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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II

7 2 │ Filosofía de la Naturaleza │ Nicolás Copérnico

💡 Copérnico Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO. Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM. Con Nicolás Copérnico (1473-1543) y su obra De Revolutionibus Orbium Coelestium (1543) comienza la Revolución Científica. Aunque su motivación era en parte neoplatónica (el culto al Sol), su modelo matemático cambió para siempre la imagen del mundo. Lista de reproducción del curso: https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU

Transcripción

A ver, pensemos en esto un momento. ¿Cómo es posible que un libro lleno de matemáticas, el de Revolución Ibusaurium Colestium, fuera el que iniciara la revolución científica y cambiara por completo nuestra forma de ver el mundo? Hoy vamos a meternos de lleno en la historia de cómo un simple cálculo nos sacó literalmente del centro del universo. Vale, este es el recorrido que vamos a hacer. Primero veremos cómo era el universo que Copérnicos se encontró, después su genial solución, luego las consecuencias que fueron brutales y por último el gran debate que se montó. si todo aquello era solo un truco matemático o la pura realidad. Para darnos cuenta del terremoto que fue copérnico, tenemos que viajar atrás en el tiempo. Hay que imaginarse un mundo donde durante más de 100 años el cosmos parecía fijo, eterno y con nosotros, la humanidad, justo en el centro de todo. Y aquí está la clave de todo, el gran misterio. Porque es que no fue un telescopio nuevo ni el descubrimiento de una estrella, no, fue un libro de matemáticas. ¿Cómo es posible? Pues porque el poder de la idea de Copérnico no estaba en una observación nueva, sino en un cálculo, un cálculo radicalmente distinto a todo lo anterior. Durante siglos y siglos, el modelo geocéntrico, el de Ptolomeo, no era una teoría, era eh la verdad, el sentido común. La Tierra estaba quieta y todo lo demás giraba a nuestro alrededor. Estábamos literalmente en el corazón de la creación. Pero claro, aquí es donde la cosa se empezó a torcer. Con el tiempo, este sistema se convirtió en una auténtica pesadilla, un lío monumental. Para que los números cuadraran, los astrónomos tenían que añadir parches y más parches, los famosos epiciclos, que eran como pequeñas órbitas dentro de las órbitas principales. Era un mecanismo superenrevesado solo para intentar salvar las apariencias y que las observaciones encajaran. Aquello ya no se sostenía. Y en medio de todo este jaleo aparece copérnico. Él no buscaba poner otro parche. Lo que él quería era encontrar una explicación más sencilla, más elegante, más armoniosa. Y aquí se ve el cambio de una forma clarísima. Pasamos de un sistema complicadísimo, lleno de ajustes y excepciones, a otro que era simple, armonioso y que ponía al sol, no a la tierra en el centro. Y es que aquí está la genialidad. Copérnico se dio cuenta de que podía explicarlo casi todo con solo tres movimientos de la Tierra. Tres. De repente, todos esos epiciclos, todos esos ajustes rarísimos, puf, ya no hacían falta. Todo encajaba de una forma mucho más limpia. Era la pura elegancia de las matemáticas. Es que su motivación no era solo científica en el sentido moderno, era también filosófica, casi espiritual. Él estaba convencido de que el universo, al ser una creación divina, tenía que ser matemáticamente bello, armonioso. No buscaba solo que las cuentas salieran, buscaba encontrar la belleza en el diseño del cosmos. Claro que esta solución tan elegante era en realidad una bomba de relojería. Tuvo dos consecuencias que fueron sencillamente aterradoras para la mentalidad de la época. La primera, si la Tierra es un planeta más como Marte o Venus, entonces esa vieja idea de que hay un mundo imperfecto aquí abajo y un cielo perfecto y divino allá arriba se viene abajo. De repente, todo el universo parece estar hecho del mismo material y obedecer las mismas leyes. Se acabó la distinción. Y la segunda consecuencia, puf, esta dolió todavía más. Si la Tierra ya no es el centro, significa que nosotros tampoco lo somos. Dejamos de ser los protagonistas inmóviles de la creación para convertirnos en los habitantes de un planeta más. Uno que da vueltas por ahí. Las implicaciones filosóficas y teológicas de esto eran enormes. Pero ojo que Copérnico no fue un científico del siglo XXI, era un hombre de su tiempo. Su universo era revolucionario, sí, pero todavía conservaba ideas antiguas. Seguía pensando que las órbitas eran círculos perfectos y que los planetas estaban incrustados en esferas de cristal. No fue una ruptura total, todavía no. Y esto nos lleva al meollo de la cuestión, al gran debate que le definió todo. Este nuevo modelo del universo era solo una herramienta útil para calcular o era la verdad. Copérnico sabía perfectamente el lío en el que se estaba metiendo. Su idea era dinamita pura. Iba en contra del sentido común, de la física de la época y sobre todo de la interpretación de las escrituras. Por eso tuvo tanto miedo. Por eso tardó décadas en publicar su libro hasta que estuvo literalmente en su lecho de muerte. Y aquí la historia da un giro de guion alucinante. El editor del libro, un teólogo llamado Osiander, añadió un prólogo sin firmar y seguramente sin permiso. En ese prólogo decía básicamente, "Tranquilos todos, que esto no es la realidad, es solo un truco matemático para que los cálculos salgan mejor". O sea, lo presentó como una ficción útil, justo lo contrario de lo que Copérnico creía. Y esa pequeña trampa de Osiander fue lo que paradójicamente permitió que el libro circulara sin ser prohibido de inmediato. Pero claro, era una solución temporal. La bomba seguía ahí y el que la haría estallar un siglo después, defendiendo que aquello era la realidad física, sería Galileo. Al final, toda la historia de Copérnico nos deja con una pregunta que sigue resonando hoy en día, ¿no? ¿Dónde está la línea? ¿En qué momento una idea que es simplemente útil se convierte en una verdad que resulta peligrosa para el orden establecido?