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ÚLTIMAS TENDENCIAS DEL ARTE
Capítulo 2 | 1.0 | Para un contexto en crisis
Últimas tendencias del arte - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Basado en el libro:
Arte desde los setenta. Prácticas en lo político
Autor: Aznar, Yayo; López, Jesús
Creado con Notebook LM
Transcripción
Fijaos, tenemos tres obras de arte que a primera vista no tienen nada que ver la una con la otra, pero resulta que en el fondo cuentan exactamente la misma historia, una historia sobre una profunda crisis de identidad en nuestra sociedad. Vamos a intentar descifrarla para meternos de lleno en esa historia. Empecemos por aquí, por este puzzle visual, porque sí, a primera vista, estas tres imágenes parecen no tener ninguna conexión, ¿verdad? Un empresario, una pareja, unos migrantes, pero la clave está justo ahí. La respuesta que los une es lo que nos va a desvelar esa crisis cultural tan bestia de la que vamos a hablar. Bueno, para poder resolver el puzzle, lo primero es lo primero. Tenemos que entender quién era el protagonista, digamos, tradicional de la historia de Occidente. El texto que analizamos lo describe como una figura asediada. Pero, ¿quién era exactamente? ¿De quién estamos hablando? Pues para empezar, su forma de ver el mundo era 100% occidental. Y ojo, esto es fundamental porque, claro, esto significa que sus valores, su filosofía, todo su sistema de pensamiento que viene de la tradición grecorromana, de la judeocristiana, se daba por sentado que era el estándar universal, era, por así decirlo, la vara de medir para todo y para todos. Luego está el tema racial. Históricamente esta figura protagonista era blanca, pero no se trataba de que fuera una raza más, no. Su identidad racial se presentaba como la norma, lo neutral. el punto de partida desde el que se escribía la historia. Y claro, esto provocaba que otras etnias quedaran o bien invisibles o bien en un segundo plano. Y para rematar el perfil, su identidad se daba por sentada como heterosexual. El modelo a seguir era la familia nuclear, la relación hombre, mujer y punto. Ese era el único molde validado por la sociedad y la cultura. Todo lo que se saliera de ahí, pues quedaba en los márgenes, en el silencio. ¿Vale? Pues si juntamos estas tres piezas, occidental, blanco y heterosexual, llegamos a un concepto que es clave en el mundo académico para entender todo esto. El sujeto moderno se refiere a esa voz, esa figura ideal que durante siglos tuvo el micrófono, la que marcó el ritmo de la historia, de las leyes, de la cultura. Pero claro, como ya se intuye, era una voz que por su propia definición dejaba fuera a muchísima gente. Y aquí, justo aquí está el meollo de la cuestión, la tesis central del análisis. Esta figura, este sujeto moderno que parecía intocable, lleva en crisis desde los años 60, una crisis profunda. Entonces, claro, si el protagonista de siempre está en crisis, la pregunta cae por su propio peso. ¿Qué o quién está ocupando su lugar? ¿Qué es lo que lo está desafiando? Pues aquí es donde aparece otro concepto importante, lo micropolítico. Suena un poco técnico, pero la idea es sencilla. Se refiere a todas esas culturas específicas, a esas luchas del día a día de grupos que hasta ahora habían estado marginados. hablamos de las voces de minorías raciales, de los movimientos feministas, del colectivo LGTPQ plus, de todos los que existían fuera de esa cultura dominante. Y esto básicamente es el gran conflicto cultural que estamos viviendo. Es como una tensión constante. Por un lado tenemos al sujeto moderno con su discurso único, hegemónico, intentando no perder su posición y por el otro explosión, un surgimiento superpotente de un montón de culturas específicas, de minorías, que están diciendo, "Oye, que estamos aquí y tenemos nuestra propia voz." Perfecto. Pues con este marco ya claro, volvamos a nuestro puzzle del principio, porque ahora vamos a ver cómo cada una de esas tres obras de arte es una prueba perfecta de esta tensión. Empecemos por la primera pieza, la del centro. El hombre del traje. Un empresario impecable, ¿verdad? La viva imagen del éxito, del control, de ese sujeto moderno del que hablábamos. La historia de esta foto es genial. La artista Gillian Weing hizo algo muy simple, pero muy potente. Salió a la calle y le pidió a gente al azar que escribiera en una pequeña pizarra lo que estaban pensando en ese momento. Y de repente, este hombre de traje, que podría ser un alto ejecutivo, escribe, "Estoy desesperado." Boom. Es una confesión que hace saltar por los aires toda esa fachada de seguridad que se le presupone. Y claro, según el análisis que estamos siguiendo, esto va más allá de la ansiedad de una persona. Este hombre se convierte en un símbolo, representa toda esa estructura de poder que de repente siente que su discurso único, su dominio está siendo cuestionado, que el suelo bajo sus pies empieza a temblar. Pasemos a la segunda imagen. Si la primera representaba la crisis del poder tradicional, esta representa justo lo contrario, una de esas nuevas fuerzas micropolíticas que lo desafían. Se trata de una fotografía de Robert Maple Thorp de 1982 y es un desafío en toda regla porque lo que hace es retratar con una intimidad y una dignidad brutales a una pareja gay e interracial. O sea, está plantando cara directamente a esas dos normas de las que hablábamos, la blanquitud y la heterosexualidad. es dar visibilidad a voces que habían sido condenadas al silencio. Y vamos con la tercera y última pieza del puzzle. Aquí el foco se abre todavía más. Esta obra conecta la crisis de identidad con algo mucho más grande, la economía global y los movimientos migratorios. Lo que hace el artista Rogelio López Cuenca es muy inteligente y muy duro. Coge imágenes de un asalto a la valla de Melilla, una barrera física brutal y superpone encima los datos de la bolsa. De esta forma conecta esa valla física con otra barrera mucho más abstracta, pero igual de infranqueable, la del sistema económico global. Así que la clave de esta obra es que le pone cara a los que normalmente no la tienen. Da voz a los que, como dice el texto, en general se quedan fuera de las recensiones históricas. Nos obliga a ver a los invisibles, a los que el gran relato del sujeto moderno siempre ha dejado al margen. Bueno, pues ya tenemos todas las piezas, vamos a juntarlas. ¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto? ¿Qué nos dice sobre el arte político hoy en día? Pues que estas tres obras vistas en conjunto no son solo tres imágenes, funcionan como un espejo roto, un espejo que refleja una sociedad en la que ese discurso único y dominante, esa visión del mundo que parecía de una sola pieza, se ha hecho añicos. Y en cada fragmento de ese espejo roto, ahora se refleja una cara, una cultura, una voz distinta. Y todo esto nos deja con una pregunta final flotando en el aire, una pregunta que la verdad es bastante potente. Si la historia del sujeto moderno, ese relato único, de verdad está llegando a su fin, la gran pregunta es, ¿quién o quiénes van a escribir el siguiente capítulo?