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ÚLTIMAS TENDENCIAS DEL ARTE
La sociedad del espectáculo | Guy Debord
Últimas tendencias del arte - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Creado con Notebook LM
Transcripción
La sociedad del espectáculo de Guide Bor se publicó en 1967, pero vamos a ver que su análisis de la modernidad sigue de una forma casi inquietante totalmente vigente. Nos vamos a centrar en sus argumentos filosóficos clave para entender de qué va todo esto. Fijaos qué curioso. Bebort no arranca con sus propias palabras. Empieza con esta cita de Feerbach y es una jugada maestra porque nos mete de cabeza en el meollo del asunto. Vivimos en un mundo invertido, un mundo donde la copia vale más que el original. donde la apariencia le ha ganado la partida al ser. Esta idea es la llave maestra para entender todo lo que viene después. ¿Vale? Para no perdernos en un texto tan denso, lo hemos organizado en cuatro bloques. Primero vamos a definir qué demonios es eso del espectáculo. Después veremos de dónde nace, cuál es su origen en la mercancía. Luego analizaremos sus diferentes formas y para terminar veremos cuál es la vía de escape que propone Deborth. Muy bien, pues empezamos por el principio. Primera parte, la separación consumada. Aquí es donde Debor pone todas las cartas sobre la mesa y nos define su concepto estrella. Esta es la tesis número uno del libro, así sin anestesia. Es una afirmación demoledora. Lo que nos está diciendo es que en nuestro mundo todo lo que antes se vivía de verdad en primera persona, ahora se ha convertido en una simple representación. La vida como tal ha sido reemplazada por su propia imagen. Y ojo aquí porque este es el punto clave y donde mucha gente se confunde. Para de Bor el espectáculo no es la tele, ni internet, ni la publicidad, no, esas son sus herramientas. El espectáculo, en el fondo es una nueva forma de relacionarnos, una relación social en la que todo, absolutamente todo, pasa por el filtro de las imágenes. ¿Y cuál es la consecuencia de esto? Pues la alienación pura y dura. Nos hemos convertido en espectadores de nuestra propia existencia. En vez de vivir, miramos. La vida se transforma en algo que observamos desde la barrera, un producto que consumimos pasivamente, en lugar de ser algo que hacemos, que nos pertenece. Bien, pero esta separación, esta vida de espectador, ¿de dónde sale? De Bard no se queda en una reflexión abstracta. Él conecta directamente el espectáculo con la economía, con el capitalismo. Esto no ha surgido de la nada. Tiene unas raíces muy concretas. Esta línea de tiempo es fascinante. Muestra la degradación que describe The Bard. Antes la vida se definía por el ser. Con el capitalismo pasamos a definirnos por el tener. Pero es que ahora en la era del espectáculo ni siquiera eso es suficiente. Ahora lo que de verdad cuenta es parecer. Es más importante tener la foto de algo que tener ese algo en sí. Y esta colonización es total. No deja títere con cabeza. La lógica de la mercancía, que lo convierte todo en algo que se puede comprar y vender, se escapa del mercado e invade cada rincón. La cultura, las amistades, nuestro tiempo libre, todo. Al final, el mundo que vemos, este mundo espectacular, no es más que el mundo de la mercancía hecho imagen. Y esta tesis, la 34, lo resume de una manera brillante. Es una de las frases más potentes de The Bort y con razón. Básicamente el espectáculo es la fase final del capitalismo, un punto en el que el capital ya se ha acumulado tanto que no solo produce cosas, sino que se produce a sí mismo como imagen. Continuamos. Entramos en la tercera parte, unidad y división. Porque claro, este espectáculo no es un bloque monolítico. Debord analiza cómo se adapta, cómo cambia de forma según el sistema de poder de cada sociedad. Debor identifica dos formas principales. Por un lado está el espectáculo concentrado. Este es el de los regímenes totalitarios, donde todo el poder y la ideología se concentran en una única figura o partido. Por otro lado, tenemos el espectáculo difuso que probablemente nos resulte más familiar. Es el de las democracias de consumo, donde un avalancha de productos y opciones nos da una falsa sensación de libertad. El concentrado es más descarado, por así decirlo. Hablamos del culto al líder, de la propaganda estatal a todas horas. del control policial visible. El poder aquí no se esconde, se muestra de forma autoritaria a través de una imagen central. El difuso, en cambio, es mucho más sutil. Lo vemos cada día en la guerra entre marcas, en la cultura de los famosos que nos venden estilos de vida y sobre todo en esa ilusión de que estamos eligiendo libremente entre cientos de opciones, cuando en realidad elijamos lo que elijamos, estamos reforzando el mismo sistema. Bueno, y llegamos a la última parte del libro, la parte propositiva. Después de este diagnóstico tan sombrío, ¿hay alguna salida? Debor cree que sí y la respuesta para él está en el proletariado como protagonista de la historia. La idea de fondo aquí es un rechazo total a la pasividad. Frente a esa impotencia que nos impone el espectáculo, de Bort, que bebe mucho de Hegel y Marx, defiende que la historia no es algo que nos pasa por encima y ya está. No, podemos y debemos tomar las riendas. Podemos dejar de ser meros espectadores para convertirnos en los autores. Esta cita nos dice quién es ese autor y no no es un gran líder, ni un genio, ni una élite, es lo viviente, es la gente produciéndose a sí misma, concretamente la clase que en la teoría clásica solo se posee a sí misma, el proletariado. El proyecto es que esa clase se adueñe de su mundo y de su propia historia. Y este proceso, según él, tendría tres fases. La primera, darse cuenta de la estafa, tomar conciencia de que vivimos una vida separada, alienada. La segunda, que esa conciencia individual se convierta en una conciencia colectiva histórica. Y la tercera, y más importante, pasar a la acción, acabar con la separación a través de la práctica, poniendo como ejemplo los consejos obreros, donde la gente gestiona su vida directamente sin intermediarios. El objetivo final no es solo un cambio de gobierno o de sistema económico, es algo mucho más radical. Es la disolución de las clases, el fin de la separación entre quienes dirigen y quienes obedecen. Es la autogestión de la vida, ni más ni menos. la recuperación de la experiencia directa.