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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I

APARIENCIA TRASCENDENTAL: La Paradoja de la Filosofía

ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Se trata de algo que parece muy básico, el simple hecho de intentar definir qué es la filosofía. A ver, ¿qué es la filosofía? Parece una pregunta de lo más simple, ¿verdad? Quiero decir, si preguntamos qué es la biología o la física, la respuesta es bueno, más o menos directa. Pero con la filosofía, esta misma pregunta nos abre la puerta a un enigma increíble, uno que de hecho nos revela su verdadera naturaleza. Muy bien, pues vamos a entrar de lleno en la primera parte de este análisis. Vamos a intentar entender por qué definir la filosofía ya es en sí mismo un problema filosófico. Y es que aquí está la clave de todo. En el momento en que intentamos, digamos, ponerle fronteras, decir, "La filosofía es esto, ya estamos filosofando." Es un bucle. La pescadilla que se morde la cola desde el minuto uno no se puede definir desde fuera porque el propio acto de definirla ya nos coloca dentro del juego. A ver, un primer intento que es bastante lógico para salir de este embrollo es, bueno, tratar a la filosofía como si fuera una ciencia más, ¿no? Podríamos simplemente analizarla y meterla en una cajita como hacemos con otras áreas del conocimiento. Claro, aquí es donde vemos el primer gran contraste. La ciencia en general se dedica a estudiar hechos que podemos observar, que podemos explicar. La filosofía, por su parte, aunque claro que se apoya en todo lo que nos dan las ciencias humanas, parece que va por otro lado, que busca algo diferente. Entonces, ¿qué es exactamente lo que la hace tan especial? Y esta pregunta, claro, complica todavía más el asunto, porque si la filosofía necesita a las ciencias humanas para nutrirse, para tener su materia prima, ¿qué impide que la veamos simplemente como una rama más de ellas? O sea, ¿por qué no es un objeto de estudio como cualquier otro? Y aquí es donde damos un giro importante, porque quizá la respuesta no está en el cómo, en el método, sino en el qué, en el sujeto de estudio. La clave es que la filosofía no mira al ser humano como si fuera, pues eso, un simple objeto. Pensemos en las ciencias humanas. Se ocupan de cosas muy concretas de la vida. La economía, cómo nos organizamos en sociedad, nuestras creencias, las instituciones, la geografía, la biología. Son todos fenómenos que de una forma u otra se pueden analizar desde fuera, como si fuésemos observadores externos. La filosofía, sin embargo, uf, su ambición es mucho, mucho mayor. No le basta con describir las piezas del puzzle, ¿no? Ella busca los principios universales, el origen de todo, aquello que le da sentido a lo demás. Va mucho más allá de lo que podemos ver y tocar. Así que aquí está el meollo de la cuestión. La filosofía se mete de lleno en la realidad interior del ser humano. No estudia el objeto que somos, sino el sujeto que vive, que experimenta el mundo, ya sea a través de la razón, de la conciencia o del alma, como se quiera llamar. Y claro, eso no es algo que se pueda poner en una balanza o medir con una regla, no es un hecho externo. ¿Vale? Pues con todo esto hemos llegado al corazón del misterio. Hay un concepto clave que nos va a dar la luz para entender toda esta paradoja y ese concepto es la apariencia trascendental. El gran objetivo de la filosofía es llegar a lo que se conoce como conocimiento trascendental. Y ojo que esto es importante. No se trata de conocer cosas como el alma o Dios, sino de entender las condiciones mismas que hacen posible que tengamos cualquier tipo de experiencia. Es como buscar los cimientos, las vigas maestras de la propia realidad. Y es justo ahí, en ese intento tan ambicioso, en esa búsqueda de los cimientos de todo, donde aparece este fenómeno tan curioso, la apariencia trascendental. Aquí vemos el bucle funcionando a pleno rendimiento. Por un lado está el intento. La filosofía quiere conseguir una perspectiva desde fuera, como si pudiéramos salir de nosotros mismos para observarnos. Pero claro, por otro lado, está la realidad y es que no podemos salir. Estamos atrapados dentro de nuestros propios límites. Pues bien, el resultado de ese choque, de ese querer y no poder, es lo que se conoce como apariencia trascendental. La metáfora es buenísima y muy clara. Es como intentar estudiar la herramienta con la propia herramienta. Imagina intentar ver tus propios ojos sin tener un espejo o intentar analizar cómo funciona tu mente usando solo esa misma mente. ¿Qué ocurre? Pues que lo que ves no es la herramienta en sí de forma objetiva, sino una especie de imagen, un reflejo, una apariencia de ella. Y de esta manera todas las pistas nos llevan otra vez al punto de partida, a ese bucle que en el fondo define lo que es la filosofía. La investigación filosófica empieza antes incluso de que se haya decidido sobre qué va a investigar. Es increíble. Mirad, hay una cita de Hans Blumenberg que lo clava, lo resume a la perfección. Dice que a diferencia de las ciencias donde el objeto de estudio está clarísimo desde el inicio, en filosofía, el simple hecho de decidir de qué se va a hablar ya es en sí mismo un asunto filosófico. Entonces, la conclusión es bueno, es bastante reveladora. Toda esta dificultad para definir la filosofía no es un fallo, no es un obstáculo que haya que superar, es que ese es su método. La pregunta constante, el estar siempre cuestionando sus propios cimientos, eso, precisamente eso, es la filosofía. M.