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Material Complementario

Plotino, el Neoplatonismo y el Camino hacia el Uno

Contenido extra: Plotino, el Neoplatonismo y el Camino hacia el Uno

Transcripción

Bueno, vamos a hablar de Plotinio y el neoplatonismo. Hay que decir que Plotinho vivió en el siglo I después de Cristo y es la figura clave del neoplatonismo, una corriente filosófica que mezclaba tres ideas para empezar, las de Platón, para continuar, los elementos de Aristóteles y por tercera, las religiones orientales. Platón, Aristóteles y religiones orientales. Plotinio tenía un discípulo que se llamaba Porfirio y nos cuenta que encontró a su maestro ideal. Plotinio encontró a su maestro ideal en un tal Amonio Sacas y desde ahí su vida cambió. Su sueño no era fundar una escuela teórica, sino una comunidad que viviera de forma filosófica. No dejó escritos. De hecho, lo único que conocemos de ese de él es a través de este discípulo Porfirio que he dicho antes. E incluso llegó a imaginar una ciudad, la Platonópolis, Platonópolis, gobernada por leyes filosóficas, pero su verdadera meta era mística, que el alma pudiera unirse al uno, el principio absoluto de todo, y que del hablaremos en breve. En cuanto a su dualismo y cómo lo consiguió superar, bueno, pues Plotinio parte de un dualismo típico, lo inteligible separado de lo sensible, lo inteligible sería lo eterno o lo espiritual y lo sensible que sería el mundo físico y cambiante. Pero a la vez intenta superar esta división de la siguiente forma, diciendo que todo provenía del uno, una fuente única y superior incluso a la inteligencia divina. La realidad se organiza jerárquicamente, según él, a través de un proceso de emanación, como si lo más alto rebosara generando lo que está más abajo, lo inferior, pero sin perder nada de su esencia. A su vez, todo lo que sale tiende naturalmente a volver a su origen. Este movimiento doble es esencial de ida y vuelta, de emanación y de retorno. Bueno, este es uno de los elementos más importantes de Protinio y se denomina las tres hipóstasis. Para entender el sistema que tenía, hay que ver las tres hipóstasis o niveles fundamentales de la realidad, no como cosas, sino como modos activos del ser, como formas de ser. Primero estaría el uno, que sería el principio absoluto. Después estaría el oigencia y por último estaría el alma, que también tiene una dualidad y que conecta lo inteligible con lo sensible. Es decir, es capaz de estar en ambos mundos, en el mundo físico como en el mundo de las ideas. Y cada nivel emana hacia abajo al al que está más abajo, sin ningún tipo de ruptura. Empezando por el uno. El uno es el más alto, es el que está más arriba y no es ni ser ni pensamiento. Está más allá de cualquier cosa que podamos imaginar o decir. Y no se puede definir por lo que es, sino por lo que no es. Es la fuente de todo, pero no se agota al dar, al emitir. Es pura unidad, plenitud absoluta. Podemos compararlo con una con una bombilla, con una luz radiada por una bombilla que no pierde intensidad en su emanación. Es causa de todo, incluso de sí mismo. Y en él coinciden voluntad, acto y esencia. Voluntad, acto y esencia. Debajo del uno está elus, que es esa primera emanación del uno, primera y inmediata, única. Es un pensamiento puro, una autoconciencia y totalidad. En él están todas las ideas de Platón como modelos eternos de las cosas. El Nou se contempla a sí mismo y en esa contemplación aparece la multiplicidad. es grandioso, pero todavía contiene dualidad, es decir, no es tan perfecto como el uno. Es pensamiento que piensa algo y por lo tanto este hecho, un pensamiento que piensa algo, ahí hay una dualidad y eso es lo que ya lo hace menos simple que el uno. Y por último tenemos el alma del nous emana el alma que también se divide a su vez en dos aspectos. Hay un alma superior que contempla al Nus, por eso decía esa dualidad. Un alma superior que contempla al Nus y un alma inferior que se proyecta contra el mundo sensible. Lo anima de alguna forma y le da y le da y le da esa forma que tiene, ¿vale? alma superior y alma inferior. La función del alma es conectar lo eterno con lo temporal. El alma del mundo organiza el cosmos como un logos, un principio razonal. Y el alma humana participa de esa alma universal, por eso puede ascender o descender según su orientación. En cuanto a la materia y el mundo sensible que era como fuera de esta estructura, de esta tríada, ¿no? Del uno, el nous y el alma. Cuando Plotinho nos habla de la materia y el mundo sensible, para él la materia está externa, está más abajo del proceso de emanación. No es un ser, ni siquiera un principio del mal, como decían los gnósticos. Es pura indeterminación. Ausencia total de bien. Sin embargo, Plotinio, en este caso no desprecia el mundo visible, al contrario, dice que es una maravilla. La belleza del mundo sensible refleja una belleza superior. El mal entonces no es una sustancia, sino que es un alejamiento del bien. En cuanto a cómo ve al hombre y al alma humana para Plotinio, nuestro verdadero yo como humanos es el alma, no el cuerpo. Y para él el alma humana tiene como tres niveles. La primer alma unida al Nus, una segunda alma que denomina racional, que piensa discursivamente, y por último, una alma inferior que lo que hace es como una marioneta que es movida, pues que anima al cuerpo. Alma unida al Nus, alma racional que piensa y alma inferior que anima al cuerpo. Este descenso al cuerpo podría ser visto como natural o como una caída, una especie de culpa espiritual. En cualquier caso, la meta es muy clara, recordar nuestro origen y purificarnos para volver a él. En cuanto a ese volver a él, ese retorno al uno, Plotinio propone un triple camino de retorno hacia el uno. El primero, purificarnos moralmente con virtudes como la justicia o la templanza. Una segunda vía sería cultivar la contemplación y las virtudes superiores como la sabiduría. Y por último llegar al éxtasis, que es una unión más allá del pensamiento. La filosofía para él, que en este camino no es solo teoría, sino una práctica de ascenso a través del arte, del amor y sobre todo del pensamiento en el que el alma se va elevando. Y para hablar de esta de esta de este éxtasis, de esta experiencia mística, para él era el punto culminante de la unión mística con el uno. Aquí ya no habría pensamiento, ni sujeto ni objeto. El alma se vacía de todo y se llena completamente de luz. Porfirio, recordar que era su discípulo, asegura que Plotinio tuvo varias veces esta esta este éxtasis y para él era algo inefable que no se podía describir. No se trata de una gracia que venga de fuera, como diría luego el cristianismo. Para Plotinio es el resultado de una vida filosófica intensa y de un trabajo interior profundo. La meta última no es ser un ciudadano virtuoso, sino llegar a ser Dios. Pero cuando dice que hay que llegar a ser ser Dios, no se refiere en absoluto a que el ser humano pueda convertirse en un Dios en sentido literal, como si fuera una entidad omnipotente o creadora al estilo de de una religión de tipo monoteísta. A lo que se refiere desde ese marco neoplatónico y profundamente místico, es que el alma humana debe asemejarse lo más posible al uno, que es la realidad suprema, el principio absolutamente simple, autosuficiente, inefable, que está más allá del ser, de la inteligencia y de todo lo que es múltiple. M.