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Material Complementario
El Porteador de Átomos | Serie Tangente | Audiolibro completo
Contenido extra: El Porteador de Átomos | Serie Tangente | Audiolibro completo
Transcripción
[música] El porteador de átomos escrito por Borja Brun. Prefacio. [música] Desde el momento en que nacemos estamos ansiosos por aprender, pero curiosamente una vez que creemos saber lo suficiente [música] nos volvemos resistentes a nuevas ideas, especialmente si desafían lo aprendido. Capítulo 1. No estaba muy seguro de que con esta forma de dar la noticia, empezando por un periódico tan pequeño, obtuviese el impacto que buscaba. No obstante, tenía que empezar ya con las comunicaciones y visto el fracaso obtenido en las redes sociales, la forma clásica, es decir, la prensa escrita, quizás fuese el único método válido. Entré por la puerta cargado con mi maletín de cuero. Sabía que llevarlo me daba un cierto aire de vendedor de enciclopedias y quizás me quitase un poco de credibilidad, pero las dudas sobre mi persona se desvanecerían después de hacerles una demostración del dispositivo que llevaba conmigo. Empujé sin apenas esfuerzo la vieja puerta de aluminio gris del diario, con un cartel en el que se podía leer pase sin llamar, en un papel ajado y color parduzco por los años que debería de llevar allí colgado. Me paré un instante en el recibidor. Era una oficina con escasa luz natural y focos fluorescentes, cuyo recambio se hacía evidente por las diferentes tonalidades de color que aportaban sus lámparas. Muebles también viejos y paredes necesitadas más que de pintura, de una renovación completa de su superficie orad sillas. Ninguno de los cinco periodistas pareció percatarse de mi presencia. Al fondo de la habitación se encontraba una larga mesa a modo de recepción a clientes. Para petado tras la mesa, un hombre al que le quedarían pocos años para jubilarse, de pelo desgarbado y una clásica camisa de cuadros rojos de tela gruesa que hacía honor a la gélida temperatura de aquella oficina. Me acerqué al mostrador y esperé unos segundos por la reacción del empleado, pero su lectura parecía más interesante que mi presencia, así que me decidí a hablar. Buenos días. Quisiera hablar con un periodista de noticias de ámbito científico dije dudando por si estaría metiendo la pata al ser tan exhaustivo en las habilidades buscadas. Especializado en ámbito científico, me espetó a modo de burla. ¿Qué vendé?", dijo mientras perdía nuevamente su mirada en la revista que sostenía en sus manos. "Disculpe, no vengo a vender nada. Tengo una invención que me gustaría comunicar y me ha parecido que su periódico podría ser." Me detuve mientras revisaba con la vista las decrépitas instalaciones. "¿Una buena opción?", dije con cierto retintín. Estos tipos de juegos de conversaciones siempre me gustaron. Averiguar hasta dónde llega el aguante de una persona en el tira y afloja de una discusión. No estoy seguro de que estos temas sean de interés para nuestro público lector, replicó con cierta frialdad. Le garantizo que este tema sí le va a interesar. A ver, cuénteme, me dijo con cierto cansancio en su voz mientras cerraba la revista. Ah, entonces es usted periodista, dije con ironía. Con un gesto de desgana, el recepcionista suspiró mientras se reclinaba hacia atrás en su vieja silla, la cual hubiese apostado a que no aguantaría muchos envites más con ese cuerpo encima. Marta, exclamó dirigiéndose a las puertas entreabiertas de una oficina que se encontraba al fondo. Una mujer demasiado joven, a mi parecer, para ser una periodista con la suficiente experiencia que yo necesitaba. apareció detrás de una puerta y se acercó a la recepción. "Dígame", le preguntó de forma cansada sin ver en ningún momento para mí. "Me extrañó el trato de usted que usó con alguien que a mi parecer debería ser su subalterno. Este hombre dice que tiene una noticia que a lo mejor nos interesa." "De acuerdo", le respondió mientras giraba su cara hacia mí. Buenos días", dije cordialmente. "Me llamo Sen." Viendo la mejor ahora, quizás me hubiese apresurado a la hora de realizar el cálculo de su edad. Su vestuario, poco conjuntado e incluso diría que juvenil por la falda pisada que vestía, me habían indicado una edad inferior a la que ahora, a escasos 50 cm, aparentaba. Quizás le añadiría 10 años más a mi primera intuición. Acompáñeme, por favor. dijo de forma apresurada mientras se giraba sobre su pie izquierdo a modo de bailarina de caja de música, dejando ver el vuelo de su falda pisada de colegiala. Seguía aquella joven hasta lo que parecía ser una descuidada sala de reuniones. Por su comportamiento casi automático, entendí que llevaba bastante tiempo en el periódico y que se trataba de una acción rutinaria en su día a día. En cualquier caso, saldría en breve de dudas al respecto de su posible ayuda. No se sentó hasta que yo lo hice, momento que aprovechó para [ __ ] de mitad de la mesa uno de los múltiples bolígrafos usados que reposaban en ella y una pequeña libreta que había llevado todo ese tiempo encima sin que me diera cuenta. Comprobó el funcionamiento del bolígrafo sobre una de las páginas y al ver que funcionaba habló de forma apresurada. Y bien, [música] ¿qué noticia quería contarnos? Capítulo 2. El cielo del campus amanecía con la misma serenidad que otros días. Esta vez probaba a hacer la presentación en un foro más selecto. Buscaba realizar la demostración a científicos, ingenieros y estudiantes. Sabía que buscarían formas de desmontar mi invento, pero también sabía que este día cambiaría su forma de entender la ciencia que habían estudiado. El lugar escogido para la demostración era un pequeño auditorio de la universidad. Sus viejas gradas de madera me resultaban muy cinematográficas. La convocatoria había resultado bastante concurrida. En parte gracias a que Marta me permitió escoger el enigmático titular de la noticia que su periódico había publicado y que colgaba por las paredes de toda la universidad. Buscaba un impacto directo en el público de perfil científico, así que usé las palabras adecuadas para llamar su atención. El porteador de átomos pondrá fin al transporte por ductos. Capítulo 3. Creo que no comprendo del todo lo que intenta comunicar con este titular, dijo Marta. Sabrá que el transporte, respondí inclinándome sobre la mesa, en particular el de mercancías, fue un gran problema para la humanidad desde sus inicios. Aunque muchos comerciantes han hecho con el transporte verdaderas fortunas, el no poder transportar agua a zonas inaccesibles ha provocado sequías que han matado prácticamente de hambre a millones de personas. Cuando diseñé el porteador de átomos, sabía que su utilidad superaría las dudas que podría causar su funcionamiento. Disculpe, ¿de dónde viene ese nombre? Dijo Marta confusa mientras interrumpió y garabatear en sus notas. No se preocupe, lo entenderá en breve. El porteador es un dispositivo que tiene la capacidad de trasladar los átomos de un lugar a otro gracias a dos conceptos, la superposición y el entrelazamiento cuántico. "Creo que todo esto me supera", dijo frunciendo el ceño mientras abandonaba definitivamente sus notas. La base es sencilla, todo elemento se puede descomponer en átomos, pero esto no tiene nada que ver con descomponer nada para luego reconstruirlo. Mi equipo traslada los átomos de un punto a otro. Capítulo 4. Mientras el auditorio del campus se llenaba, repasé mentalmente la presentación que había planeado. Sabía de la importancia de mantener la atención de la audiencia en la finalidad del dispositivo. Poder tener un foro científico solo para mí me hizo esbozar una pequeña sonrisa. Habitualmente este tipo de público no mostraba interés por comunicaciones fuera de sus canales habituales. La denominada comunidad científica siempre busca que los avances se desarrollen de manera gradual, sin saltos significativos, en serie, no en paralelo. Prefieren que estos pasen por múltiples filtros. Pero yo estaba dispuesto a ofrecerles algo completamente diferente, un salto cualitativo. En lugar de un avance serpenteante y gradual, les presentaría un enorme salto en el conocimiento, dejando atrás vastos terrenos sin explorar. No estaba hablando de una evolución que se extendiera a lo largo de años. Era una metamorfosis monumental, saltándonos décadas de progreso, que tendría lugar en un parpadeo fugaz, impactante. Y justamente ese salto monumental era en sí mismo el problema. Buenos días", dije sin ver a la audiencia que se había callado de forma inmediata al verme avanzar hacia la mesa. "Gracias por asistir a esta convocatoria. Quisiera que prestaran atención a una de las problemáticas que más ha frenado la evolución de la humanidad." Un hombre de avanzada edad y barba canosa se levantó de la primera grada semicircular de asientos interrumpiendo mi discurso. Antes de que empiece con sus trucos, quiero que sepa que hemos visto sus vídeos, dijo con un tono alterado. Debería avergonzarse al llamarlos ciencia. Son ridículos y absurdos. ¿Qué es lo que está buscando realmente si se denomina científico? Disculpe, yo no he dicho en ningún momento que fuese un científico", dije en un tono paternalista, arrepintiéndome en ese mismo instante de mis palabras. "No se dirija a mí en tono benevolente", gritó sin poder contener la saliva que salpicaba la mesa que le separaba de mí, a la vez que le impedía golpearme de la rabia. "He dedicado mi vida a una profesión que amo y, sobre todo, que respeto", continuó aquel hombre. Un trabajo constante basado en el esfuerzo de cada descubrimiento. Usted y su propuesta de trilero es cuando menos avergonzante para nuestra comunidad, gritaba quedándose casi sin aire mientras recogía su carpeta. No quiero ser cínico. Reconozco que me importaban bien poco sus comentarios, pero me sorprendió que la temperatura de la reprimenda fuese tan elevada. El viejo científico continuó reprendiendo mi trabajo mientras recogía sus enseres y se marchaba de la sala de forma desairada. Capítulo 5. Disculpe, ¿usted representa a alguna asociación científica o empresa? Me preguntó con dudas Marta. Le represento a usted y a cualquier ciudadano que sabe que hay necesidades que la ciencia actual no resuelve. Bueno, entiendo que si no las resuelve es porque de momento no es posible resolverlas, afirmó. La ciencia no las resuelve porque la ciencia actual solo se la puede denominar como inmadura. Vuestros científicos están ceñidos a unas reglas anticuadas y estas reglas en las que son educados les impiden abrir su mente a algo radicalmente diferente. No son capaces de inventar usando un pensamiento divergente, observando sombras en la pared y creyendo que esas sombras representan la realidad. verá, me sigue desconcertando y que no prefiera publicar un hecho tan importante como usted lo denomina en una revista científica reconocida", dijo con naturalidad Marta. De inicio no me creerían y los pasos que necesitaría para que lo publicaran podría variar desde unos pocos meses hasta más de un año. Marta veía con asombro mi vehemencia, pero no me importaba en absoluto. Tomando notas en su libreta, me daba a entender que aceptaba mi discurso. Tendría que enviar un manuscrito. Continúe. Habría una revisión preliminar denominada revisión por pares para que otros expertos diesen su opinión. Recalqué esta palabra a modo burlesco. Acatar los comentarios de los revisores, que no tendrían ni idea de lo que estarían leyendo, volver a enviar el manuscrito nuevamente. Estaría completamente en manos de un sistema que no busca la creatividad científica, sino un juego de poderes internos que ralentizan y burocratizan los procesos hasta hacerlos no efectivos. Se escudan en la búsqueda de la veracidad tratando de evitar que falsos descubrimientos sean tenidos por verdaderos, pero ese sistema no funciona. Revistas científicas prestigiosas han tenido que retractarse de artículos publicados debido a diversos motivos como errores en los datos, problemas metodológicos y en casos extremos fraude científico. Incluso existen publicaciones cuyos artículos son pagados por sus propios escritores. Su riguroso, volví a recalcar, sistema de revisión por pares, no funciona porque prioriza la ilusoria seguridad proporcionada por la revisión de varios científicos en lugar de permitir que sea fuente de creatividad para otros. Aún así tiene que entender que las dudas que le plantean pueden ser más que razonables. Entiendo que es usted una persona ajena a la comunidad científica, por lo que no encuentran referencias suyas de trabajos previos, ni de premios ni menciones. Estoy en lo cierto poniéndome en su lugar, probablemente yo también dudaría de usted, dijo Marta, a mi entender de forma acertada. Ese es el núcleo del problema. La importancia tiene que recaer en la contribución, no en la persona. Les ciega mi figura y no les importa lo que les ofrezco. Se burlan diciéndome que dedique estos descubrimientos a un guion para ciencia ficción. A otro nivel, el Dr. Hartplin, un ingeniero eléctrico que nunca llegó a publicar en ninguna revista científica, pero con una imaginación que no estaba limitada por sus estudios, asesoró en la creación de toda la magia que inspiró una conocida serie de televisión de los 80, Star Way. Comunicadores convertidos en teléfonos móviles, tabletas electrónicas, traductores universales, impresión en 3D, tecnología táctil o las pantallas de plasma, salieron de mentes creativas que apostaron más que por un hecho científico, por una necesidad intelectual, cambiar la vida de las personas. Y de eso va mi invención, de cambiar para mejor la vida de las personas. Vuestra ciencia va detrás de las necesidades de la humanidad. Por eso digo que no soy científico, simplemente busco ayudaros. Ayudaros. Repitió dudando Marta que hacía buen tiempo había olvidado sus anotaciones en la libreta para prestar la mayor atención posible. Hice una pausa para buscar una respuesta adecuada a mi error. "Porque yo soy conocedor de la importancia de lo que os estoy ofreciendo." Dije con la máxima honestidad que pude encontrar. Capítulo 6. Le pedí a Lugier que disminuyese la luz del auditorio. Subí mi maletín de cuero a la mesa y de él saqué las dos delgadas cajas color púrpura brillantes que coloqué de forma premeditadamente lenta sobre la mesa. Hoy comencé pausando brevemente para asegurarme de captar la atención de todos. Les presento algo que desafiará sus percepciones habituales. La literatura a menudo sugiere que la tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Lo que tengo aquí. Continué mientras hacía un gesto con la mano señalando las cajas misteriosas. Podría ser lo más cercano a la magia que jamás hayan presenciado. Lentamente y con innecesario cuidado, saqué los dos dispositivos con ambas manos a la vez de sendas cajas. Dos octógonos de 8 cm de diámetro de color verde turquesa que hacían de bastidor de una rejilla microperforada de un hipnotizante negro mate. Era mi invención, el porteador de átomos. Coloqué ambos dispositivos sobre dos pequeños trípodes, cada uno que los sujetaban en el aire, a unos 30 cm de altura. Inicialmente, ambos octógonos estaban girados hacia el público para poder ser apreciados. Los flashes [música] de las cámaras ayudaban a crear el dramatismo que buscaba. Giré los dos dispositivos hacia la mesa. [música] Coloqué un recipiente de cristal debajo de cada dispositivo. Sé que hubiese sido ridículo, pero hubiera agradecido algo de música para ambientar ese momento. Empecé a verter el contenido de una jarra de agua sobre el dispositivo de mi derecha. [música] De forma natural, el agua lo atravesó a modo de filtro, cayendo a través del mismo en su recipiente de cristal correspondiente. [música] Después de unos pocos segundos de común normalidad, activé el dispositivo desde mi brazalete oculto a modo de reloj en mi muñeca. De forma inmediata, el agua que atravesaba con total naturalidad el octógono que le correspondía, dejó de hacerlo para salir por el dispositivo contiguo. Un murmullo sordo creció entre los asistentes. Capítulo 7. Disculpe, ha dicho que su dispositivo hace que el agua se teletransporte de un dispositivo a otro. ¿Sin más? Preguntó la joven periodista. Estaba acostumbrado a este tipo de preguntas formuladas con total escepticismo. No tiene que esconder su incredulidad. No la estoy escondiendo dijo fríamente, pero sinceramente creo que no está en el lugar adecuado para su comunicación. Le estoy contando uno de los hechos científicos más importantes de los últimos siglos. ¿No cree que debería de ser de dominio público? Lo vea o no, nuestro medio se dedica a noticias locales. Lo que usted me está contando apenas es comprensible para mí, por lo que tampoco creo que lo sea para nuestros lectores. Veo que tiene a sus lectores en baja estima. Vamos a ser claros. No sé si está buscando dar a conocer su invento de forma gratuita, así que le pregunto directamente, ¿qué es lo que busca de nosotros? ¿No ha pensado en hacerse una simple página web y ponerlo a la venta?", dijo de forma hiriente. Sus palabras empezaban a enfadarme y me hacían ver que quizás esta tampoco iba a ser la fórmula del éxito. "No soy capaz de que crean la invención", me sinceré. "Necesito que otra persona lo pruebe y de fe la utilidad." "¿Y cuál es esa utilidad?", preguntó. "¿De verdad no la ve?" No se percata que podríamos aliviar la necesidad de agua de poblaciones enteras. ¿Cómo pretende aliviar las necesidades de agua del planeta con un telegrifo? Dijo seriamente. Este dispositivo dije mientras esbozaba una sonrisa por su peculiar broma, tiene tamaños muy distintos. Este solo es para una demostración. Mire, creo que esto nos queda grande a nuestro diario e incluso a mí misma. Nunca he sido una gran conocedora de temas científicos si esto se escapa de mi comprensión. Pues ese es el problema y a la vez la solución. Necesito que una persona como usted, sin conocimientos previos, lo explique a sus lectores de forma que puedan comprender la magnitud del porteador de átomos y publique una convocatoria abierta a científicos y otros medios de comunicación para que lo puedan ver en directo. Capítulo 8. En la sala de la universidad, el murmullo de los científicos no cesaba. Me sentía como un mago cuyos trucos sufren un escrutinio implacable, como si no existiese la posibilidad de que lo que acababan de presenciar fuera real. Estaban convencidos de que había algún truco detrás y, por tanto, repasaban meticulosamente cada uno de los movimientos que me habían visto realizar en busca de la artimaña que creían que estaba empleando. Puedo repetirlo si quieren. Me di cuenta tarde de mi error al decir estas palabras. Repetirlo dijo sin levantarse de su asiento uno de los científicos para ver si ahora le cogemos el truco. Se oyeron algunas risas. Había sido poco prudente con la frase, dejándoles en bandeja un comentario sarcástico que no dudaron en aprovechar. ¿Entienden realmente lo que le estoy mostrando? La profundidad del cambio de paradigma que presenta el hallazgo. El mismo científico se levantó de su silla y bajó con desaire a la mesa donde tenía montada la demostración. Quiere hacernos creer que ha desarrollado una tecnología que transporta los fluidos de un punto a otro. Sin más. sin suministro de energía externa aparente, sus formas empezaban a ser violentas. Sí, respondía, sabiendas que mi respuesta no sosegaría su ansia, sino que más bien provocarían el efecto contrario. Pues permítame ver su truco. Más de cerca me espetó mientras dejaba caer el agua por el porteador inicial, que obviamente al no estar activado, acabó irremediablemente esparcida por la mesa. "¿Y bien, ¿qué es lo que ha ocurrido ahora?", dijo sin dejar de verter el agua sobre la mesa. Silenciosas risas burlonas llenaron la sala de la universidad. Dirigí mi mirada hacia una de las cámaras que estaban grabando la presentación y tomé conciencia del nuevo fracaso. Capítulo nu. La sala de reuniones de la redacción tenía poca luz y le transmitía un cierto halo de misterio a los dos octógonos del porteador que había sacado de mi maletín. Entonces, si tuviéramos un modelo de mayor escala, ¿podría transportar también a personas? Preguntó con ciertas dudas Marta. No exactamente, a no ser que licuemos a esa persona que quiere transportar. Mi broma desagradó a Marta de forma clara. El porteador es un dispositivo que utiliza la manipulación cuántica para transportar moléculas simples y separadas, como las de los líquidos de mayor o menor densidad. El porteador se compone de dos partes principales. Una estructura exterior llamada octógono de envolvente con una membrana porosa en su núcleo. Dije señalando cada parte. El octógono de envolvente es un acelerador de partículas miniaturizado que energiza y estabiliza las moléculas que pasan a través de él. Además, esta estructura regula la capacidad de absorción de la membrana porosa que se encuentra en el centro del dispositivo. La membrana porosa, por otro lado, está compuesta por nanotubos de carbono que actúan como canales de transporte para las moléculas del líquido. Cuando las moléculas entran en contacto con la membrana, son descompuestas en sus componentes subatómicos y entran en un estado de superposición cuántica, permitiendo que se trasladen instantáneamente a través del espacio al dispositivo secundario. el octógono de destino. En este segundo octógono se encuentra otra membrana por similar que recompone las moléculas a partir de sus componentes subatómicos. Gracias a este proceso de entrelazamiento cuántico, básicamente el líquido entra por un aro y sale por el otro, permitiendo la teleportación sin importar la distancia. Desde el punto de vista del líquido, simplemente ha atravesado una puerta que conecta dos puntos en el espacio. Sin embargo, este proceso no funciona con cuerpos sólidos como el cuerpo humano debido a su naturaleza molecular y estructura. A diferencia de los líquidos, los sólidos tienen una estructura molecular más rígida y no poseen la misma capacidad de fluir y adaptarse a espacios reducidos. Diríamos que es como si fuese capaz de trasladar las palabras sueltas de un libro, pero no el libro entero. Piense en el filtro que tiene en la boquilla de un grifo. A través de él puede pasar el agua, pero si intentase atravesarlo con su dedo sería imposible, ¿verdad? Esto se debe a la cohesión de sus moléculas y partículas. Créame que no entiendo en profundidad lo que me está contando. No es que importe el que lo entienda o no, lo importante es que encuentre su utilidad. Pausé mientras reclinaba mi silla y cogía del bolsillo de mi pantalón mi teléfono móvil. "Usted usa todos los días las indicaciones del GPS de su móvil", dije agitando en el aire mi teléfono. Y desconoce la serie de conceptos científicos complejos que son necesarios para tal efecto como la mecánica de órbita de satélites, relatividad general y especial de Einstein, el cálculo de tiempos de tránsito de señales de radiofrecuencia y la triangulación para determinar la posición exacta en la Tierra. A pesar de la complejidad de estos conceptos y tecnologías, usted simplemente sigue las indicaciones proporcionadas por su dispositivo sin preocuparse por la ciencia que hay detrás. Lo realmente importante, lo que le importa a las personas que viven en este planeta, es que las desigualdades que se generan por vivir en una u otra parte del mundo desaparezcan gracias al porteador. La aleatoriedad de nacer en una región del mundo con abundantes recursos naturales o en una escasa de ellos se equilibra gracias a este dispositivo. El absurdo gasto de recursos que conlleva transportar desde Arabia a Europa toneladas de petróleo por tubería o las toneladas de agua que cada día se transportan por tubos y acueductos, como si fuésemos aún romanos, con la brutal pérdida de agua y energía que supone, desaparece gracias al porteador. ¿Y de dónde saca la energía para el proceso? Preguntó con absoluta perplejidad. Me volví a reclinar sobre la silla, preparándome para el segundo asalto. Capítulo 10. Salí de las instalaciones en dirección a la vieja nave industrial que usaba como refugio. Decidí caminar para poder reflexionar. Mi explicación no parecía haber sido muy convincente para la periodista. Aún así prometió escribir algo al respecto. Nunca imaginé que intentar contar la verdad fuese tan complicado. La tarea de transmitir una historia verídica y persuadir a los demás de su autenticidad puede resultar desafiante, especialmente cuando los eventos descritos son extraordinarios o poco convencionales. Encontrar el equilibrio adecuado entre honestidad y persuasión puede ser un arte en sí mismo. Todos mis intentos por encontrar una forma de comunicar la invención habían sido un fracaso. Hasta el momento, tanta información disponible para la humanidad había acabado por saturarla. Demasiadas fuentes de las que beber, demasiadas realidades a las que atender. La humanidad había dejado de analizar y determinar qué información era verdadera y cuál falsa. Simplemente la absorbían sin cuestionarla. Se habían vuelto meros consumidores de información, sin preocuparse por discernir la realidad de la ficción, sin analizar la fuente, aceptando todo lo que se les presentaba, como un estado cuántico superpuesto de creencia y escepticismo a la vez. Lo que llamaban la realidad de las redes sociales era un caleidoscopio de situaciones cómicas, aterradoras, peligrosas y felices que poblaban las aplicaciones que ahora nos mantenían unidos como humanidad. El fin del pensamiento crítico, el inicio de una nueva esclavitud. Mientras caminaba, consulté mi teléfono móvil para ver cómo evolucionaban mis publicaciones, si había nuevas visualizaciones, nuevos comentarios. Mientras lo hacía, me daba cuenta que este acto podía parecer una incongruencia con mi pensamiento sobre la esclavitud, pero yo era el capataz de los esclavos, aunque quizás en parte me estuviese engañando, ya que empezaba a tener una necesidad real de saber qué decían de mi invención. ¿Qué opinaba la gente? Pero las cifras de visualizaciones y comentarios eran similares a la última vez. Mis intentos por desvelar al mundo mi invención no funcionaban. La gente no se creía mis vídeos y los que lo hacían no entendían la importancia que podía tener. No me quedaba otra opción, pasar a mi plan secundario. La demostración. Necesitaba realizar una demostración que impactara en la sociedad mundial, una demostración de fuerza fluídica que no dejase lugar a dudas de la utilidad. En mis manos tenía multitud de opciones, como lagos de gran importancia, de los que podría trasladar su agua hasta diezmarlos dando muestra de la potencia del dispositivo. El brutal lago Baical, por ejemplo, en la Siberia rusa, el lago de agua dulce más profundo y voluminoso del mundo, en el que podríamos colocar más de cuatro torres Eifel, una encima de la otra, desde su punto más profundo, con el que incluso podríamos abastecer de agua a toda la población de un país como España por más de 500 años. o el lago superior en América del Norte, que aunque menor en volumen sería más llamativo en los medios de comunicación, pero el daño al ecosistema sería grande y la repercusión climática negativa tiraría al traste mi idea de comunicar el porteador. Tenía que minimizar el posible daño que haría el traslado de agua, buscando que el origen no se resintiera y quizás lo más importante, que el destino fuese agradecido al recibirlo. Este último término era relativamente sencillo. Tenía desierto en abundancia que recibiría gustoso el agua. El problema estaba en el origen. Empecé a buscar alternativas lo menos catastróficas posibles para el ecosistema, como el lago Nes o el Nilo, o por qué no uno de los iconos fluviales más conocidos del mundo, las cataratas del Niagara. Elegirlo como parte de mi demostración causaría un efecto mediático de gran repercusión. calculé el impacto que podría tener en el ecosistema fluvial, ya que de él viven siempre numerosas especies de flora y fauna y una reducción drástica del caudal podría alterar el equilibrio ecológico y causar cambios en las poblaciones de plantas y animales. Otros problemas se planteaban también difíciles de evitar, como la caída en la generación de energía hidroeléctrica o la drástica reducción de agua dulce para el consumo. Para evitar toda esta problemática, decidí realizar la demostración con un doble dispositivo destino. Primero colocaría un porteador origen antes del salto de agua de las cataratas en su parte superior. Este se encargaría de succionar la práctica totalidad de los casi 2,500 m cbicos por segundo de agua, con el que el río alimentaba este impactante espectáculo de la naturaleza. Todo ese flujo de agua absorbida no iría a un solo porteador destino, sino que se repartiría en dos, uno colocado en el destino natural del agua de la catarata, donde se acumula el agua que proviene del salto, la poza. De esta forma, el curso del río se mantendría, aunque reducido a la mitad, algo que es habitual en determinadas épocas del año. El segundo destino tenía un objetivo más llamativo y alineado a la intención de mi creación, la llanura desértica de Mara en la región de Dratafilal de Marruecos, a unos 850 m de altitud. Una enorme planicie desértica apenas habitada. Capítulo 11. Había llegado el momento. Usando un portal de paso, un dispositivo que había diseñado para desplazar objetos sólidos de gran tamaño y del que hablaré en otro momento, coloqué en la parte superior de la catarata, a escasos metros de su caída, el dispositivo origen en su versión de 8 m de diámetro. Una medida excepcional para poder canalizar también el brutal flujo de agua. Igualmente en la parte inferior, la poza, el primero de los dispositivos destino, a donde había programado que se canalizaría el 50% del agua usurpada al río. Me trasladé usando el mismo portal de paso a la planicie escogida en pleno desierto del Sájara para colocar el segundo dispositivo destino. Un lugar estratégico por lo poco poblado, pero famoso por sus esculturas de Landart. un tipo de arte monumental por su tamaño e interacción dominante con el entorno, ya que utiliza materiales naturales y el paisaje como lienzo para alzar imponentes esculturas de tierra, piedra y arena. Entendí esta ubicación como perfecta aunar desierto, llanura y ser un punto turístico, un lugar donde cualquier adición o cambio sería inmediatamente notable para aquellos que pasaran por este peculiar rincón del mundo. Lo deposité, por decirlo así, boca arriba, con la intención de que el agua brotase de él como si fuese una erupción de la tierra. Activé los dispositivos. En segundos, en la parte superior de la catarata, empezó [música] a formarse un monstruoso vórtice de succión que el porteador engulló sin paliativos. Como consecuencia inmediata, el agua empezó a brotar de forma abrupta y síncrona en los dos destinos. El primero, la poza de la catarata, permitía continuar el flujo de vida natural [música] en el resto del río. Y en el más importante para mi demostración, el segundo destino a 6000 km de distancia, donde toneladas de agua bullían por segundo, creando un heiser que se difuminaba en su final por la brutal potencia de emanación y ensordecedor bullicio del agua. La situación en el mirador de las cataratas era del todo sorprendente. Allí, el flujo incesante durante siglos del río, precipitándose al vacío, había cesado junto al ensordecedor sonido y los incrédulos espectadores de este sorprendente fenómeno fotografiaban la ausencia del mismo. Repentinamente, y como un movimiento en cadena, los espectadores del acontecimiento tuvieron un presentimiento que corrió de boca a oreja. El terror se apoderó de ellos. Imágenes del mar retrayéndose de la costa invadían su memoria visual, un augurio que conocían demasiado bien gracias a los medios de comunicación. Les recordaba el siniestro presagio que precedía a los tsunamis cuando el mar se retrae, engañando con un silencio momentáneo, solo para regresar en forma de una monstruosa ola que vuelve con venganza, barriendo la existencia misma con su poder descomunal. Me situé sobre uno de los miradores de mi ágara y marqué en mi teléfono el número de Marta. Buenos días, Marta. Soy Sen. Dígame, respondió con aparente interés. Lo he hecho. Hoy he puesto en marcha de manera inequívoca para la humanidad mi dispositivo dije con seguridad. En breve recibirá noticias sobre lo que está pasando en las cataratas del Niiagara y quiero que sepa que yo soy el responsable del fenómeno. Sí, lo estoy viendo, pero dice que es el responsable de que no haya agua en las cataratas del Niagara. Es una consecuencia del dispositivo que me mostró y no un simple fenómeno natural. No es un fenómeno natural. Busque lo que está pasando en la llanura de Mara, en Marruecos y comprenderá a dónde ha ido a parar parte del agua de Niagara. Sabía que Marta era en esencia curiosidad e inmediatamente buscaría la información que le había adelantado en las agencias de noticias marroquíes, pero no encontró nada en ellas. Quizás fuese pronto para que la noticia que le había dado estuviese propagada en un vasto y complejamente comunicado país como Marruecos. De forma más impetuosa, los medios de prensa gráfica empezaron a acercarse a Niagara. La disminución del caudal no era algo excepcional en el río, ya que [música] en los periodos de fuertes nevadas, una buena parte de los torrentes de la catarata se congelaban. Sin embargo, en esta ocasión, el frío no era lo suficientemente intenso para justificar tal fenómeno, lo que dejaba a los observadores perplejos y sin explicaciones. Lo más impactante [música] de la situación para mí era la desaparición del sonido del agua, el silencio que se había creado, la ausencia del crepitar mismo del denominado elixir de la vida. Capítulo 12. La sala de reuniones del periódico de Marta se me hacía cada vez más agradable. Quizás fuese la baja luz o los colores parduzcos que siempre me han atraído. Me recordaban a una especie de confesionario o lugar seguro en el que poder desgranar mis pretensiones con tranquilidad. Sen, ¿has considerado el riesgo de que tu invento caiga en manos equivocadas? A veces siento que estoy escribiendo sobre tecnologías de una novela distópica, no de un periódico", dijo Marta reflejando una preocupación genuina. Miré el mechero que tenía en mi mano, un objeto común con potencial para el bien y el mal. Cualquier invención, por noble que sea su intención, tiene un doble filo." Respondí jugando en mi mano con el mechero, pero creo firmemente en el impacto positivo que pueda tener. Es una cuestión de perspectiva y responsabilidad, ¿no te parece? Según habían avanzado los días y mis conversaciones con Marta, notaba como de a poco me alejaba de la profesional y me acercaba a la persona. Siempre había sido tremendamente enamoradizo a la vez que volátil, en mis acercamientos al género opuesto y encontrándome en la tesitura a la que siempre acababa llegando con toda mujer con la que tenía roce, me gustaba recordar cómo era mi mirada hacia ella en los primeros momentos de conocerla. casi de desafío, de desconfianza hacia su labor, que sin que ella lo supiera, yo le tenía encomendada. Capítulo 13. La gigantesca planta hidroeléctrica de Ontario dependía del flujo del río Niiagara y mi demostración había recortado abruptamente su producción eléctrica. Era consciente de ello, pero al fin y al cabo disponía de una razón sólida para respaldar mi elección. Toda esa agua se desaprovechaba desembocando en el océano. ¿No sería más lógico irrigar con ella las zonas desérticas? Un desierto como el de Marruecos, que además hacía apenas 6,000 años ya había sido un extenso y fructífero oasis regado por ríos y canales que quizás sustentaban una sociedad floreciente. Niagara abría los informativos y decenas de charlatanes alardeaban de conocer los motivos del fenómeno. No me importaban sus desatinadas palabras. Prefería esperar a reclamar mi autoría una vez se hubiese consolidado el efecto de mi dispositivo en el desierto. Ya no tenía prisa después de tantos meses fracasando en mis comunicaciones. Sorprendentemente, y a pesar de la enorme cantidad de agua que había sido transferida, la planicia apenas se detectaba como húmeda. El árido terreno absorbía rápidamente el agua. Sin embargo, esto fue suficiente para que el enorme he creado por el dispositivo fuera percibido por los lugareños como un fenómeno beneficioso y manejable que podría ayudarles a cambiar sus prácticas agrícolas y lo penoso más que laborioso del acarrear de forma diaria el agua de los pozos comunes. Por otro lado, la presencia del agua provocaría una disminución en la temperatura media de la meseta, suficiente para desencadenar el cambio en el clima local, provocando las deseadas precipitaciones en la región. Capítulo 14. Nadie tiene derecho a modificar a su antojo el curso de la naturaleza, decía en la televisión mientras movía en el aire su brazo derecho con ademanes de director de orquesta aquel pequeño hombrecillo con gafas enjutas. No permitiremos que una persona sin ningún tipo de sensibilidad hacia el resto y ajena a la voluntad política haga cambios en nuestros sistemas naturales, cuya preservación ya de por sí representa un desafío monumental. Finalmente, la información privilegiada de Marta sobre el fenómeno habían causado efecto en la población. Su periódico se había convertido en una fuente fiable sobre el acontecimiento, porque encontramos una forma de convertir sus artículos en una predicción de las pausas aparentemente aleatorias del denominado por los medios periodísticos vórtice del Niagara. Estas pausas en el fenómeno que ningún científico lograba entender habían sido previamente pautadas por nosotros para comunicarlas [música] con exactitud en el diario de quien ahora era ya mi socia. Inicialmente le había pedido que no me identificara en sus artículos. Esto me permitía manejar con mayor comodidad la situación. [música] Éramos una especie de periodista y superhéroe. Desde pequeño soñé con llevar capa [música] y ser un hacedor de buenas obras, aunque confesaré que en alguna ocasión, en esas ensoñaciones, disfruté viéndome también como el despiadado antihéroe destructor de mundos. Quizás hable de ello en otra historia. Desde que realizara la demostración, [música] los telepredicadores de los justos se habían multiplicado. Algunos con tan poca veracidad en sus palabras como los políticos, acostumbrados a manejar su discurso en pro de un mejor rédito electoral en lugar de un beneficio social. [música] Toda la población que vivía escuchando y creyéndose la propaganda de los medios de comunicación estaba al tanto del fenómeno, pero sin tener claro qué era lo que lo estaba provocando realmente o la importancia del mismo. Ahora llegaba la segunda parte del proceso, vincular la demostración [música] a mi persona. Capítulo 15. Aquella tarde, Marta y yo nos encontrábamos diseñando la que sería mi estrategia de comunicación. No creo que necesites buscar un look concreto para salir en los medios", decía Marta mientras se atusaba el pelo sujetando con su boca un pasador. Los lectores no buscan héroes con los calzoncillos azules por fuera del pantalón. Quieren gente [música] normal, vestida normal, como ellos. Alguien que haya salido del mismo agujero que ellos. No estaba prestando mucha atención a lo que decía, ya que en el exterior de la sala de reuniones se escuchaba un fuerte alboroto. Marta se mostraba también intranquila por la situación. Los cristales translúcidos de la puerta de la sala de reuniones permitían vislumbrar vagas siluetas en constante movimiento, acompañadas de voces de mando. Con brusquedad, la puerta se abrió y pudimos comprender el motivo de tanto alboroto. Un pequeño grupo de militares entraron en la sala y sin mediar palabra me agarraron por los brazos y me sacaron de la oficina prácticamente arrastras, no por mi negativa a ir con ellos, sino por las abruptas formas con las que me habían agarrado, desestabilizado e impedido apenas sustentarme por mí mismo. No me sorprendió la secuencia de los hechos. Localizarme era tarea sencilla para cualquiera que lo quisiese. Aunque mi cara no fuese reconocida aún por el gran público, nunca habíamos escondido que Marta estaba en contacto directo con el creador del fenómeno, ya que ella era la que informaba de las interrupciones del vórtice, por lo que un simple seguimiento de la periodista para localizar su fuente sería tarea sencilla. Por todo ello, no me sorprendió la acción de los militares de capturarme. así a Marta, que no pudo más que mantenerse en silencio aterrada por la contundencia de la acción militar. Pese a ello, tuvo el aplomo de grabar la acción con su teléfono, estupefacta en cualquier caso por la demostración de fuerza y violencia. Al llegar al exterior del periódico, ya estabilizado sobre mi propio paso, pude comprobar como una fila de al menos 10 vehículos negros con cristales tintados esperaban afuera. La comitiva de la oficina solo había sido parte de la escenificación. En la calle, teléfonos en mano, las personas que se encontraban presentes servían de altavoz a través de sus dispositivos para el resto del mundo. Me introdujeron en los asientos traseros de uno de los transportes, dejándome acompañado en el asiento entre medias de dos enormes militares que apestaban a sudor rancio, un olor que reconocía más propio de adolescentes que de adultos. La puerta del vehículo se cerró de un portazo al entrar el copiloto, arrancando el vehículo hacia un destino desconocido, al [música] menos para mí. Y bien, ¿a dónde nos dirigimos?, pregunté casi [música] irrisorio. El copiloto, que llevaba un traje militar, pero de un tono ligeramente diferente al de los otros, me respondió sin girarse y viéndome a través de un espejo convexo situado en la parte superior de su asiento que producía una curiosa deformación de su cara. Al llegar le responderán a sus preguntas, espetó sin opción a más diálogo. Llamaba la atención la notable diferencia de su estructura física con respecto al resto de militares. Más delgado y con una altura que pude adivinar menor incluso que la mía. Pasaron los minutos en el vehículo [música] y ninguno de los ocupantes parecía tener intención de hablar. Aunque seguí intentando sonsacar algo de información, toda pregunta parecía inútil. A mi recuerdo venía por momentos la figura aterrada de Marta grabando móvil en mano. Es sorprendente como la humanidad ha dejado de esconderse o huir ante un hecho violento para pasar a grabarlo [música] sin pensar en su propia integridad. Esta evolución de la reacción frente a situaciones de violencia reflejaba un cambio cultural y tecnológico profundo y, en muchos sentidos, desconcertante. [música] En tiempos pasados, el instinto primario ante un acto de violencia era el de esconderse o huir buscando refugio y seguridad. Esta respuesta estaba arraigada en el deseo de autopreservación, un reflejo instintivo de proteger la propia vida ante el peligro. Sin embargo, hoy en día esta tendencia había dado un giro sorprendente con la proliferación de dispositivos móviles equipados con cámaras, la omnipresencia de las redes sociales, la reacción instintiva de muchas personas ante situaciones violentas había cambiado radicalmente. En lugar de alejarse del peligro, había una creciente inclinación a grabarlo, a documentarlo a través de los dispositivos, como si capturar el evento en vídeo fuese más importante que salvaguardar la propia integridad del cámara. tenía una teoría al respecto del porqué de esta situación [música] y era la sensación de desapego de la acción que proporcionaba la pantalla del dispositivo. Detrás de la lente, los individuos se sienten alejados del peligro real, como si estuvieran viendo la violencia a través de una ventana segura, [música] sin darse cuenta de que están físicamente presentes y por lo tanto en riesgo. era al fin y al cabo la desensibilización hacia las violencias, alimentada, [música] por supuesto, por la constante exposición a la misma. Lo que antaño aturdía y aterrorizaba a un espectador, [música] ahora se había convertido, para algunos, en material digno de ser compartido y discutido. [música] Una compleja mezcla de la influencia de la tecnología en la conducta humana, la búsqueda de reconocimiento en las redes sociales y posiblemente una alteración en la percepción del riesgo y la empatía hacia los afectados por dicha violencia. Un ejemplo sorprendente y preocupante de cómo la tecnología puede distorsionar nuestras respuestas humanas más fundamentales y primarias. Capítulo 16. El viaje duró unas 3 horas, tiempo que supe aprovechar para mi descanso. Los últimos días habían sido agitados y el cansancio comenzaba a pesar sobre mí. Siempre tuve gran facilidad para evadirme mediante el sueño en casi cualquier situación. Y en este caso, en el que nada de lo que hubiese hecho adelantaría mi llegada al destino, aproveché para dar unas cabezadas, despertándome aleatoriamente sobre el brazo de los militares que me habían servido de almohada y que sorprendentemente habían respetado mi descanso permaneciendo inmóviles en todo momento. Llegada la noche, la comitiva de vehículos se desvió de la carretera por un camino sin señalizar con abundantes baches que me despertaron de forma incómoda. Capítulo 17. La sala era un modelo de sobriedad, [música] un imponente espejo que insinuaba las habituales presencias ocultas detrás del mismo y una mesa gris con dos sillas básicas enfatizaban una austeridad calculada. Las paredes [música] estaban construidas con bloques dispuestos de forma descuidada, sin detalle en sus juntas. Un detalle constructivo que apreciaba en sobremanera. Tampoco hubiese contratado al pintor de la [música] estancia, no le había puesto mucho empeño en la aplicación de la pintura gris de la pared, añadiendo un aire de desazón al lugar. Y lo más sorprendente, la ausencia [música] de cámaras en el techo, una omisión inusual en una sala de estas características y que mi imaginario echaba en falta. Ante mí solo se encontraba el militar que me había acompañado como copiloto en el viaje. "Hable", dijo sin mediar presentación. "¿Qué hable?", respondí de forma juguetona. El militar apoyó sus manos sobre la mesa mientras se acercaba a mi cara hasta una distancia que él intuía me molestaría. Permanecí inmutable a su afrenta. Mi trabajo en esta entrevista continuó sin alejarse de mi cara ni un ápice. Consiste en aclarar la anomalía. ¿Cómo se supone que lo hace? Espetó al fin. Llevo varias semanas intentando explicar al mundo mi descubrimiento dije mientras me recostaba ligeramente sobre la silla y no he conseguido ser escuchado, así que decidí usar un buen altavoz. Quiero que me explique cómo lo hace", dijo mientras hacía un ligero gesto con su cabeza de asentimiento hacia el espejo. En ese momento accedió a la sala un hombre delgado de pequeñas gafas metálicas con un atuendo común de calle que difería por su sencillez con el ordenado traje del militar. Llevaba en la mano mi maletín. Mi maletín. Con lo violento de la situación, me había olvidado por completo de que lo dejara en la oficina del periódico. ¿Me puede explicar qué es esto?, preguntó dubitativo mientras sacaba de dentro un porteador. Podría, pero creo que no lo va a entender, dije juguetón. Haga un esfuerzo, por favor", dijo con una mezzla de sinceridad y pudor. Su humildad en la formulación de la petición me ablandó, haciéndome ser más benevolente con el nuevo personaje. Se llama porteador de átomos. Es un dispositivo con dos partes, una denominada origen y otra destino. Está pensado para trasladar fluidos de un lugar a otro. ¿Y quién se supone que ha inventado este dispositivo? ¿Usted? Sí. Yo solo quiere que crea que usted ha inventado esto. Solo sí entiendo que le parezca extraño, pero no puedo ayudarle a comprenderlo. El militar apartó de malas maneras a aquel hombre que aparentaba confuso por mis explicaciones. ¿Se encuentra usted ahora mismo en una situación delicada? Decía mientras daba pequeños toques sobre mi maletín con su dedo índice derecho. Y quiero ayudarle a salir de ella. Lo primero que tiene que hacer es desactivar el dispositivo y que Niagara vuelva a su estado natural. De esta forma nos dará la credibilidad de que es usted el responsable real del efecto. Si aún no creen que yo sea el responsable, ¿qué hago aquí sentado? Respondí como el que no tiene nada que perder. Lo segundo, continuó el militar sin darle mayor importancia y esquivando mi embate. Explicarle a nuestro científico cómo funciona el dispositivo, dijo mientras reposaba su mano sobre el hombrecillo. Será retenido en estas instalaciones mientras no lo haga, dijo de espaldas a mí mientras salía de la sala. ¿Y cómo pretende que le explique el funcionamiento? Para mí sería como explicarle a un niño de parbulario el modelo de física cuántica. Estoy seguro que sabrán entenderse", dijo con ironía mientras salía de la habitación. El científico y yo nos quedamos solos en la habitación viéndonos sin muchas esperanzas de llegar a un acuerdo fácil. "¿Cuál es su especialidad?", pregunté sin mucho interés para romper nuevamente el incómodo silencio. "Soy científico multidisciplinar. ¿Puede hablarme sin tapjo sobre el dispositivo?" No oculté mi sorpresa ante la respuesta. Multidisciplinar. En otras palabras, ¿es usted un polía, un científico del Renacimiento? Dije con sarcasmo. Creí que en la actualidad se premiaba la especialización a diferencia del conocimiento amplio y variado, aunque ligero. Por favor, respóndame. ¿Por qué motivo tiene este dispositivo en su bolso si aparentemente no tiene ninguna utilidad? ¿Qué no tiene utilidad? Este es un dispositivo completamente funcional, simplemente no lo sabe usar. No he encontrado forma de activarlo. Lo hemos escaneado y es macizo, sin tecnología en su interior ni fuente de alimentación. Aquel joven empezaba a enternecerme con su inusitada inocencia. ¿Acaso la energía necesaria para que un código de ordenador funcione procede del código en sí? La energía nos rodea. ¿Y cuál es esa energía que usted dice que nos rodea? Creo que no le comprendo bien", dijo el científico. "No importa que lo entienda, con que yo lo sepa es suficiente." "Esta es mi propuesta", dije casi despreciando su lógica duda al respecto de mis vagas explicaciones. "Creo que no está en condiciones de realizar ninguna propuesta", me interrumpió mientras se levantaba de su silla. "Además, alardé, no creo que lo llegase a comprender. Inténtelo, por favor." Sabía que este no era el camino que tenía que seguir, pero lo iba a intentar. Y si le digo que el dispositivo saca la energía de la propia descomposición cuántica del fluido. En cuanto terminé la frase, pude ver una chispa de comprensión en los ojos del científico. No intentó ocultar su sorpresa. Mi sinóptica descripción había desafiado su comprensión convencional de las fuentes de energía. podía percibir como su pensamiento lateral comenzaba a tomar forma, explorando las posibilidades de lo que acababa de escuchar. Sin embargo, se notaba que la radicalidad de la idea todavía luchaba por encontrar un lugar en su esquema de pensamiento. ¿Cómo puede ser?, preguntó. La descomposición cuántica es un proceso que ocurre a nivel subatómico en ciertos fluidos. Imagínese átomos y moléculas en un estado fluctuante de energía. En ciertos momentos surgen concentraciones de energía o excitaciones que son inestables y acaban por desintegrarse, liberando energía en diferentes formas. Pero eso contradice el principio de conservación de la energía, me replicó. Correcto. No se trata de crear energía de la nada. Es más bien una cuestión de aprovechar y redirigir la energía liberada durante la descomposición cuántica. Y cómo controla ese proceso subatómico manipulando la gravedad a pequeña escala. Eso es imposible, dijo convencido. Imposible para usted, afirmé tajante. Capítulo 18. El agua dulce del miágara regaba abundantemente la planicie de Mara y el tono marrón del desierto se volvía parduzco. Ver brotar del dispositivo destino el agua con una fuerza descomunal era en sí mismo un espectáculo fantástico. A su vez, el calor del desierto evaporaba el agua que impregnaba la tierra yerma, creando grandes nubes que descargaban nuevamente sobre la planicie. Este fenómeno contrarrestaba el Albedo, es decir, el efecto que debido al color claro de la arena reflejaba los rayos solares impidiendo la formación de nubes. Ahora, con la arena oscurecida por la humedad, este impedimento desaparecía, permitiendo que estas se formaran y enriquecieran la Tierra con el preciado bien. Se estaba volviendo a crear el ciclo, un ciclo que 10,000 años atrás convertía el que ahora es un desierto inhóspito en un verde vergel, el [música] Sájara. Capítulo 19. Llevábamos solo unos pocos minutos hablando el científico y yo cuando el militar volvió a entrar en la sala. Y bien, ¿qué es lo que quiere a cambio de que nos entregue el control sobre el dispositivo?, preguntó el militar al cargo. El 30% del PIB de la ONU entregado en oro por cada año que tengan posesión del dispositivo y sin exclusividad de uso, le espeté sin pausa y en tono serio. Para mí esto era como un juego en el que el objetivo es lograr la máxima puntuación y al mismo tiempo completarlo. Es normal que te sientas confuso por mi petición, lector. Al fin y al cabo, en la vida no siempre se nos anticipan las cosas. A menudo vamos descubriendo su lógica solo al avanzar paso a paso a través del tiempo. Es en ese caminar, en esa lenta revelación donde radica la verdadera magia de vivir y de leer. ¿Está usted loco? Dijo de forma pausada y sin alterarse, como si de pronto entendiese mi petición como una fantasía emanada de mi mente. Nuestro encuentro experimentó una breve pausa, segundos durante los cuales el militar permaneció inmóvil, sumido en sus pensamientos. Fue entonces cuando comprendió que no se hallaba frente a una mera fantasía. ¿Comprendido? Transmitiré su petición. Nos quedamos el dispositivo y lo dejamos libre. Vaya, con qué autoridad me requisan el porteador. Dije con una falsa sorpresa. Más que atrevido, lo considero un imprudente, indicó mientras se disponía a salir. Su situación es del todo delicada y aún así se permite comportarse como si no tuviese nada que perder. Su libertad está en juego, aunque no en esta ocasión, pero estaremos siguiendo sus pasos. Queda libre. dijo mientras cerraba la puerta con una energía que demostraba claramente su malestar. Capítulo 20. El conductor del vehículo que me transportaba me había devuelto a un lugar cualquiera fuera del centro donde me tenían retenido. Ya era de día y lo primero que quise hacer fue llamar a Marta. Sí, todo ha ido bien. No me han golpeado ni nada por el estilo, simplemente me han quitado el dispositivo. Era personal militar de la ONU. No te preocupes, volveré a la ciudad en pocos días. Tengo transporte, pero tengo algo pendiente de arreglar antes de volver. Tranquila, te mantendré informada de lo que ocurra. Capítulo 21. Habían pasado 8 semanas desde el encendido del porteador en Niiagara, pero obviamente la cantidad de agua que brotaba en el desierto aún no era la suficiente para hacer retroceder el efecto de la modificación climática de la zona. Exacervada en gran medida por la actividad humana a lo largo de los años. [música] En adición a los procesos naturales del planeta, llegaba el momento de tomar una decisión más audaz. Para revitalizar ampliamente [música] el terreno árido que me rodeaba y dar un golpe definitivo a la demostración, necesitaba aumentar significativamente el volumen de agua transportada. [música] Pero, ¿cuál sería el lugar óptimo del que transportar el agua sin generar un posible impacto ecológico negativo que dañara la imagen de mi acción? Mi elección recayó en el lugar único y aislado en el vasto océano, el Pacífico Sur, el punto Nemo, [música] el punto oceánico más remoto de la Tierra, distante de cualquier costa y conocido por su extraordinaria [música] soledad y baja biodiversidad. Las corrientes marinas y las condiciones atmosféricas habían creado un entorno con escasa vida marina, lo que la convertía en una zona prácticamente hierma, similar en desolación a las regiones [música] que intentaba revitalizar. La temperatura del agua, que apenas [música] alcanzaba los 6 grados en la superficie y la notable ausencia de fauna, reforzaban mi convicción de que era el lugar ideal para iniciar el traslado masivo de agua sin perturbar significativamente los ecosistemas marinos. [música] Instalé en el punto Nemo un nuevo macroporteador sobre la superficie del mar, programado para que solo portease los átomos del fluido destinados a ser agua dulce, evitando el que también transportase la salinidad, convirtiéndola así en el [música] mismo transporte en agua dulce, ideal para la irrigación del terreno. Los destinos de este nuevo puente eran múltiples. Coloqué destinos [música] en diferentes desiertos de América y África a la vez. A medida [música] que el agua comenzaba a transformar el paisaje desértico, era crucial tener en cuenta el impacto ambiental de tales cambios. Los lodazales que se formaban eran monitorizados cuidadosamente por los propios habitantes para evitar daños significativos a la fauna local, creando corredores de fauna y sistemas de drenaje controlados para proteger los ecosistemas nativos. Este enfoque consciente buscaba asegurar que cualquier alteración en la flora y fauna fuera mínima y manejada de manera responsable. En cualquier caso, la voracidad del yermo terreno a la hora de tragar el agua recibida minimizaba el dramatismo que el ingente volumen de agua podría producir. Los dispositivos destino tenían además la disposición para que el agua irrigada fuese lanzada [música] como una cortina y así convertir el agua en una suave lluvia ampliamente repartida. Mi meta no era simplemente transformar el desierto, sino revitalizarlo de una manera que respetase [música] y protegiese la diversidad de la vida que allí habitaba. Este delicado equilibrio [música] entre la innovación tecnológica y la conservación ecológica era fundamental para que el proyecto fuese bien asumido por la expectante humanidad. Durante todo este tiempo, Marta me acompañaba en mis continuos movimientos por los puntos de acción de [música] mi experimento. Documentando con su cámara y sus apreciaciones el proceso, había empezado a comprenderlo de tal forma que se sentía capaz de opinar sobre él mismo para aportar sus ideas de mejora. Estaba alineada con mi forma de ver el proceso, aunque aún [música] no le había contado nada sobre mis intenciones reales. Capítulo 22. [música] No era mi primera misión de seguimiento como investigador para el departamento de interior, pero esta era excepcionalmente ridícula. Me habían solicitado realizar el seguimiento del pseudocientífico de moda, un Moisés mesiánico que decía controlar las aguas. Hasta el momento solo tenía de referencia el pequeño periódico en una zona deprimida de la ciudad. Lo había visto entrar un par de veces en los últimos días, pero me resultaba desconcertante su facilidad para escabullirse al salir e impedirme realizar un correcto seguimiento de sus hábitos. Los servicios secretos no habían conseguido localizar ningún teléfono ni dispositivo móvil de acompañamiento asociado al supuesto científico, por lo que mi seguimiento era básico y rudimentario, basado en el perseguirlo allá donde fuera. Cada vez que lo veía salir, en apenas unos segundos, se me escamoteaba entre la gente y las calles. Mi única opción había sido pinchar el teléfono del periódico. Mi única opción había sido pinchar el teléfono del periódico y desde aquí localizar las citas en que la periodista y él quedaban. Aunque estas llamadas eran pocas, detectaba en sus conversaciones que su relación se iba endulzando con el paso del tiempo. Me resultaba curiosa también la poca información que los servicios secretos habían conseguido extraer con nombre de personaje de videojuego. Sen, ¿qué nombre absurdo era ese? Mi propuesta hubiese sido más simple, detenerlo en cualquier momento de su salida a la calle e interrogarlo. Pero por alguna razón que desconocía esta propuesta era, a los ojos de mi jefe, peligrosa. En una de las visitas que realizó al periódico, la periodista le acompañó por la calle, con lo que en esta ocasión me fue sencillo seguirlo hasta un pequeño polígono abandonado en las inmediaciones de la zona desde la que se despidió de la periodista adentrándose en una de las naves abandonadas. Estuve esperando a que saliese durante el resto de la tarde hasta que anocheció. En el interior de la nave no se veía luz alguna, por lo que decidí a última hora investigar qué estaba pasando realmente dentro. Aunque debía ser cauteloso, me habían avisado que no entrase en contacto bajo ningún concepto con el investigado. [música] Capítulo 23. La falta del habitual estruendo de las cataratas había creado un extraño pero atractivo silencio, una especie de vacío sonoro que resonaba con igual potencia que el anterior rugir de las aguas. Esta paradoja atraía a multitudes, convirtiendo lo que una vez fue un espectáculo de la naturaleza en una muestra de su ausencia. Marta y yo nos unimos a la creciente multitud en el mirador, una tarde con nubes tristes. La visión de las cataratas secas era impactante. Los turistas con cámaras en mano capturaban imágenes del lecho rocoso expuesto, antes oculto bajo toneladas de agua rugiente. Algunos visitantes parecían desconcertados, otros fascinados y algunos incluso trataban de teorizar sobre las causas de este fenómeno. Nuevamente todos los datos que Marta había entregado sobre el origen de mi invención al mundo eran puestos en duda por los conspiranoicos que encontraban en estos hechos un nuevo anuncio del fin del mundo. Con su libreta de notas en mano, observaba con ojos agudos cada detalle, cada reacción de la gente. Yo sabía que ella estaba viendo más allá del mero acontecimiento. Estaba presenciando el impacto humano y emocional de este cambio inesperado en la naturaleza. Aquí tienes tu historia", me dijo sin apartar la vista del paisaje. La naturaleza ha dejado un vacío y la humanidad ha venido a llenarlo con su curiosidad, sus miedos y sus teorías. Es como si este silencio les hablara más que el rugido de las aguas. Asentí con la cabeza mirando a nuestro alrededor. Los vendedores ambulantes ya habían adaptado sus mercancías al nuevo atractivo turístico. Vendían camisetas con imágenes de las cataratas antes y después, postales que mostraban el contraste sorprendente y hasta grabaciones del sonido de las cataratas que ya no existía. ¿Crees que entenderán la importancia de lo que estoy haciendo? Pregunté todavía contemplando el panorama. Marta sonrió con una mezcla de melancolía y esperanza. Quizás no todos, pero algunos lo harán. Y tal vez eso sea suficiente para que comiencen a cuestionar y explorar más profundamente lo que significa este hecho. Como periodista, esa es mi misión, fomentar esa curiosidad y búsqueda de la verdad. Mientras el sol comenzaba a bajar, dejándose entrever por las nubes, bañando el lugar en tonos anaranjados y sombras alargadas, pensé en el porteador de átomos y en cómo una sola acción había alterado no solo el curso físico del agua, sino también el flujo de la percepción humana. Las cataratas del Niiagara, ahora en su inusual estado de calma, se habían convertido en un símbolo del cambio, de la impermanencia y, paradójicamente de la incesante búsqueda humana por comprender y conectar con el mundo a su alrededor. "Sen, ¿crees en Dios?" La pregunta de Marta me tomó por sorpresa. Es una pregunta interesante, Marta. Para mí, Dios es más un concepto individual que una entidad universal. Tomé un momento para reflexionar buscando las palabras adecuadas. Varía para cada persona. Continúe reflejando sus propias creencias y valores. Entonces, ¿no crees en un Dios único como el del cristianismo? ¿No te resulta curioso que la mayoría de las personas creen en el Dios de sus padres? ¿No es extraño que estén tan seguros de que ese es el Dios verdadero? Para mí, la idea de Dios a menudo sirve para justificar acciones, atribuyéndolas a un mandato divino. Es una forma de dar sentido a nuestra existencia efímera. Prefiero enfocarme en lo tangible y demostrable, como en la física cuántica. La superposición cuántica, donde las partículas existen en múltiples estados al mismo tiempo, no recuerda eso a la noción de Dios omnipresente, pero de maneras diferentes para cada persona. Marta parecía abrumada por un torrente de preguntas. Eso suena más a ciencia que a fe, concluyó finalmente. Posiblemente, pero ciencia y fe no tienen por qué ser excluyentes. Quizás lo que llamamos Dios es simplemente un aspecto del universo aún no comprendido. Si imaginas que el universo es una especie de simulación, ¿no sería el creador de esa simulación un dios? Ya he oído esa teoría antes. No es una idea nueva, admití. Es una perspectiva abstracta, pero podría tener sentido", dijo Marta reflexionando lentamente sus palabras y mirando hacia las cataratas. "Marta, ¿quién puede determinar dónde termina la ciencia y comienza lo divino?" Un rayo de luz dorada que se escapó entre las nubes iluminó en ese momento el rostro pensativo de Marta. Impulsado por una mezcla de admiración y una conexión más profunda, sentí la necesidad de expresar mis sentimientos. Me acerqué a ella, mis ojos fijos en los suyos, buscando en ellos una señal. Marta, comencé con apenas un susurro. Hay algo que necesito decirte. Ella se giró hacia mí con una expresión de curiosidad en su rostro. Dime, respondió con cierta duda. Toqué su mano con suavidad, sintiendo su calor y la textura de su piel. Ella no me la apartó en todo este tiempo. En medio de esta locura. He encontrado algo constante, algo que me ha dado esperanza y me ha mantenido centrado. Ella me miraba ahora una mezcla de sorpresa y expectativa en sus ojos. ¿Y qué es eso? Eres tú, Marta, no solo tu pasión por la verdad, sino tú como persona. Aunque sabía que nada estaba en juego en esta conversación, reconozco que notaba mi corazón golpeando con una fuerza inusitada en mi interior, propio de los nervios irracionales, ante [música] la posibilidad de no ser correspondido. Mi racionalidad luchaba contra la corriente de emociones que amenazaban con desbordarse. Al observar a Marta, cada rasgo de su rostro parecía cobrar un nuevo significado, un recordatorio palpable de lo que estaba a punto de revelar. Vi el asombro en sus ojos, seguido de un suave rubor en sus mejillas. Lentamente me incliné hacia ella, cerrando los ojos y rozando mis labios con los suyos en un beso tierno y lleno de emoción. Por un momento sentí que ella correspondía, pero luego con un movimiento suave pero firme, Marta se apartó poniendo una distancia entre nosotros. Sus ojos, ahora llenos de confusión y sorpresa, me miraban buscando las palabras correctas. No esperaba esto", dijo su voz temblorosa. "Tú eres magnífico y lo que hemos compartido ha sido extraordinario, pero nunca lo vi de esta manera", recalcó lentamente. "¿Me has cogido por sorpresa? Disculpa." Sentí una mezcla de rechazo y comprensión. Lo siento, Marta. No quería ponerte en esta situación. solo necesitaba expresarlo. Ella tomó una respiración profunda buscando recomponerse. Entiendo y te agradezco tu sinceridad, pero no creo que debamos ir por ahí. Digamos que no eres mi tipo de persona. Comprendí que quizás lo que nos separaba no era tanto un asunto de compatibilidad, sino más bien una cuestión de orientación personal. Nunca había considerado la posibilidad de que sus intereses románticos fueran diferentes a lo que yo había asumido. Lo entiendo y lo respeto, Marta. Asentí sintiendo una ola de emociones. No dejaré que esto afecte nuestra misión. Marta asintió con una mezcla de alivio y aprecio en sus ojos. Gracias, Sen. Eso significa mucho para mí. Nos quedamos allí bajo el cielo que se oscurecía, cada uno sumido en sus propios pensamientos, pero unidos por un entendimiento mutuo y un respeto que trascendía las palabras. Capítulo 24. El renacer de los desiertos se manifestó con rapidez, mostrando vastas extensiones, antes hiermas, ahora llenas de vida. Esta revitalización, fruto de un suavizado clima global, no fue recibida con agrado por todos. Las grandes corporaciones que habían calculado sus beneficios basándose en el anterior estado climático, se vieron descolocadas por este giro inesperado. Al contrario de lo que deseaban, la nueva armonía climática, impulsada por una innovación disruptiva que yo había ayudado a crear, desafiaba sus proyecciones económicas. Esta ironía no pasó desapercibida. Aquellos que una vez planificaron el futuro del planeta con base en sus intereses, ahora enfrentaban un escenario completamente alterado, uno que favorecía el equilibrio ecológico sobre la ganancia financiera. Este cambio radical, aunque positivo para el planeta, planteaba un desafío directo a los poderes establecidos, forzando a una reevaluación de las estrategias a largo plazo en un mundo que finalmente empezaba a sanar. Capítulo 25. Debo admitir que el encuentro pactado con aquellos supuestos empresarios, tal como Marta me los había descrito, me generaba cierta confusión. Su insistencia por conversar conmigo había sido notable y aunque no formaba parte de mis planes iniciales, opté por aceptar su solicitud, pensando que no tenía nada que perder. La reunión se llevaría a cabo en la sala del periódico, el espacio que ya habíamos establecido como nuestro centro de trabajo, un lugar que el director del diario había continuado facilitándonos, motivado por los sustanciosos beneficios económicos que mi relación con su empleada le aportaban. Los dos hombres entraron en la sala elegantemente vestidos, destacaban el uno del otro por la notable diferencia de edad. [música] Uno de ellos, el más joven, de unos 35 años, con un brillante pelo negro engominado y detalles dorados de estilo clásico resplandeciendo en su traje, se movía con una confianza que rozaba la arrogancia. El otro de unos 60 años, cuyo rostro desprendía cierta tristeza, vestía un traje negro con camisa a juego y un gorro clásico que le confería un toque enigmático a su figura. [música] Parecía absorber cada detalle de la habitación con su mirada, intensa y calculadora. Los tres nos sentamos al unísono en las viejas [música] sillas de la oficina cuya madera respondió con su habitual que tejido. ¿Sabe? Empezó el joven mirando alrededor. Este lugar me recuerda a una escena de una de esas películas [música] antiguas. El padrino. Siempre me fascinó cómo se tejían las redes del poder en rincones [música] tan mundanos como este. Un clásico dije sonriendo, pero dudo que estemos aquí para discutir sobre cine. Por supuesto que no, dijo mientras se inclinaba hacia adelante. Estamos aquí para hablar de posibilidades de futuro, de transformación, gesticuló con la mano como si dibujara visiones en el aire. Usted, señor Sen, [música] es un hombre de visiones, un moderno Prometeo. Me fascinaba lo impertérrito del personaje mayor hacia nuestra conversación. Permanecía en todo momento reclinado con los dedos unidos delante de la cara, mirándome fijamente, sin prestar atención a su partener. "Sen [música] continuó el joven. ¿Alguna vez ha reflexionado sobre la historia de Prometeo? Un titán que desafió a los dioses al robarles el fuego y entregárselo a la humanidad. un regalo de poder, de conocimiento. Prometeo dijo bajando la voz como si no quisiera que nadie más que yo le escuchase. Se preocupaba por los humanos. Sin embargo, Zeus, el rey de los dioses, había decidido que los humanos debían vivir en la oscuridad y la ignorancia. Prometeo les robó el fuego del Olimpo para que estos pudieran prosperar y los humanos lo recibieron con alegría. Zeus, furioso, castigó a Prometeo encadenándolo a una roca en el Cáucaso, donde un buitre se comería su hígado al amanecer de cada día. Al mismo tiempo, cada noche, [música] el hígado de Prometeo se regeneraría, permitiendo al Ave volver a comerlo a la mañana siguiente, perpetuando el sufrimiento y dolor de Prometeo. Un castigo emblemático en la mitología griega por su naturaleza cruel y eterna, diseñado para ser un tormento sin fin. Tienen una peculiar forma de presentarse, dije con profunda ironía y sonrisa velada. Pero Zeus también quería vengar a la humanidad por beneficiarse del fuego. Continuó sin atender a mi comentario. Había creado a Pandora, la primera mujer. [música] Pandora estaba llena de curiosidad. Sabiéndolo, Zeus le dio una caja que le prohibió abrir, pero Pandora [música] no pudo resistirse y al abrir la caja liberó todos los males del mundo, como la enfermedad. [música] La vejez y la muerte, castigando así a lo que más amaba Prometeo, la humanidad. Como ves, Sen, una historia sobre el bien y el mal, [música] la libertad y lo que más nos atañe, la restricción del poder por parte de los dioses. Conozco la historia, dije con una sonrisa cautelosa. Prometeo pagó un precio alto por su audacia. ¿Es eso una advertencia? No, por favor, ¿por [música] quién nos toma? Dijo con cierta ironía. tan solo una pequeña lección de historia. Es mi especialidad, [música] ¿sabe? Ciertamente la técnica que usaban era agresiva, pero no niego que captó mi atención su monólogo y las oscuras implicaciones ocultas. Prometeo", dijo inclinándose nuevamente hacia adelante y bajando la voz, trajo el cambio, pero a un costo personal enorme. [música] "Estamos aquí para hablar de un cambio, pero a diferencia de una recompensa. De una gran recompensa. Las recompensas pueden ser tan engañosas como los castigos." Apunté. [música] ¿Qué tipo de recompensa están sugiriendo? ¿Y si le dijera que podemos ofrecerle algo sumamente más tangible que el fuego? algo verde y no me refiero a la energía sostenible", [música] dijo sonriendo astutamente. "Una suma que haría feliz a cualquier dios en la tierra." "El color del dinero siempre ha sido atractivo, pero depende de cuánto verde estemos hablando." Señalé sin alterarme lo más mínimo por su presunta oferta. "Mi invento no es solo un juguete tecnológico, es una llave hacia un nuevo futuro." El hombre silencioso permanecía impasible a nuestra conversación. petrificado como analizando las estrategias de dos jugadores. Pero incluso los inventores necesitan algo [música] más que admiración y reconocimiento", continuó el joven engominado. Necesitan seguridad, estabilidad. [música] Un colchón verde. Un colchón verde suena cómodo, pero mi sueño es mucho más grande que cualquier colchón que me puedan ofrecer ustedes. Dije, restándole importancia a su oferta. Entonces, [música] ¿qué es lo que busca el reconocimiento mundial? Ser recordado como el nuevo Prometeo. [música] ¿Se da cuenta que el enfado de los dioses puede ser mayúsculo? Dijo cambiando el tono a más duro mientras se recostaba en la silla cruzando los brazos. No busco ser encadenado a una roca si eso es a lo que se refiere. Busco equilibrio en la transacción, algo que vaya mucho más allá del valor monetario que una empresa me pueda ofrecer, como el oro que un gobierno me pueda dar. Créame, el valor del porteador está muy por encima de sus posibilidades, aseguré con desprecio. Prometeo trajo el fuego. Un cambio dijo el joven riéndose levemente. ¿Usted qué trae exactamente? Porque el fuego, en manos equivocadas puede ser destructivo. Insinúa que no puedo manejar mi propio fuego. El hombre silencioso pareció despertar de su aparente letargo, mostrando una voz ronca, machacada quizás [música] por el tabaco, y poniéndose de pie e imponente, habló. Veo que usted, Sen, es un visionario, [música] un arquitecto del cambio climático en una escala que nunca imaginamos posible. No negaré los beneficios que su trabajo ha traído a la humanidad. Sin embargo, en este juego de equilibrios, cada acción tiene su reacción. Sus intervenciones han alterado el valor de tierras y regiones, trastocando el equilibrio económico. Hizo una pausa, asegurándose de que sus palabras calaban en mí. No lo interpretamos como un acto de maldad hacia nosotros, dijo reflexivo, sino como un efecto colateral de una noble intención. Sin embargo, como representante de intereses empresariales, debo señalar que este cambio repentino ha provocado una redistribución de riquezas y poderes y no todos los ven con buenos ojos. Nuestra propuesta busca un equilibrio entre su visión y las realidades económicas actuales. Queremos poder gestionar estos cambios por un bien común. Más bien suena a su propio bien común. Respondí con ironía. Sen, no subestime la gravedad de la situación. Continuo. Está jugando con fuerzas que pueden desestabilizar no solo el clima, sino también el orden económico y social. Si no está dispuesto a colaborar, [música] podríamos vernos obligados a tomar medidas más directas. No queremos un conflicto, pero protegeremos nuestros intereses a toda costa. Creo que esta conversación está tomando un tinte ridículo y ha perdido el interés. Asentí mientras hacía un pase con la mano invitándolos a irse. "Considere bien sus decisiones, Sen", dijo el hombre mayor abandonando la sala. Incluso los titanes en su apogeo están a solo un paso del abismo. Capítulo 26. No era la primera noche que me tocaba guardia en el coche y mi columna empezaba a resentirse. Estaba dolorido de tantas horas sin moverme, esperando en el coche por aquel hombre que había entrado en la vieja nave industrial. Todo estaba envuelto en una calma total, sin un solo susurro que perturbara la paz. Decidí salir finalmente del vehículo para estirar un poco las piernas. Eran las 4 horas de la madrugada. Mi ligero paseo de estiramiento me llevó hacia la puerta de la nave industrial que había elegido como refugio mi vigilado. Su aspecto era el de una fortaleza descuidada con una seguridad que no parecía particularmente robusta. Sin embargo, opté por no forzar la entrada, buscando una alternativa más discreta para averiguar qué secretos ocultaba su interior. El área industrial, con sus naves desgastadas por el paso del tiempo y el abandono, presentaba un aspecto sombrío. Vi entre la sombra un muro parcialmente de ruido que ofrecía una oportunidad única. Desde su cima quizás podría alcanzar los ventanales elevados de la nave situados a unos 3 m del suelo y que desde la calle eran inaccesibles. [música] Estos ventanales, en su elevada posición podrían ser mis ojos hacia el misterioso interior. Al trepar, [música] el silencio de la noche se hizo más sensible, roto solo por el ocasional crujir de algún ladrillo suelto del muro. Desde mi atalaya improvisada, [música] la escena dentro de la nave era desconcertante. oscuridad total, sin indicio de movimiento [música] ni presencia humana. Sin embargo, estaba seguro de que el individuo al que seguía no había salido en ningún momento. ¿Dónde podría haberse escondido? Descendí del muro con estas preguntas rondando mi mente y me dirigí hacia la entrada principal, la misma por la que había visto entrar al sujeto. Armado con un hierro que encontré en el suelo y usándolo a modo de palanca, forcé la puerta, cuyo perno cedió con un estruendo que resonó en la quietud de la noche. Me detuve un instante, consciente [música] del ruido que había hecho y de que estaba desobedeciendo órdenes directas. Tras unos segundos de tensa espera, [música] abrí la puerta cuidadosamente. La oscuridad [música] adentro era tan absoluta como desde mi punto de observación externo. No se oían máquinas, ventilación ni alarmas. Un silencio sepulcral reinaba en el interior. Avancé cautelosamente, aprovechando la escasa luz que penetraba entre los cristales rotos, pero era tan poca que no me permitía [música] ver el suelo con la suficiente seguridad. Saqué de mi chaqueta la linterna que siempre llevaba durante mis guardias, [música] la encendí y descubrí que una vez más mi vigilado se había escamoteado. El interior de la nave estaba completamente vacío. Pero entonces, si este no era un almacén, ¿de dónde sacaba aquel extraño sus dispositivos? Y sobre todo, ¿dónde se encontraba ahora? Capítulo 27. Aquella mañana había quedado con una delegación de Canadá interesada en mi propuesta económica del porteador en un céntrico hotel de la ciudad. Salí de la nave industrial con mi maletín de cuero y un juego de porteadores en su interior que me servirían para algo que ya denominaba de forma jocosa como el truco. Aunque lo había realizado en multitud de ocasiones, no dejaba de disfrutar viendo la reacción de la gente al ver el efecto del agua entrando por un dispositivo y saliendo por el otro. En mitad de mi trayecto, un pequeño hombre me detuvo. Disculpe, estoy buscando un taller por la zona. ¿Conoce alguno por aquí? Me preguntó. Pues tiene que disculparme, pero no conozco ninguno. No soy de la zona, dije mientras trataba de esquivarlo sin más importancia. No es de la zona, dijo quedando parado mientras yo me alejaba. Vaya, creí que sí lo era al verle salir del polígono. Hacía tiempo que había abandonado la zona industrial, por lo que solo si me hubiese seguido podría saberlo. Me detuve y me giré hacia aquel hombre. ¿Qué es lo que quiere realmente? Dije mientras tomaba una cierta posición de defensa augurando un problema. "Mi nombre es Alex y pertenezco al Ministerio de Interior", dijo acercándose a mí. Me quedé inmóvil esperando un previsible ensayado discurso. Mientras se acercaba a mí, se llevaba a la boca y encendía un destrozado pitillo que hacía buen tiempo había perdido su forma original de lo manido que estaba. "Llevo varios días siguiéndole", continuó Alex, y me ha sorprendido su habilidad para escabullirse [música] de mí, sobre todo esta noche en su nave industrial. "No me escabullo de nadie." Repetí con ironía el mismo término que él había usado. Ha sido usted el de la puerta. Entonces, creí que les enseñaban a abrir puertas sin que se notase. No me importaba lo más mínimo que usted supiese que había entrado, respondió. Pero, ¿sabe lo que más me ha extrañado? Dijo mientras daba una nueva calada a aquel asqueroso pitillo. Es que dentro de la nave no había nada. Y bien, ¿qué le gustaría que le respondiese a eso? dije enfrentándome a él. ¿Qué le parece si empezamos por la verdad? Respondió. La mayoría de las personas que quieren saber la verdad no buscan conocerla realmente, afirmé sin pausa. Tan solo buscan una respuesta que se parezca lo máximo posible a lo que quieren escuchar. Capítulo 28. Mi invento destinado [música] a revolucionar el transporte y la distribución de recursos no era bien recibido por todos. Corporaciones [música] y lobis políticos aferrados al estatus quo veían en mi innovación una amenaza a sus beneficios. [música] Los estados una amenaza a su hegemonía. Sin embargo, los impactos positivos eran evidentes. [música] Regiones áridas se transformaban en oasis y el calentamiento global parecía mitigarse. Pero mi éxito mundial tuvo una pérdida local. Marta, [música] incapaz de soportar un entorno de constante peligro y presión, se alejó de mí. Yo mismo me sentía acosado por amenazas de desconocidos cuyos propósitos se veían perjudicados por mi trabajo. A medida que las corporaciones luchaban por adaptarse a un mundo donde la escasez de agua ya no era un problema, mi interés en la compensación económica se desvaneció. Al igual que en un juego, [música] una vez que estás a punto de acabarlo, las monedas que te encuentras en ese camino final pierden su valor, dejan de ser importantes. En este nuevo panorama, [música] comunidades marginadas empezaron a prosperar, aprovechando las posibilidades que ofrecía el porteador de átomos. Observando [música] estos cambios, me sentí orgulloso, pero también preocupado. ¿Cuál sería el futuro político y económico de este nuevo mundo que había ayudado a reconfigurar? Quizás me había convertido en Pandora, desatando fuerzas que iban más allá de mi control. Las naciones y corporaciones debían adaptarse a un mundo donde el agua ya no era escasa. [música] Introduje en la población una variedad de dispositivos destino, [música] desde anillos capaces de suministrar agua a una familia hasta grandes unidades para industrias clave como la agricultura. La crisis del [música] agua ya formaba parte del pasado. Sabía que mi trabajo con el porteador de átomos estaba lejos de terminar. [música] Había desatado cambios significativos y ahora debía navegar en este nuevo mundo que había ayudado a crear. [música] Reflexionaba sobre estos asuntos en mi camino hacia la antigua nave industrial que usaba como portal entre mi mundo real y este. No me sorprendió completamente sentir el [música] frío metal de un revólver presionando contra mi nuca. El sonido [música] del disparo resonó brevemente antes de que la brusca sacudida de una muerte simulada me despertara. Siempre había sabido que mi interferencia en las delicadas ecuaciones económicas de poderosas entidades [música] podía ponerme en peligro, pero no había anticipado que ese riesgo se haría realidad tan pronto y [música] de esta forma. La primavera había llegado al desierto, [música] el frío, a los polos. Era un final tan falso como [música] poco creíble, pero así se había compilado. De parte del autor, [música] gracias por escuchar El porteador de átomos. M.