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HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna)

6 │ La expansión del siglo XVIII

Basado en el libro: Introducción a la historia de la Edad Moderna Escrito por Ernst Hinrichs Creado con NotebookLM 2º AÑO DE FILOSOFÍA UNED - Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHtrkm9OjAfhKZfj83e_y2L Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHNJ4YdIsgtQ8sUSdANUo8L Chuela de estudio: https://drive.google.com/file/d/11fDcEYL-Ma4jtCNJ3N0TFSx0yqrmu4V4/view?usp=sharing

Transcripción

No fue una época más, no fue el punto de partida de nuestro mundo moderno. La pregunta es, ¿cómo se pasó de una sociedad que parecía anclada en el pasado a otra de crecimiento casi imparable? Pues vamos a descubrirlo juntos. Y es que esta cita del historiador Ernth Hinrichis, la verdad lo clava. No hablamos de una simple recuperación económica, sino de una ruptura total con lo anterior. Lo que vamos a hacer es desgranar esa especie de reacción en cadena que hizo posible un cambio tan bestia y que al final nos trajo hasta aquí. ¿Vale? ¿Y por dónde empieza todo esto? Pues como en un juego de dominó por la primera ficha que cae. Y en el siglo XVII esa primera pieza fue un aumento de la población en Europa como nunca antes se había visto y lo más importante, un aumento que ya no se detuvo. Fijaos en estas fechas porque aquí hay un antes y un después clarísimo. A partir de 1740 más o menos, ese ciclo terrible de que la población crecía y venía una catástrofe, una peste, una guerra, una hambruna y la volvía a reducir, pues ese ciclo se rompió para siempre. La población empezó a crecer y a crecer sin parar. La gran pregunta es, ¿por qué? ¿Qué demonios cambió de repente? Pues la respuesta, que es bastante sorprendente no la vamos a encontrar en la medicina que apenas avanzó, sino en algo mucho más básico, la comida. La llegada de cultivos de América, sobre todo la patata y el maíz, fue una auténtica revolución. Eran baratos de producir, tenían muchísimas calorías y aguantaban mejor las malas cosechas que el trigo. O sea, por primera vez la gente más humilde tenía una fuente de alimento segura y una mejor nutrición. ¿Qué significa? pues mayor resistencia a las enfermedades. El resultado fue simple, más gente que sobrevivía y tenía hijos. Y claro, que de repente haya mucha más gente, pues lo pone todo patas arriba. De golpe, Europa se encuentra con una población superjoven y esto tiene dos consecuencias clave. Por un lado, tienes un ejército de gente buscando trabajo, o sea, mano de obra barata y a montones. Y por otro, tienes a toda esa misma gente necesitando cosas. Ropa para vestirse, herramientas para trabajar, cacharros para casa, de todo. Se crea una demanda brutal que presiona para que se produzcan más bienes. A ver, con tantas bocas nuevas que alimentar, estaba claro que la forma de cultivar la tierra de toda la vida ya no servía. La agricultura tenía que dejar de ser solo para sobrevivir y convertirse en un negocio de verdad, en algo que generase beneficios. Y esa necesidad fue la que encendió la mecha de una revolución en el campo. Y aquí tenemos un ejemplo perfecto de esa modernización. El sistema Norfolk fue una innovación brutal, sobre todo en Inglaterra. La idea era eliminar el barbecho, esa parte de la tierra que se dejaba sin cultivar para que se recuperase. Ahora se producía sin parar y lo genial es que lo conectaba todo. Se plantaban nabos y trébol para alimentar al ganado en invierno y el estiercol de ese ganado servía de abono para que el trigo creciera mejor. Era un círculo perfecto que disparó la producción de comida. Claro que toda esta nueva eficiencia tuvo una cara B, un coste social enorme. Las leyes de acercamiento, las Enclosure Acts, básicamente privatizaron las tierras que durante siglos habían sido de uso común, las que permitían sobrevivir a los campesinos más pobres. El resultado fue doble. Por un lado, grandes terratenientes con dinero para invertir y modernizar. Y por el otro, miles y miles de campesinos expulsados de sus tierras, convertidos en una masa de gente sin nada que perder, listos para irse a las ciudades a buscar cualquier trabajo. Vale, recapitulemos. Ya tenemos un montón de gente para trabajar y un montón de gente que quiere comprar cosas, pero falta algo clave. El dinero, el capital para montar todo el tinglado industrial. ¿De dónde salió esa pasta? ¿Y cómo se organizaba la producción antes de que existieran las grandes fábricas? Pues la respuesta está en el mar, en el comercio global. Y aquí entra un concepto super importante para entender lo que vino después, la protoindustria. ¿Qué es esto exactamente? Pues a ver, imaginad a familias campesinas que en sus ratos libres en su propia casa se dedicaban a tejer. Un comerciante les daba la materia prima y luego recogía el producto terminado para venderlo fuera. Este sistema fue crucial porque permitió acumular capital y, ojo, creó una mano de obra que ya sabía lo que era producir para un mercado, no solo para ellos mismos. Pero si hablamos del gran motor que inyectó dinero a espuertas en Europa, tenemos que hablar sí o sí del comercio atlántico. Este esquema nos muestra su lógica que era terrible. Se llevaban manufacturas baratas como telas o armas de Europa a África. Allí las intercambiaban por personas a las que esclavizaban y transportaban en condiciones infrahumanas a América. Y una vez allí, estas personas trabajaban hasta la muerte en plantaciones para producir azúcar, algodón o tabaco que volvían a Europa para ser vendidos. Y aquí viene la clave de todo. La rentabilidad de estos viajes era, bueno, era una auténtica locura. Hablamos de que a menudo se superaba el 100% de beneficio en un solo viaje. Este flujo masivo de dinero no solo pagó lujos, sino que fue el capital que, sobre todo en sitios como Gran Bretaña, se acumuló y estuvo listo para ser invertido en las nuevas fábricas. Y con esto llegamos al momento cumbre, al final de nuestra cadena. Todas esas piezas que hemos ido viendo, la gente, el campo, el dinero del comercio, de repente a finales del siglo XVII encajan y es entonces cuando se produce el fenómeno que lo cambió absolutamente todo. Es que en Inglaterra se juntó todo, fue la tormenta perfecta. A ver, tenías la mano de obra barata y desesperada que venía del campo, el capital acumulado gracias al comercio colonial, las materias primas como el carbón que tenían allí mismo y el algodón que traían de las colonias y por supuesto un mercado interno enorme y conectado para venderlo todo. La mesa estaba servida para la revolución industrial. Y ojo, porque esta idea es quizá la más importante para entenderlo bien. Tendemos a pensar que la máquina de vapor fue la chispa que lo inició todo, pero en realidad fue justo al revés. Inventos como ese fueron la consecuencia, no la causa. Fueron la respuesta a una necesidad que ya existía. La tecnología surgió porque ya había mano de obra para usarla, capital para financiarla y un mercado gigante esperando sus productos. M.