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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA II

HACIA UNA FENOMENOLOGÍA HERMENÉUTICA CRÍTICA DE LA CULTURA

- Lista de reproducción ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA II https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGJFDlT5QONRwY0W_TT2H6Q

Transcripción

Hola, bienvenidas y bienvenidas. Hoy vamos a meternos de lleno en un tema que nos toca a todos de cerca, pero que es superclejo, la cultura. Y para no perdernos, vamos a usar una especie de mapa que nos dejó un filósofo increíble, Paul Ricor. Vais a ver qué herramienta tan potente para entender el mundo. Vamos allá. A ver, esta pregunta parece de trivial, ¿verdad? Usamos la palabra cultura para todo a todas horas, pero si nos paramos un segundo a intentar definirla, a que la cosa se empiece a complicar. Es un concepto mucho más escurridizo de lo que parece. Bueno, esta es la definición clásica, la de manual, por así decirlo. Y oye, no está mal como punto de partida. Nos da una lista bastante completa de qué cosas hay dentro de la cultura, el arte, las leyes, las costumbres, todo eso que vamos absorbiendo por el simple hecho de vivir en sociedad. Y aquí, justo aquí es donde Rickier da un golpe en la mesa. Él dice, "Vale, genial la lista, pero esto no es suficiente. Para entender de verdad la cultura no basta con saber sus ingredientes. La pregunta clave es, ¿de dónde sale todo esto? ¿Cuál es su origen? Su génesis. Si no respondemos a eso, nos quedamos en la superficie. Para ayudarnos, Ricoer nos propone un modelo con tres niveles. Es como mirar a la cultura con un microscopio de tres lentes. Empezamos por el primer nivel, el más fácil de ver, el más intuitivo, el mundo de las herramientas, de la tecnología, algo que en el fondo es de toda la humanidad. Esta es la base de todo. Pensemos en la cultura técnica como una gigantesca mochila que la humanidad lleva a la espalda y en la que va metiendo cosas sin parar. Cada invento, cada descubrimiento científico se suma a lo que ya había. Es una historia de acumulación, de progreso. Fijaos en los ejemplos, van desde algo tan básico como un martillo hasta un smartphone o una fórmula matemática. Lo más interesante de este nivel, según Ricoer, es que estas cosas, una vez inventadas tienen vocación universal. Da igual quien las invente. Por derecho, pertenecen a todos. Su destino es expandirse por todo el planeta. Muy bien, ya tenemos la caja de herramientas universal, pero ¿qué hacemos con ellas? ¿Cómo las usamos? Eso nos lleva directos al segundo nivel. Aquí es donde la cosa se vuelve más específica, más particular de cada sociedad. Aquí ya no hablamos de herramientas, sino de las reglas del juego. Hablamos de las constituciones, de los sistemas económicos, de las leyes, de la política, de todo centro amado que organiza la vida en común. Pasamos de la historia única y universal de la técnica a las muchísimas historias particulares de cada pueblo. Esta tabla lo deja clarísimo, eh, el contraste es brutal. En la técnica la palabra clave es progreso. Una vez que inventamos el avión, ya no volvemos a los carros de buelles. Pero en la política, en lo social, la palabra clave es ambigüedad. La historia puede ir hacia delante, pero también puede ir hacia atrás. Se puede conseguir una democracia y perderla. La experiencia política no se acumula de la misma manera, es frágil. Y con esto llegamos al nivel más profundo, al más fundamental, al núcleo que sin que nos demos cuenta le da sentido a todo lo demás. Llegamos al corazón ético de una cultura, su verdadero motor. Es que la expresión que usa Ricoer es una pasada. Núcleo ético mítico. Suena potente, ¿verdad? Y lo es. Se refiere a ese conjunto de valores, de imágenes, de símbolos, de sueños. si me apuras, que definen lo que un pueblo admira, lo que considera bueno, justo, bello, es su brújula moral. Y mucho ojo con esta cita porque nos lleva de cabeza a una de las ideas más sorprendentes y para mí más geniales de Requare. Va totalmente en contra de lo que solemos pensar. ¿Cómo que los instrumentos son abstractos y los valores concretos? Pero si parece justo al revés. Un martillo es algo que puedes tocar, es super concreto. Y la justicia o la libertad parecen ideas abstractas. Pues Ricor le da la vuelta a la tortilla. Él dice que un martillo en sí mismo es una idea abstracta y universal. Lo que lo hace concreto es el valor que una cultura le asigna. Se va a usar para construir un hospital o como un arma para oprimir. Son los valores los que aterrizan la herramienta en el mundo real y le dan un propósito concreto. Vamos a verlo con un ejemplo clarísimo. Paso uno, se inventa internet, una herramienta técnica universal. Paso dos, los gobiernos y las instituciones crean leyes para regular su uso. Eso es el nivel práctico. Pero el paso tres, el decisivo, es el evaluativo. ¿Para qué queremos internet? ¿Como una herramienta para la libertad de expresión? ¿Como una máquina de hacer dinero o como un instrumento de control? Son los valores de una sociedad los que al final inclinan la balanza y le dan su significado último. Vale, ya tenemos las tres piezas del puzzle sobre la mesa. Ahora vamos a ver cómo encajan, porque es al conectarlas cuando este modelo se convierte en una herramienta crítica brutal para analizar lo que pasa a nuestro alrededor. Esta tabla es oro puro. Fijaos en la columna de temporalidad. Es la clave. Cada nivel se mueve a una velocidad distinta. tiene su propio ritmo. El nivel técnico siempre baje adelante. Es una flecha hacia el futuro. El práctico vive en la incertidumbre del presente, en el tira y afloja político. Y el evaluativo, el de los valores, es mucho más lento. Está anclado en la memoria, en la tradición. Y aquí está el meollo de la cuestión. El gran reto, el gran drama de nuestra civilización es cuestionar el choque entre estos tres relojes que van a velocidades distintas. Pensemos en la inteligencia artificial, por ejemplo. La tecnología, el nivel técnico, avanza a una velocidad de vértigo. Las leyes, el nivel práctico, van a paso de tortuga intentando regularla. Y mientras tanto, el nivel de los valores nos obliga a hacernos preguntas profundísimas que vienen de muy atrás. ¿Qué significa ser humano? ¿Qué valoramos más? ¿La eficiencia o la creatividad? Esa tensión, esa fricción entre los tres niveles es el verdadero campo de batalla cultural de hoy. Muy bien. Y después de todo este análisis, la pregunta del millón es, ¿vale? ¿Y a mí esto para qué me sirve? ¿Por qué mirar el mundo con estas tres lentes puede cambiar nuestra forma de entenderlo? Pues si nos tuviéramos que quedar con lo esencial, hay tres ideas potentísimas que podemos sacar de todo esto, de revelaciones. La primera, la cultura no es algo que nos viene dado y ya está. No es un objeto de museo, es algo vivo que estamos creando y transformando todos los días. La segunda, es imposible entender un problema, sea económico, tecnológico, social, mirando solo uno de los niveles. Siempre están conectados y son los valores profundos los que tiran de los hilos. Y la tercera, la única salida para el choque de culturas, no es la imposición, sino la traducción, un esfuerzo paciente y empático por entender los valores del otro. Y para terminar, os dejo con una pregunta en el aire. Si aplicamos este mapa de riquer a nuestro mundo de hoy, a esta sociedad global, hiperconectada, hipertecnológica, ¿cuál diríais que es nuestro núcleo ético mítico? ¿Qué valores, qué creencias? ¿Qué símbolos son los que de verdad nos mueven? Es una pregunta difícil, sin duda, pero ahora, por lo menos, tenemos una herramienta mucho mejor para empezar a buscar la respuesta.