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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II

3 2 │ Neoplatonismo │ Nicolás de Cusa

💡 Nicolás de Cusa Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO. Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM. Nicolás de Cusa (1401-1464) es la figura clave de la transición entre la Edad Media y el Renacimiento. Su vida estuvo marcada por su participación en el Concilio de Florencia (o Ferrara-Florencia), donde se buscó la unión de las iglesias de Oriente y Occidente. Esta experiencia política y religiosa de búsqueda de la unidad influyó decisivamente en su filosofía de la "coincidencia de los opuestos". Lista de reproducción del curso: https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU

Transcripción

Muy buenas. Hoy vamos a meternos de lleno en la mente de un pensador absolutamente fascinante. Nicolás de Cusa, un tipo que vivió justo en la frontera entre la Edad Media y el Renacimiento y que se atrevió a mirar de frente a una de las preguntas más grandes de la filosofía. Y es que esta es la gran pregunta, el motor de todo su pensamiento. A ver, ¿cómo puede nuestra cabeza, que es limitada, que tiene un fin, llegar a entender algo que por su propia naturaleza no tiene límites de ningún tipo? Bueno, pues para desenredar su increíble solución, vamos a seguir su camino. Primero veremos quién era, después sentiremos el peso de su dilema y poco a poco iremos construyendo su asombrosa respuesta. Sitúense por un momento a principios del siglo XV. Nicolás de Cusa está en el concilio de Florencia, un evento histórico que buscaba nada menos que unir a las iglesias de oriente y occidente. Y esa búsqueda de unidad entre opuestos no fue para él un simple trabajo, eh, se convirtió en una obsesión que le marcó a fuego toda su filosofía. El reto con el que se encontró Cusa era, la verdad gigantesco. La tradición filosófica de la época, la escolástica, intentaba definir a un Dios infinito con las herramientas de la lógica humana, que es finita. Para él esto era como intentar vaciar el océano con una cucharilla, una tarea, vamos, imposible. Y aquí se ve clarísimo cuál era el problema. Por un lado, nuestra razón, que para entender algo necesita trocearlo, analizarlo, dividirlo. Y por el otro, la verdad divina, que es una unidad perfecta, infinita. La distancia entre las dos cosas no es que sea grande, es que es un abismo total, una desproporción absoluta. ¿Vale? Y entonces, si la razón se da de bruces contra un muro, ¿qué hacemos? ¿Nos rendimos? Pues no, para nada. Y aquí es donde Cusa da su primer giro de guion. Su punto de partida no es lo que sabe, sino precisamente ser consciente de lo que no puede llegar a saber. Él lo llama docta ignorancia, la docta ignorancia. Pero ojo, que esto no es ser un ignorante sin más, eh, es todo lo contrario. Es una sabiduría muy sofisticada que nace de saber que no sabes. Es darte cuenta de que tu mente y la verdad absoluta sencillamente no juegan en la misma liga. Pero aceptar este límite no significa rendirse, es solo el punto de partida. A partir de aquí, Kursa saca su caja de herramientas, por así decirlo. Para resolver el enigma, lo primero que necesitaba era entender cómo funciona nuestra propia mente. Él distingue como tres niveles. Abajo del todo, los sentidos que captan el mundo. Un poco más arriba, la razón, la ratio. Es nuestra lógica la que nos dice que algo no puede ser blanco y negro a la vez. Es superútil, sí, pero cuando se enfrenta al infinito, puf, se colapsa. Y por eso hay que dar un salto más a un tercer nivel. El intelecto, el intelectus, una especie de intuición superior que es capaz de ver la unidad que hay más allá de las contradicciones. Y es con esa herramienta superior, con el intelecto, con la que podemos empezar a vislumbrar la idea más potente y revolucionaria de Cusa, la auténtica llave maestra con la que va a resolver el dilema del infinito. Venga, para entenderlo, Cusa nos propone un experimento mental genial. Empecemos por algo simple. Imaginemos un círculo. Ahora visualicemos que su radio empieza a crecer cada vez más grande y más grande, expandiéndose sin parar, sin ningún límite, empujando sus bordes hacia el infinito. Y aquí viene la pregunta del millón. En ese punto, en el infinito, ¿qué le pasa a su curvatura? ¿Esa línea curva en qué se convierte? Pues la respuesta es alucinante. La curva se aplana tanto, tantísimo, que se convierte en una línea recta perfecta. Y esta es la revelación. En el infinito, dos opuestos que para nuestra razón son irreconciliables, lo recto y lo curvo, de repente son la misma cosa. Para acusa. Esta es la analogía de Dios. En ese infinito absoluto, todas las contradicciones que vemos en el mundo, lo grande y lo pequeño, la luz y la oscuridad, se reconcilian. coinciden en una unidad superior. Claro, esta idea es una auténtica revolución y una vez que tienes esta llave maestra, la coincidencia de los opuestos, Csa para abrir una nueva puerta, la de entender nuestro propio lugar en todo este tinglado cósmico. Lo explica con una especie de danza entre tres conceptos. Primero, la complicatio. Es como si todo el universo estuviera plegado, contenido dentro de la unidad de Dios. Luego la explicao, la creación es cuando Dios despliega esa unidad en la variedad infinita que vemos y finalmente la contratio. En cada cosa del mundo, Dios se contrae, se manifiesta de una forma limitada y única. El universo, en cierto modo, es un Dios contraído. Y en todo este baile, ¿dónde quedamos nosotros? Pues aquí está la guinda del pastel. El ser humano es un microcosmos, un universo en pequeño. Quizá no somos el centro físico del cosmos, pero sí somos un centro espiritual único. Nuestra mente es como un espejo capaz de reflejar toda la creación y de intuir esa unidad divina donde todos los opuestos por fin se encuentran. Y con esta idea tan potente cerramos este recorrido que nos deja con una pregunta que resuena con una fuerza increíble hoy en día. Si todos los opuestos se acaban reconciliando en el infinito, ¿qué nos dice eso sobre las divisiones, los conflictos y las contradicciones que vemos cada día en nuestro mundo finito?