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ÚLTIMAS TENDENCIAS DEL ARTE

El Sujeto y el Poder | Michel Foucault

Últimas tendencias del arte - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

¿Alguna vez nos hemos parado a pensar en cómo llegamos a ser quiénes somos? Porque claro, no es solo una cuestión de biología o de las decisiones que tomamos. Hoy vamos a meternos de lleno en una de las respuestas más radicales a esa pregunta, analizando el famosísimo ensayo de Michel Foucault, el sujeto y el poder. Bien, este va a ser nuestro plan. Primero vamos a darle una vuelta a la idea que todos tenemos sobre el poder. Después veremos cómo ese poder nos va moldeando, cómo nos convierte en sujetos. Luego redefiniremos el poder como una acción, no como una posesión. Veremos el papel del Estado moderno en todo esto. Y para terminar nos haremos la gran pregunta, ¿hay excavatoria? ¿Podemos resistirnos? Para empezar a entender a Foucault, lo primerísimo es casi desaprender, olvidar lo que creemos que es el poder. Normalmente, cuando pensamos en poder nos viene a la cabeza el gobierno, una ley, la policía, algo que viene desde arriba y nos limita. Pero Foucault nos dice, "Ojo, mirad más de cerca." Nos invita a buscar el poder en el día a día, en las relaciones más cotidianas. Así que en lugar de verlo como una cosa que tiene el estado para reprimir, Fou lo plantea como una red de relaciones, de acciones que está en toda la sociedad. Es que no es algo que se tiene, sino algo que se ejerce. Y muy importante, su función no es solo reprimir, sino sobre todo producir, guiar lo que él llamaba la conducción de las conductas. Pero cuidado, analizar el poder no era el objetivo final de Foucault. Su verdadera, digamos, su obsesión era entender qué efecto tienen estas relaciones de poder. Es decir, cómo los van construyendo como sujetos, cómo nos convierten en lo que creemos que somos. De hecho, él mismo dijo que todo su trabajo se podría resumir en una gran pregunta. ¿A través de qué mecanismos a lo largo de la historia hemos llegado a vernos a nosotros mismos como un tipo concreto de sujeto? Foucault identifica tres grandes formas de objetivación que nos moldean. Primero, las ciencias que nos clasifican y nos estudian. Segundo, lo que llama prácticas divisorias que básicamente nos separan. El loco del cuerdo, el enfermo del sano. Y tercero, la subjetivación. que es el proceso por el que nosotros mismos aprendemos a vernos y a reconocernos dentro de esas categorías, como por ejemplo la de sujeto de sexualidad. Y aquí está la genialidad y la trampa de la palabra sujeto. Fíjate qué doble sentido. Por un lado significa estar sujetado, por otro controlado, pero por otro significa estar atado a una identidad propia, a la idea que tenemos de nosotros mismos. Es una dominación que viene tanto de fuera como de dentro. ¿Vale? Entonces, si el poder no es una cosa, ¿qué es? Pues la respuesta de Foucault es cuanto menos sorprendente. El poder no es un sustantivo, es más bien un verbo, es una acción. No es algo que se pueda acumular en un banco, por así decirlo. El poder solo existe cuando se está ejerciendo en la pura interacción entre personas. Es una dinámica constante, no algo estático. Y aquí Fouco hace una distinción que es crucial. Poder no es lo mismo que violencia. La violencia actúa sobre un cuerpo, lo fuerza, lo rompe, le quita todas las opciones. El poder, en cambio, actúa sobre las acciones de una persona que en principio es libre. no le quita la libertad, sino que la gestiona, la orienta, induce, seduce, pone las cosas más fáciles o más difíciles. Por eso a Fouco le gustaba más la palabra gobierno, pero en un sentido superamplio. Gobernar no es solo lo que hace el presidente. Gobernar es cualquier intento de guiar la conducta de los demás, desde cómo se organiza una familia hasta cómo nos gestionamos a nosotros mismos. Y esto nos lleva a una paradoja que es la verdad fascinante. El poder necesita de la libertad para poder existir. Piénsalo. Sobre alguien que está encadenado y no puede moverse, no ejerces poder, ejerces fuerza bruta. Y punto. El poder real necesita que la otra persona tenga opciones, un campo de acción para poder influir en su decisión. Muy bien. ¿Y cómo se ha extendido tanto esta forma de poder tan sutil? Foucault encuentra el origen en una técnica antiquísima que él bautiza como poder pastoral. Lo que hace tan potente al Estado moderno es que es capaz de hacer dos cosas a la vez que parecen contradictorias. Por un lado, nos gestiona a todos como una gran masa, como la población, lo que él llama totalización, pero a la vez se mete de lleno en la vida de cada individuo. Una técnica de individualización. Este poder que se fija en el individuo, según Foucault, viene del modelo del pastor cristiano. El pastor no cuida un territorio, cuida a cada una de sus ovejas. Tiene que conocerlas una a una, guiarlas, saber sus secretos para poder llevarlas a la salvación. Incluso se espera que se sacrifique por ellas. Pues bien, el Estado moderno coge este modelo, pero le cambia el objetivo. La salvación ya no es en el más allá, sino aquí y ahora. nuestra salud, nuestra seguridad, nuestro bienestar y los nuevos pastores son los médicos, los maestros, los trabajadores sociales, la policía, un montón de agentes que a la vez que nos cuidan nos gestionan. Vale, si el poder está por todas partes, estamos completamente atrapados. Foucault diría que no. De hecho, su lema era donde hay poder, hay resistencia siempre. Las luchas de hoy en día, como el feminismo o los movimientos por los derechos de los pacientes, ya no van solo contra un rey o un gobierno, van contra algo más difuso. Luchan contra las formas en que el poder nos etiqueta, nos define y nos ata a una identidad concreta. Se rebelan contra ese gobierno de la individualización. Por lo tanto, y esto es clave, la tarea política más importante hoy no es mirar hacia dentro para ver quiénes somos de verdad. Todo lo contrario. La verdadera libertad está en rechazar activamente el tipo de sujeto que las relaciones de poder nos han impuesto. Foucot al final no nos da soluciones, sino que nos deja con un reto enorme. Entender cómo funcionamos y cómo nos han construido es solo el primer paso. La verdadera tarea, la política y la personal empieza justo después, la de imaginar y crear activamente otras formas de ser. Si podemos rechazar lo que somos, la pregunta del millón queda en el aire. ¿Qué otras cosas podríamos llegar a ser?