarnos a nosotros mismos, de reflexionar sobre nuestra propia existencia. Somos a la vez el actor y el espectador de nuestra propia vida. Y a esta capacidad única, Pler bautiza como excentricidad. Ojo, no en el sentido de ser una persona rara, sino en su significado literal, estar fuera del centro. A diferencia del animal, podemos salirnos de nosotros mismos para mirarnos desde fuera. Es esa voz interior que se pregunta, ¿por qué he hecho eso? o que se pone a planear el futuro. Vivimos en una dualidad constante. Estamos en el mundo, pero también podemos contemplarlo y a nosotros mismos dentro de él. Ser excéntrico es la determinación fundamental del ser humano. Esta frase de Plesner lo resume todo a la perfección. La excentricidad no es un rasgo más como tener los ojos de un color u otro, no. Es la estructura misma de nuestro ser. Es el código fuente del que se deriva todo lo demás que nos hace humanos. Muy bien. Entonces, ¿qué significa vivir de esta manera? ¿Cuáles son las consecuencias de esta excentricidad? Pues son enormes y definen toda, absolutamente toda la experiencia humana. La primera gran consecuencia es esta. Un león está hecho para la sabana, un oso polar para el Ártico. Están perfectamente adaptados a su nicho. Nosotros no. Al poder distanciarnos de nuestro entorno inmediato, no estamos atados a ninguno en particular. Estamos, como dice Plesner, abiertos al mundo. El planeta entero es nuestro escenario potencial. Esto desencadena un efecto dominó que es fascinante. Nuestra excentricidad nos saca del centro y rompe el equilibrio natural. Esta ruptura nos abre al mundo, sí, pero tiene un coste. A diferencia de los animales, nos faltan unos instintos perfectamente ajustados para sobrevivir. Nos quedamos expuestos en un desequilibrio fundamental. Y esto nos lleva al último paso, que es el más importante, la necesidad de crear nuestro propio entorno para poder vivir. Y a esa creación la llamamos cultura. La tecnología, el arte, la política, nada de eso es un lujo para Plesner son nuestras herramientas de supervivencia. Son la casa artificial que este animal excéntrico y desequilibrado está obligado a construir en un mundo que de forma natural no es el suyo. Lo que nos deja con esta pregunta final que es clave. Si Plesner tiene razón, si nuestra naturaleza es paradójicamente no tener una naturaleza fija, ser excéntrico, ¿es una bendición o es una carga? ¿Es el origen de nuestra increíble creatividad y libertad? ¿O es la causa de una ansiedad y una inquietud que nunca nunca se van del todo? Quizás la respuesta es que es las dos cosas a la vez. Esa al final es la paradoja de ser humano.