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HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna)

7 │ La población rural europea desde el siglo XVI a finales del siglo XVIII

Basado en el libro: Introducción a la historia de la Edad Moderna Escrito por Ernst Hinrichs Creado con NotebookLM 2º AÑO DE FILOSOFÍA UNED - Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHtrkm9OjAfhKZfj83e_y2L Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHNJ4YdIsgtQ8sUSdANUo8L Chuela de estudio: https://drive.google.com/file/d/11fDcEYL-Ma4jtCNJ3N0TFSx0yqrmu4V4/view?usp=sharing

Transcripción

85%, a ver, es un número, es que es un número brutal, ¿verdad? Casi la totalidad. Pero, ¿qué significa exactamente? ¿De qué estamos hablando? Pues se trata de nada menos que de la inmensa mayoría de la población europea entre los siglos X y XVI. Normalmente, cuando se piensa en la historia de esta época, la mente se va a las cortes, a los reyes, a las ciudades y sus comerciantes. Pero hoy no. Hoy vamos a cambiar el foco. Vamos a ir al corazón de la Europa moderna, a donde de verdad la tía, el pulso de la sociedad, el mundo rural. Y es que, ojo, la historia del campo no es solo un decorado, un fondo de pantalla estático para los grandes acontecimientos. Qué va, es una historia superapasionante, llena de lucha, de adaptación y de unos cambios profundísimos que, de hecho, pusieron los cimientos del mundo que tenemos hoy. Así que vamos a meternos de lleno en ello, ¿vale? Para empezar a entender esto, hay que tener una cosa clarísima. La unidad fundamental, lo que de verdad importaba, no era la persona, el individuo, no era la comunidad, la aldea. Toda la vida de un campesino o una campesina giraba en torno a eso. El individuo, bueno, siempre quedaba en un segundo plano frente a lo que necesitaba el grupo. Y esto se ve de maravilla con el sistema de campos abiertos, el open field. A ver, intentemos imaginarlo. Extensiones de tierra enormes, sin vallas, sin cercas. Y era la asamblea del pueblo la que decía, "Ahora se planta, ahora se cosecha." Para todos igual, no había espacio para el yo quiero hacer esto. Era un nosotros constante, porque si no simplemente no se sobrevivía. Y exactamente lo mismo pasaba con las tierras comunales, esos bosques, esos pastos que eran de todos. Cuidado, no eran un lujo ni un extra, eran literalmente la red de seguridad social de la época. Para las familias más pobres, poder leña de ahí o que sus pocos animales pudieran pastar. era la diferencia entre comer caliente y no comer. Y en el centro de esa comunidad estaba la familia, claro, pero no como la pensamos hoy. Era por encima de todo una unidad económica, una pequeña empresa, si se quiere, donde todo el mundo, desde los críos hasta los abuelos, tenía que arrimar el hombro. El matrimonio, por ejemplo, era más una estrategia de negocio que una historia de amor. Era para juntar tierras, para asegurar el futuro de la casa. Y es curioso cómo cambiaba la estructura. En el oeste de Europa, lo normal eran las familias nucleares, padres e hijos. Pero al este, ah, al este, eran comunes esas familias enormes, extensas, con varios núcleos viviendo bajo el mismo techo. La razón, pues, para tener más brazos para trabajar la Tierra. Pura lógica económica. Bueno, y es justo aquí donde la historia pega un giro tremendo, porque sería un error pensar que la vida de todos los campesinos europeos era igual. Para nada. Hubo una división brutal, una fractura que partió el continente y creó dos mundos completamente distintos. Y esa frontera, simbólica, pero muy realí el Elva. A un lado y al otro de sus aguas, el futuro de millones de personas se escribió de una forma radicalmente diferente. Vamos a ver cómo fue esa división. Esta tabla lo resume a la perfección. A ver, al oeste del Elbua los campesinos eran en teoría personas libres. No eran dueños de la tierra, claro, pero sí de sí mismos. Su gran problema era pagar las rentas, los impuestos, los diezmos. Su pesadilla era endeudarse y acabar perdiendo el trozo de tierra que trabajaban, convirtiéndose en jornaleros, en braceros. Pero al este, al este, la película era completamente diferente. Allí lo que se impuso fue la llamada segunda servidumbre. Y esto es muy fuerte. Los campesinos estaban atados por ley a la tierra. No se podían ir. Estaban obligados a trabajar gratis para el Señor varios días a la semana en las famosas corbeas. Aquí el Señor no era solo dueño de la tierra, era en la práctica dueño de la persona, de su tiempo y de su trabajo. Y ojo, que nadie piense que esto era como volver a la Edad Media, una especie de retroceso feudal sin más, ¿no? No, como bien se apunta, era un sistema de explotación brutal orientado al mercado capitalista internacional. Es decir, era un sistema moderno y por eso mismo brutal. ¿Por qué? Porque toda esa mano de obra servil estaba produciendo grano a expuertas para exportarlo a occidente. El trabajo de estos siervos, en el fondo, estaba alimentando los inicios del capitalismo. Pues bien, durante los tres siglos que abarca este periodo, la presión sobre ese mundo rural, tanto en el este como en el oeste, no paró de crecer. Fueron apareciendo nuevas fuerzas, nuevos actores que empezaron, como se suele decir, a apretarle las tuercas al campesinado. Vamos a verlo siglo a siglo. En el 16 el problema fue la superpoblación. más gente significaba que las tierras se dividían y se dividían hasta convertirse en parcelas minúsculos, casi imposibles de cultivar. Esto creó una polarización tremenda, unos poquitos campesinos que se hicieron ricos y una mayoría que se empobreció. Luego, en el 17 entran en juego la guerra y sobre todo el Estado moderno. Un estado con un hambre de impuestos voraz que empezó a competir directamente con los señores por el dinero de los campesinos. Y claro, muchos no pudieron aguantar y tuvieron que vender sus tierras. Y ya en el siglo XVII llega la puntilla, por un lado, la industria que empieza a meterse en el campo y por otro las nuevas ideas económicas que empiezan a atacar la idea misma de las tierras comunales, viéndolas como algo improductivo. Fue el golpe de gracia para el sistema tradicional. La situación final era tremenda. El campesino medio se encontraba literalmente atrapado entre dos fuegos. por un lado, su señor de toda la vida y por otro el nuevo y poderoso estado. Y los dos querían lo mismo, quedarse con el poco excedente que le quedaba para poder subsistir. Y claro, todo este proceso, esta demolición lenta, pero constante del mundo rural tradicional no fue algo que pasó sin más. Tuvo una consecuencia histórica gigantesca. Sin que nadie lo planeara del todo, se estaban poniendo los cimientos de una nueva era. Se estaba creando pieza a pieza a la futura clase obrera. Este proceso tiene un nombre, proletarización. Y el camino era casi siempre el mismo, una especie de guion trágico. El punto de partida era ser un pequeño propietario con un trocito de tierra y con el colchón de seguridad de las tierras comunales. Pero entonces llegaban las deudas, la fragmentación de la tierra, los impuestos del Estado, ahogando a la familia. El siguiente paso, el definitivo, solía ser el cercamiento, la privatización de esas tierras comunales. Se quedaban sin esa red. El resultado final, una persona sin tierra, sin nada más que su propia fuerza de trabajo para vender, un proletario. Y aquí está el quid. de la cuestión. Ese ataque que era sobre todo ideológico a las tierras comunales. Los economistas de la época las llamaban con desprecio tierras muertas, fue en realidad el desmantelamiento de la única red de seguridad que tenían los más pobres. Y esto es fundamental para entender lo que vino después. Fue el paso previo e indispensable para crear una enorme masa de gente sin ataduras, una fuerza de trabajo móvil lista para ir a donde hiciera falta, lista para las fábricas de la revolución industrial que ya asomaban el horizonte. M.