A pesar de su extrema concisión, esta obra sintetiza el núcleo problemático de la antropología filosófica al contrastarla con las disciplinas científicas empíricas. Se postula que, mientras las ciencias naturales y sociales se limitan a la descripción empírica de los hechos observables y las constantes biológicas de lo que el ser humano es, la filosofía emprende una indagación teleológica y trascendental. Esta labor se interroga por las causas últimas (el porqué) y los fines existenciales (el para qué) que constituyen la esencia de la condición humana. El análisis sitúa esta distinción en el centro de la epistemología contemporánea, reivindicando la necesidad de ir más allá del mero dato fáctico y positivista para dotar de un horizonte de sentido a nuestra especie. Así, se defiende que la ciencia proporciona los datos materiales, pero es el pensamiento crítico el que debe desentrañar el significado y destino moral de la humanidad.