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ÉTICA II
🌅🧬 HORIZONTES INELUDIBLES: la IDENTIDAD HUMANA según CHARLES TAYLOR 🧠💭🧭💡
Resumen para estudio por Borja Brun
Grado de Filosofía - ÉTICA II Realizado en base a mis apuntes y usando la aplicación de Google: NotebookLM. Obviamente puede contener errores de lectura al tratarse de un automatismo. En cualquier caso es una aproximación inicial al tema llena de valor por sí misma y un medio —que no un fin—, para acercarnos con otra mirada a la temática que se trata.
Transcripción
Hola, bienvenidos a 10 en filosofía. Hola, hoy nos metemos de lleno eh con Charles Taylor y sus horizontes ineludibles. Un tema potente. Sí. Vamos a explorar un poco como este filósofo canadiense, bueno, cómo ve él la identidad y eso de la autenticidad. Hoy en día tenemos algunos fragmentos de su obra para guiarnos y la misión, a ver, es pillar porque según Taylor no podemos definirnos solos en plan, Robinson cruzó. Claro. ¿Y por qué ser auténtico necesita algo más que bueno que mirarse el ombligo? Exacto. La idea central es fuerte y para quien esté estudiando filosofía da mucho que pensar. Eh, a ver, cuenta pues que el ser humano hm se constituye en diálogo siempre dentro de marcos de significado que compartimos, aunque no querramos a veces, ¿ya? Y veremos como la autenticidad de verdad, la genuina, depende justo de esos horizontes que van más allá de la elección individual, de lo que a mí pues me apetece ahora mismo. Vale, pues empecemos fuerte. Taylor dice que la identidad no es monológica, o sea, que no la creamos solitos en nuestra cabeza. Eso es esto. Imagino choca bastante con esa idea tan de ahora del yo me hago a mí mismo, ¿no? Totalmente. Choca de frente, casi como si fuéramos, no sé, un avatar de videojuego que diseñas tú desde cero. Justo. Él enfatiza el carácter dialógico. Nuestra identidad se va se va forjando, hablando, interactuando, negociando significados, incluso peleándonos eh con los que llama otros significativos, la familia, los amigos, la cultura, hasta los memes. Claro. Aprendemos a ser quiénes somos a través de ellos, usando su lenguaje, sus valores, las críticas que nos hacen o que les hacemos. Ya, ya. Y ojo, incluso si te distancias o rechazas esas influencias, esa conversación interna, ese pique, digamos, continúa. Entiendo. La identidad es siempre relacional, como un partido de ping pong mental que no para nunca. ¿Entendido? Entonces esta visión dialógica pues pone en jaque la idea común de autenticidad, eso de ser fiel a uno mismo y punto. Exacto. Es aquí donde Taylor distingue entre ser auténtico y ser pues un poco egocéntrico quizás. Precisamente. A ver, Taylor no está en contra de la autenticidad, eh, al revés, pero la distingue mucho del narcisismo o de un individualismo un poco vacío. Vale, ser auténtico no es hacer lo primero que se te ocurra o inventarte una identidad nueva cada lunes. Claro, no es tan simple. No implica reconocer esa base dialógica, esa conversación constante y aceptar que hay cosas importantes fuera de mí. ¿Cómo qué cosas? Pues la naturaleza, la historia, la justicia social, el arte, la comunidad, la autenticidad real implica orientarse hacia esos valores que reconocemos como como significativos más allá de nosotros mismos. Y ahí es donde entran los famosos horizontes de sentido, ¿verdad? Ahí mismo. Suena un poco abstracto, pero Taylor usa un ejemplo que es bastante cómico para explicarlo. Sí, sí. El famoso ejemplo de definirse a uno mismo por eh tener creo que era exactamente 3,732 pelos en la cabeza. Ese es buenísimo. Es absurdo. Claro, porque es una característica totalmente irrelevante. No conecta con nada que colectivamente consideremos valioso o digno de atención. ¿Vale? Pues un horizonte de sentido es justo eso, el telón de fondo, el marco compartido cultural, ético, histórico, que hace que ciertas cosas, ¿como qué? como la verdad, la bondad, la belleza, la solidaridad, el conocimiento, pues que nos parezcan importantes, significativas, hacen que ciertas elecciones pesen. Entiendo. Para que mis elecciones personales definan mi identidad de forma auténtica, de verdad, tienen que hacerse en relación con uno de esos horizontes. Ya. Elegir, no sé, ayudar a un amigo, sí dice algo de ti. Contar tus pelos, pues no. Vale, vale, pillado. Entonces, Taylor le da como un toque de atención a esa idea tan extendida de que todo vale si yo lo elijo. Ese relativismo de andar por casa, ¿no? Correcto. Como si elegir qué serie ver tuviera la misma importancia para tu identidad que, no sé, elegir defender una causa justa. Exacto. Eso es lo que él critica como relativismo subjetivista hablando. El simple acto de elegir algo no le da valor automáticamente, no en términos de identidad profunda. Mm. Preferir pizza hamburguesa es es trivial. Las elecciones que nos definen son las que se inscriben en un marco donde algo importa de verdad, más allá de mi gusto del momento. Claro, sin esos horizontes compartidos, nuestras elecciones corren el riesgo de volverse, bueno, superficiales, de no construir nada sólido. Y esto nos lleva al peligro del narcisismo que mencionabas antes. Si me centro solo en mi yo, en mis elecciones triviales e ignoro esos horizontes, acabas en la trivialidad. Exactamente. Taylor advierte que buscar la autorrealización ignorando por completo a los demás, la historia, los deberes cívicos, eh cualquier sentido de trascendencia nos lleva a una vida empobrecida. Vaya. Y la paradoja es que esta cultura del yo, al centrarse tantísimo en la autodefinición sin referencias externas, sí, pues mina las propias condiciones esos horizontes que permitirían una autenticidad rica, significativa. Es como es como querer ser un gran chef, pero solo saber hacer sambiques de nosilla. Buena analogía. Vale, entonces resumiendo un poco para que para que nos hagamos una chuleta mental, sobre todo si estamos estudiando esto en la carrera, a ver cómo sería la autenticidad guay, la bien entendida por Taylor. Pues mira, no es rechazar lo externo o los valores compartidos, es dialogar con ellos, integrarlos críticamente, ¿vale? Es elegir y comprometerse desde un horizonte de valores que reconocemos como importantes, aunque no los hayamos inventado nosotros. Eh, entendido. Es una autenticidad, pues eso, dialógica, consciente de sus relaciones y conectada con algo más grande que el propio ego. Perfecto. Vamos a intentar un resumen final con con una regla nemotécnica. A ver si funciona esto. Venga. Pensemos en la identidad como montar un grupo de música genial. Filósofos roqueros. Me gusta. Necesitas tu instrumento y tu estilo. Esas son tus elecciones, pero también saber tocar con otros. El diálogo fundamental y entender de música, tener referente, saber qué suena bien y qué no. Ese es el horizonte de sentido. Claro. Decir mi identidad es que mi guitarra tiene seis cuerdas es como lo de los pelos. No dice nada. Trivial. El grupo o la identidad mola cuando hay diálogo musical y se toca dentro de un género, de un estilo con sentido. El horizonte. Bien visto. Así que para el examen mental. A ver, a ver esa chuleta. Identidad es un diálogo constante, no un monólogo aburrido. Horizonte, el HPS, horizonte posicionador de sentido que nos guía mejor que un GPS. Autenticidad. Ser fiel a ti y a algo más grande, auténtico y amplio. Relativismo blando, es un rollo pensar que todo vale igual si lo elijo yo. Reduccionista y ridículo. Narcisismo. El peligro de acabar en la nada. No mires solo tu ombligo. Ostras. DHRN, diálogo horizonte, autenticidad y algo más contra relativismo y narcisismo. Ahí queda eso. ¿Qué te parece? Jo, me gusta esa regla nemotécnica, muy gráfica. Sí, señor. A que sí. Y nos deja con una pregunta clave para seguir dándole vueltas. A ver, si estos horizontes compartidos son tan vitales para dar sentido y valor a nuestras vidas, ¿qué pasa en nuestra época? que a menudo sentimos que esos horizontes se fragmentan, se debilitan o incluso chocan entre sí. ¡Uf! Sí. ¿Cómo buscamos ser auténticos en medio de esa complejidad, sin caer ni en el relativismo ese vacío ni en la rigidez dogmática? Buena pregunta. Ahí lo dejamos para seguir pensando.