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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN
28 | Scheler, Plessner y Heidegger | Las tres vías | Arriba, Abajo y Dentro
Este vídeo sintetiza las tres grandes corrientes de la antropología alemana del siglo XX para explicar la singularidad humana frente a la animalidad. Max Scheler propone una vía "desde arriba" centrada en el Espíritu, definiendo al hombre como el "asceta de la vida" que posee apertura al mundo y puede objetivar sus impulsos. Helmuth Plessner ofrece una vía "desde abajo" basada en la organización del organismo, donde el ser humano se distingue por su excentricidad: la capacidad de distanciarse de su propio centro biológico y reconocerse como cuerpo físico y viviente a la vez. Por último, Martin Heidegger plantea una vía "desde dentro" de la existencia (Dasein), criticando el enfoque biológico al considerar que el animal está "aturdido" y es "pobre de mundo", mientras que el humano es un "configurador de mundo" que comprende el Ser.
Transcripción
¿Qué es lo que nos hace humanos? Y lo vamos a hacer de la mano de tres filósofos que para responderla tomaron caminos radicalmente distintos. Para entender de dónde vienen estas ideas, tenemos que viajar un poco en el tiempo a la Alemania de los años 20, un momento y un lugar donde una sola idea, una idea científica, desató una auténtica tormenta filosófica. A ver, la cosa es que el darwinismo había llegado para quedarse. Ya no había debate. Veníamos de la misma rama evolutiva que el resto de los animales. Y claro, esto dejó una pregunta bastante incómoda flotando en el ambiente. Si somos animales, ¿qué nos hace diferentes? ¿Hay de verdad algo que nos distinga del resto? Y justo ahí, en medio de todo este lío, aparecen nuestros tres protagonistas. Tres filósofos que se lanzaron a responder. Y lo más fascinante es que cada uno tomó una dirección completamente opuesta. O sea, tenemos a Max Scheller, a Helmut Plesner y a Martin Heidegger. Como digo, cada uno tiró por un lado. Sheller miró hacia arriba a lo metafísico. Plesner, en cambio, miró hacia abajo a nuestro propia biología. Y Heidegger, Heidegger miró hacia dentro, hacia la esencia misma de nuestra existencia. Tres caminos, una sola pregunta. Venga, vamos a empezar con el primer camino, la vía de arriba, la de Max Sheller. Para él la respuesta no estaba ni de lejos en nuestra biología, estaba en algo que la trasciende por completo. Aquí la palabra clave, la que lo cambia todo para Sheller es espíritu. Y ojo, porque es fundamental entender esto. Para él el espíritu no es una versión más sofisticada de la vida animal, no es el siguiente paso de la evolución, no. Es de hecho todo lo contrario. Es un principio que rompe con la cadena evolutiva. A ver, para que se entienda bien la diferencia, un animal está como atrapado en su entorno, en su umvelt. Se mueve solo por instinto. El ser humano, en cambio, gracias a ese espíritu, está abierto al mundo, al belt. Nosotros no solo vemos un árbol como posible refugio o comida, sino que podemos ver su belleza, podemos pensar en su historia, en su esencia. Y aquí, aquí está el meollo de la cuestión. El espíritu es esa capacidad casi increíble de decir no, pero no un no a una ley o a otra persona, un no a nuestros propios impulsos, a nuestros instintos más básicos. Un animal no puede hacer eso. Nosotros sí. Y lo hacemos por cosas tan abstractas como una idea, un valor, una creencia. Vale, dejamos el camino hacia arriba y ahora vamos a cambiar radicalmente de perspectiva. Con Helmut Plesner nos vamos hacia abajo. Él decía que para qué mirar al cielo si la respuesta está aquí mismo en nuestra biología. La idea de Plesner, que es potentísima, gira en torno a la excentricidad. ¿Y qué es esto? Pues es capacidad única que tenemos de ser a la vez el actor y el espectador de nuestra propia vida. Es decir, somos un cuerpo, pero al mismo tiempo tenemos un cuerpo y podemos observarlo desde fuera. Un animal, a ver, simplemente es. Viva metido en su centro sin ser consciente de ello. Nosotros, en cambio, somos excéntricos. Podemos salirnos de ese centro y mirarnos a nosotros mismos. Somos conscientes de que somos conscientes, no solo sentimos dolor, sino que sabemos que sentimos dolor. Y esto es lo realmente interesante del planteamiento de Plesner, que no hay una especie de salto mágico, no hay una ruptura, él lo ve como una progresión natural. La vida se va haciendo cada vez más y más compleja. Pasa de la planta a la posición céntrica del animal y culmina en esta posición excéntrica del ser humano. Claro, esta capacidad de mirarnos desde fuera nos deja, por así decirlo, en cueros ante la naturaleza. No tenemos un nicho biológico fijo, un lugar predeterminado. Y es precisamente por eso que somos creadores. Inventamos la cultura, la tecnología, las normas para construir nosotros mismos el equilibrio que la naturaleza no nos dio de serie. Y con esto llegamos al tercer camino, el que va hacia dentro. Y aquí con Martin Heidegger las reglas del juego cambian por completo. Él diría que tanto Scheller como Plesner, a pesar de lo distintos que eran, cometían el mismo error de base. Estaban haciendo la pregunta equivocada. Para Heidegger, el error de base es seguir pensando en el ser humano como un animal racional. Dice que no somos una cosa, un animal al que luego se le añade la razón. Somos un modo de ser completamente distinto, algo que él llama, que se podría traducir como ser. Ahí somos el único ser para el que su propia existencia es en sí misma un problema, una pregunta. La forma en que lo explica Heidegger es genial. Dice que el animal es pobre de mundo. Está como aturdido, atrapado por sus instintos y por eso no puede ver las cosas como cosas. Una abeja no ve una flor como una flor, ve una fuente de néctar y punto. Nosotros, en cambio, somos configuradores de mundo. No estamos simplemente en el mundo, sino que lo interpretamos, le damos sentido, lo llenamos de significado. Así que la jerarquía que propone Heidegger es bueno, es radical. Una piedra simplemente es, pero no tiene mundo. Un animal es, pero es pobre mundo. El ser humano es el único que configura un mundo. Somos, y esta es su famosa metáfora, como el claro en medio del bosque, el único lugar donde el ser, la existencia misma puede manifestarse y ser comprendida. Bueno, pues ya hemos recorrido estos tres caminos tan distintos, arriba, abajo y hacia dentro. Vamos a ponerlos ahora uno al lado del otro, a ver qué panorama general nos queda en esta tabla. Se ve clarísimo. Sheller, que mira hacia arriba, nos ve como el asc de la vida, el que puede negar el instinto. Plesner, que mira hacia abajo, nos define como el animal artificial el que se tiene que construir a sí mismo. Y Heidegger, que mira hacia dentro nos llama el pastor del ser, el que cuida del sentido de la existencia. Y si lo miramos desde el punto de vista de la relación con el mundo, las diferencias son igual de potentes. Para Esler, la clave es nuestra apertura al mundo. Para Plesner es el distanciamiento, esa capacidad de salirnos del centro. Y para Heidegger, lo fundamental es que somos configuradores de mundo.