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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II

5 6 │ Filosofía Política │ Bacon

🧠 Bacon Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO. Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM. Con Francis Bacon (1561-1626) y su Nueva Atlántida (póstuma, 1627), la utopía da un giro fundamental: del perfeccionamiento moral/social (Moro) pasamos al perfeccionamiento técnico/científico. Lista de reproducción del curso: https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU

Transcripción

Bueno, vamos a meternos de lleno en una de las ideas más potentes y la verdad más inquietantes de los últimos 400 años. Veréis, en 1627 Francis Bacon publicó una obra póstuma, La Nueva Atlántida. Y ojo que no era la típica historia de una isla perfecta, era una visión radical, una que le dio la vuelta por completo a la idea de sociedad ideal y que en muchos sentidos sentó las bases del mundo en el que vivimos hoy. A ver, hasta que llegó Bacon, las utopías como la de Tomás Moro, iban de una cosa, crear ciudadanos moralmente perfectos. El objetivo era la virtud, ser buenos. Pero Bacon llegó y le dio un giro de 180 gr. Para él la meta ya no era hacer a la gente buena, sino hacer a la humanidad poderosa, técnicamente poderosa. Para entender cómo esta idea acabó transformando el mundo, vamos a desgranarla poco a poco. Primero veremos cómo el poder se convierte en el nuevo objetivo. Luego exploraremos el corazón de su utopía, la llamada casa de Salomón. nos vamos a maravillar con sus profecías tecnológicas que son alucinantes. Analizaremos también el lado oscuro de este gobierno y al final veremos cómo todo esto es básicamente el plano de nuestra era. Empecemos por el núcleo de toda su filosofía. Para Bacon, el fin último de un estado ideal no es la justicia, ni la igualdad, ni la felicidad en un sentido espiritual. No es simple y llanamente el poder. Esta es, sin duda, su frase más famosa. Seguro que os suena, pero en este contexto su significado es profundamente político. No va de conocimiento personal para ser más listo. Significa que el estado ideal no es el que hace a las personas virtuosas, sino el que hace a la humanidad poderosa frente a la naturaleza. Y aquí lo tenemos con sus propias palabras. La misión del Estado, su única razón de ser, es la investigación científica y la expansión del control humano sobre el mundo. Se trata de dominar la naturaleza para, y cito, efectuar todas las cosas posibles. Un proyecto, como veis, de una ambición casi infinita. Entonces, la pregunta es, ¿cómo se organiza una sociedad con un objetivo tan claro y tan masivo? Pues Bacon imaginó una institución que sería el corazón y el cerebro de su utopía, el motor que lo movería todo. Olvidémonos de palacios reales o de asambleas democráticas. El centro de poder en la nueva Atlántida es la casa de Salomón. Es en esencia el prototipo de todas las academias de ciencias modernas y de las grandes instituciones de investigación como la Royal Society de Londres, que de hecho se inspiró directamente en la obra de Bacon. Es que la casa de Salomón no es un simple grupo de sabios meditando. ¿Qué va? Es una organización superestructurada, casi parece una agencia de inteligencia. En la base están los mercaderes de luz. ¿Por qué ese nombre? Porque comercian con el bien más valioso, el conocimiento. Son agentes que viajan por el mundo recopilando en secreto los avances de otros. Vamos, un precursor clarísimo del espionaje industrial. Luego están los depredadores que cazan toda esa información y la compilan, y en la cima la élite, los intérpretes de la naturaleza que analizan todos esos datos para descubrir las leyes del universo y convertirlas en poder. En este nuevo mundo, la ciencia de repente adquiere la aura sagrada que antes tenía la religión. Los científicos se presentan ante la gente con una pompa casi ceremonial, prometiendo curas, prometiendo controlar el tiempo, pero no son milagros divinos, son milagros naturales, producidos por la técnica. La ciencia vamos se convierte en la nueva fe y sus laboratorios en los nuevos templos. Y los milagros que esta nueva fe prometía son vistos desde hoy absolutamente asombrosos. Pasemos a ver algunas de las predicciones que hizo Bacon en la década de 1620. Esto es sencillamente increíble. Hay que pararse un segundo a pensar en esto. Bacon describió submarinos y máquinas voladoras casi tres siglos antes de que existieran. Habló de torres para manipular el clima. imaginó la ingeniería genética para crear nuevas especies. Predijo una medicina capaz de alargar la vida radicalmente. Incluso describió sistemas para transmitir el sonido a distancia, o sea, el teléfono. Todo esto hace cuatro siglos. Es literalmente un mapa del futuro escrito en el pasado. Claro, tanta maravilla tecnológica, tanto poder sobre la naturaleza, nos lleva a una pregunta inevitable. Un paraíso así suena perfecto, pero toda esa capacidad de transformar el mundo tiene una carab un lado bastante más complejo. La pregunta es inevitable, ¿no? Con un poder capaz de crear vida, de alterar el planeta, de cambiar el rumbo de la historia, ¿quién toma las decisiones? ¿Quién está al mando de toda esta maquinaria? La respuesta es muy clara. El pueblo no. La nueva Atlántida no es una democracia, es una tecnocracia pura. ¿Y eso qué significa? Pues que el gobierno no está en manos de políticos elegidos. sino de un consejo de expertos, los científicos de la casa de Salomón. Ellos se consideran moralmente superiores y creen que solo ellos tienen la sabiduría para decidir qué es lo mejor para todos. Y este es el punto clave, la parte más delicada. Esta élite científica tiene el poder absoluto de decidir qué tecnologías salen a la luz y cuáles se ocultan por ser peligrosas o desestabilizadoras. Y lo más gordo, toman estas decisiones en secreto, sin rendir cuentas a nadie, ni al gobierno formal, ni por supuesto a la gente. Aquí Bacon, sin saberlo, están disipando uno de los mayores dilemas que tenemos hoy, la ética científica y la gran pregunta de quién vigila a los que vigilan. Llegados a este punto, ya podemos empezar a conectar todas las piezas y ver como esta visión de hace 400 años es en realidad un plano bastante preciso de nuestro mundo actual. El cambio filosófico es brutal. La humanidad deja de mirar hacia atrás a una supuesta edad de oro perdida o a un paraíso que hay que recuperar. No. En su lugar, mira hacia delante con el objetivo de construir un paraíso artificial aquí en la Tierra a través de la tecnología y el progreso constante. La felicidad ya no es un estado al que se hiela, sino un movimiento perpetuo hacia delante. Por todo esto, podemos decir sin miedo que la nueva lantida es mucho más que un libro curioso. Es el manifiesto fundacional de nuestra civilización. Vivimos en el mundo que Bicon imaginó, un mundo impulsado por la promesa de un avance tecnológico sin fin, por la búsqueda del dominio sobre la naturaleza y por la fe en que la ciencia de alguna manera nos traerá un futuro mejor. Y esto nos deja con una pregunta final, una que resuena hoy con más fuerja que nunca. Al seguir este plan maestro de Progreso infinito, con todas sus promesas y todos sus peligros, con su poder y su secretismo, ¿estamos de verdad construyendo ese paraíso artificial que Bicon soñó o sin darnos cuenta estamos forjando una jaula tecnológica?