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ÉTICA II
⚖️💡 Lo JUSTO y lo BUENO — ¡el eterno DUELO de la ÉTICA! 🧠🆚💥
Resumen para estudio por Borja Brun de:
Grado de Filosofía - ÉTICA II Realizado en base a mis apuntes y usando la aplicación de Google: NotebookLM. Obviamente puede contener errores de lectura al tratarse de un automatismo. En cualquier caso es una aproximación inicial al tema llena de valor por sí misma y un medio —que no un fin—, para acercarnos con otra mirada a la temática que se trata.
Transcripción
Bienvenidas y bienvenidos a 10 en filosofía. Hoy vamos a meternos en un tema, eh, yo diría que crucial, ¿no? La diferencia y la relación entre lo justo y lo bueno, siguiendo las ideas de Adela Cortina. Algo fundamental para empezar a orientarse en filosofía moral. Efectivamente, porque a ver, la filosofía desde los griegos ya se preguntaba cómo vivir bien, cómo ser felices. Pero claro, la pregunta es, ¿qué guía nuestras decisiones? lo que a mí me parece bueno, mi felicidad personal. O por otro lado, si hay unos principios de justicia, digamos, universales, que deberían estar por encima. Exacto. Esa es la tensión. Mi bien o el bien común justo. Vamos a intentar desgranar esto. Pues sí, es una cuestión clásica en ética. ¿Qué tiene más peso? ¿La felicidad, sea individual o colectiva? ¿O esas reglas, esos deberes que consideramos, bueno, que obligan a todos por igual? Veremos varias respuestas. Vale, pues empecemos. Hay como dos grandes bloques, ¿no? Por un lado, las éticas que llaman eh teleológicas. Eso es las que se fijan en el telos, en el fin, en las consecuencias. El utilitarismo es el gran ejemplo. Claro. Ventam 1000. La idea es que una acción es correcta si produce el mayor bien para el mayor número. Maximizar la felicidad general. Vamos, la utilidad manda. Así es. Se trata de calcular qué opción trae mejores consecuencias globales. Pero esto genera dudas, ¿verdad? Sacrificar los derechos de una minoría si beneficia a la mayoría, ahí es donde choca con otra forma de verlo. Totalmente. Ahí entra la otra gran corriente, las éticas deológicas con Kant como, bueno, como la figura central. Kant, aquí cambia el enfoque radicalmente. Sí, para Kant lo importante no son las consecuencias, sino el deber, la intención, la buena voluntad. Hay principios morales universales, deberes, lo que él llama imperativos categóricos. Vale, explícanos eso un poco. Imperativos hipotéticos y categóricos. Muy útil esa distinción. Sí, los hipotéticos son como instrucciones. Si quieres conseguir x, entonces haz Y. Dependen de lo que quieras lograr. Una receta, digamos. Exacto. Pero los categóricos son obligaciones morales absolutas. No mientas. Trata a los demás como fines, no como medios. Valen siempre, sin importar tus deseos o las consecuencias. Entendido. Entonces, para Kant, lo justo basado en estos deberes universales define el marco y dentro de ese marco cada uno busca su felicidad, su bien. Precisamente lo justo tiene prioridad y aspira a ser universal, mientras que lo bueno, la idea de felicidad es más personal, más subjetiva. Pero el utilitarismo también busca ser objetivo, ¿no? Calculando el bienestar. Sí, pero recibe críticas fuertes. Rolls, por ejemplo, o a Martias dicen que puede pisotear derechos individuales fundamentales en nombre del bien común. Claro. Y que hay cosas valiosas en sí mismas como la libertad, no solo porque sean útiles para la felicidad. Rolls insiste mucho en eso, en la prioridad de la justicia. En su libro Teoría de la Justicia dice que lo primero es asegurar derechos y libertades básicas iguales para todos. Eso es. Antes de ponernos a calcular el bienestar general, hay que garantizar ese suelo común. Diferencia entre la persona que busca su felicidad y el ciudadano que se guía por principios de justicia compartidos. Y esto nos lleva a la igualdad. Igualdad de qué exactamente? Buena pregunta. Rolls habla de bienes primarios, libertades, oportunidades, las bases para que cada uno pueda perseguir su plan de vida. Darking habla de igualdad de recursos. Es un debate importante. Claro, porque en sociedades tan diversas como las nuestras, con tantas ideas sobre qué es la buena vida, qué papel juega al Estado, debe ser neutral promover alguna idea del bien. Ahí es donde entra gente como Javermas con la ética del discurso. Ah, el diálogo. Sí. propone que las normas justas no vienen de una autoridad ni de la tradición sin más, sino que se deciden, bueno, se deberían decidir mediante un diálogo racional abierto donde todos los afectados puedan participar y buscar un consenso. O sea, lo justo no se impone, se construye hablando y lo bueno sigue siendo cosa de cada uno. Exacto. Lo justo busca la intersubjetividad, el acuerdo razonado. Lo bueno puede ser subjetivo. Y aquí conectamos perfectamente con Adela Cortina, la autora que nos guía hoy gracias al análisis de 10 en filosofía. Ella recoge mucho de esto, ¿verdad? Muchísimo. Su distinción entre éticas de mínimos y éticas de máximos es, yo diría que fundamental para entender esto en sociedades plurales. A ver, explícanos eso. Mínimos y máximos. Pues mira, los mínimos son esas exigencias básicas de justicia que compartimos o deberíamos compartir todos universalmente. Son como el suelo ético común, los derechos humanos, por ejemplo. Exacto. Respeto a la dignidad, libertades básicas, no hacer daño, principios por debajo de los cuales, como dice ella, caemos en la inhumanidad. Son exigibles a todos. Vale, esos son los mínimos. Y los máximos. Los máximos son los ideales de vida buena, los proyectos personales o grupales de felicidad, tu religión, tu filosofía de vida particular, tu concepto de autorrealización, lo que cada uno considera que le hace feliz. Eso es. Son ofertas de vida plena, invitaciones, pero no se pueden exigir a todos. Son respetables siempre que no vulneren los mínimos de justicia. Ah, claro, el Estado debe garantizar los mínimos para todos, pero ser neutral con los máximos que cada uno elija para sí. Justo. Esa es la clave para la convivencia en sociedades pluralistas. Lo justo, los mínimos, es universal y obligatorio. Lo bueno, los máximos, es personal y opcional. Y Cortina lleva esto más allá, al mundo globalizado. Habla de una ética cídica transnacional. Sí, porque los problemas son globales, necesitamos unos mínimos compartidos también a nivel mundial, basados en valores comunes, derechos humanos y sobre todo en el uso de la razón y el diálogo en la esfera pública global. Entonces, resumiendo un poco la visión de cortina que hemos repasado, para poder convivir tanto en nuestras sociedades diversas como en el mundo entero, hay que dar prioridad a lo justo, entendido como esos mínimos éticos universales que todos podemos y debemos compartir. Esa es la base. Sobre esa base de justicia mínima compartida pueden florecer las distintas maneras de entender y buscar la felicidad, la vida buena. Me parece una perspectiva muy potente, pero claro, queda una pregunta en el aire, ¿no? Una pregunta muy práctica. Siempre queda alguna, ¿sí? ¿Cuál? Pues si estamos de acuerdo en que necesitamos esos mínimos de justicia globales y que la vía es el diálogo racional, eh, ¿cómo nos aseguramos de que se cumplan de verdad? ¡Uf! Esa es la gran cuestión. ¿Qué mecanismos concretos pueden hacer que esos derechos y principios se respeten en todas partes, superando los intereses políticos, las barreras culturales y sin que sea una imposición de unos sobre otros? Es el desafío enorme pasar del ideal del discurso del acuerdo racional a la práctica global efectiva. ¿Cómo se aterriza esa ética de mínimos universal en la realidad política y social del mundo? Es algo sobre lo que seguir pensando, sin duda.