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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I

Filosofía Vs Ciencia desde el punto de vista Antropológico

ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Vivimos en una época increíble, ¿no? Sabemos más que nunca sobre el ser humano y sin embargo parece que se nos escapa lo más importante. ¿Qué significa realmente ser humano? Pues bien, hoy vamos a meternos de lleno en esa tensión, en ese conflicto fundamental. Venga, vamos al lío. Este es el plan de vuelo para hoy. Primero, las dos grandes visiones del ser humano. Luego veremos la crítica que hace la filosofía y, por otro lado, cómo la ciencia nos desmonta. Después intentaremos juntar las piezas con la idea del humano como objeto y proyecto. Y para terminar hablaremos de la búsqueda de sentido. Empezamos por el principio. Claro. Vamos a poner sobre la mesa el gran conflicto. Dos formas aparentemente opuestas de mirarnos a nosotros mismos. Y aquí está la gran pregunta, la que da origen a todo esto. ¿Cómo puede ser que con la cantidad de datos que tenemos sobre nosotros, el genoma, la neurociencia, la psicología, sintamos que cada vez entendemos menos quiénes somos? Es una sensación extraña, ¿verdad? como si tuviéramos todas las piezas del puzzle, pero no supiéramos qué imagen forman. Vale, pues vamos a ver el primer punto de vista en este cara a cara. Nos ponemos del lado de la filosofía y su, bueno, su desconfianza hacia lo que la ciencia dice de nosotros. Y para entender esta postura, nada mejor que esta frase de Heidegger. Es brutal porque lo resume a la perfección. Dice que nunca hemos sabido tantas cosas sobre el ser humano, pero a la vez nunca hemos sabido menos lo que es el ser humano. Es esa idea clave, acumular datos. no es lo mismo que comprender la esencia. Esta tabla lo deja clarísimo. Fijaos, la ciencia se enfoca en las partes. La biología, la psicología. Nos ve como un objeto de estudio, quiere saber de qué estamos hechos. En cambio, la filosofía busca el todo, la esencia, nos ve como sujetos. Y la pregunta que se hace es, ¿quién soy? es la diferencia entre tener la receta y probar el plato. Así que, resumiendo la postura filosófica, para ella, la ciencia nos rompe en mil pedazos, nos convierte en un montón de datos sin conexión, nos estudia desde fuera como si fuéramos una roca o una planta y se pierde lo más importante, la experiencia de estar vivo, de ser un yo. Sostiene que los datos de la ciencia por sí solos no significan nada. Necesitan de la filosofía para tener un sentido humano. Muy bien, ya hemos escuchado a la filosofía. Ahora vamos a darle la vuelta a la tortilla. ¿Por qué la ciencia nos desmonta de esta manera? Ojo que no es porque se equivoque, es que es su método. Para que la ciencia pueda explicar algo, primero tiene que, bueno, que hacerlo pedacitos. es su forma de trabajar, analizar, medir, descomponer y con el ser humano pues hace exactamente lo mismo. Es lo que se llama la disolución metódica del sujeto. Y este método científico a lo largo de la historia nos ha dado unas cuantas bofetadas de humildad, por así decirlo. Primero, que no éramos el centro del universo, ZAS. Luego, que no éramos una creación especial, sino parte de la evolución. Otro golpe después, que ni siquiera somos dueños de nuestra propia mente con el inconsciente y más recientemente, que estamos condicionados por estructuras que ni vemos. Cada paso de la ciencia ha sido un pasito atrás para nuestro ego. Para entender a dónde nos lleva todo esto, vamos a usar una metáfora muy potente. Imaginemos que la ciencia construye un gran museo del ser humano. Paseemos por este museo. En una sala, la de biología, vemos nuestro cerebro, nuestro ADN, todo expuesto. En otra, la del lenguaje, las reglas que nos gobiernan. En la de la sociedad nuestros roles y en la de psicología, nuestras pulsiones. Todo está ahí perfectamente etiquetado, explicado tras una vitrina. Hemos recorrido el museo entero. Es fascinante. Lo explica todo, cada pieza, cada mecanismo. Pero al salir nos damos cuenta de algo. Falta una cosa. El museo explica el objeto humano, pero ¿y el visitante? ¿Dónde está el yo que ha estado recorriendo todas esas salas y mirando las vitrinas? Aquí es donde la cosa se pone interesante. ¿Son de verdad dos visiones irreconciliables o hay una forma de juntarlas? Vamos a ver si podemos construir un puente. Y la clave nos la da un filósofo, Merlow Ponty. Lo que viene a decir es algo potentísimo. Vale, sí, soy el resultado de un montón de causas biológicas, psicológicas, sociales, pero a la vez todo eso que sé, incluso lo que me dice la ciencia, lo sé desde mi propio punto de vista. Soy a la vez objeto y punto de partida. Y esta es la gran síntesis. Tenemos dos caras, por así decirlo. Por un lado está el qué somos. El objeto que estudia la ciencia, nuestro cuerpo, nuestra psique, todo lo que nos determina. Pero por otro lado está el quienes somos, el proyecto en que podemos llegar a convertirnos, nuestra capacidad de ir más allá de esos determinismos. Volvamos al museo para entenderlo. Lo que soy, el objeto, son todos los datos que hay dentro de las vitrinas. Mis genes, mi entorno social, la realidad que estudia la ciencia. Pero el quién soy, el proyecto es mi capacidad de ir más allá de todo eso, de darle un significado. Es ser el visitante que después de verlo todo sale por la puerta y decide qué hacer con su vida. Bueno, y después de todo este viaje intelectual, ¿esto para qué sirve en el día a día? Vamos a ver por qué entender esta doble naturaleza es fundamental. Pensemos de nuevo en el museo. Conocer todo lo que hay dentro, todos esos hechos científicos sobre nosotros es importantísimo. Pero la vida, la de verdad, no se vive dentro de un museo. Se vive fuera, en la calle donde hay que tomar decisiones. Y es ahí, fuera del museo, donde la filosofía se vuelve crucial. La ciencia nos dice cómo funcionamos, pero es la filosofía la que se atreve a preguntar. ¿Y todo esto para qué? nos ayuda a pensar en los valores, en el sentido que queremos darle a nuestra existencia. En definitiva, nos recuerda que saber cómo funciona el coche no te dice a dónde tienes que conducir. Así que cerramos con esta reflexión. La ciencia nos da el mapa de nuestro punto de partida, nos enseña los muros de nuestra propia celda, por así decirlo, nos dice lo que nos determina. La gran pregunta, la que solo cada uno puede responder, es, sabiendo todo esto, ¿qué proyecto elegimos ser?