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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN

Qué significa que el ser humano sea apertura o indeterminacion

Transcripción

A ver qué es lo que nos hace bueno. Humanos es la pregunta del millón, ¿verdad? Una que nos llevamos haciendo desde el principio de los tiempos y que hemos intentado responder con el arte, con la religión y, cómo no, con la ciencia. Y la ciencia, desde luego, nos da unas respuestas alucinantes. La biología, la psicología, la sociología, todas las ciencias humanas nos dibujan un mapa increíblemente complejo de lo que somos. nos dicen con un nivel de detalle que es una pasada qué somos. Pero un momento, ¿es esa de verdad toda la historia? O sea, si podemos desmontar a una persona en todas sus piezas, ¿significa que ya la hemos explicado por completo? Mm, aquí es donde la cosa se pone de verdad interesante, porque da la sensación de que falta una pieza, algo esencial, algo que se nos escapa entre los dedos de todas esas definiciones científicas. Y esa pieza que falta es lo que en filosofía se conoce como apertura y trascendencia. Y ojo, que esto no es nada místico, eh, se refiere algo muy muy concreto. A diferencia de una piedra o un árbol, el ser humano no está del todo terminado. Siempre hay una puerta abierta a lo que podemos llegar a ser. Pensemos en esta diferencia que es brutal. La existencia de un animal está en gran medida clausurada, cerrada por su instinto. Sigue un proceso biológico. La nuestra, en cambio, es una vida biográfica. No solo vivimos un proceso, sino que escribimos una biografía. Vamos, que somos un proyecto en construcción permanente. El filósofo Merlo Pontí lo clavó con esta frase: "No somos una simple parte del mundo, ni un objeto más de la biología. Es como si nos escapásemos de esa definición total. Y es justo en esa escapatoria donde reside lo más humano que tenemos. Vale, para entender bien esta apertura de la que hablamos, tenemos que bucear en un concepto clave que es la indeterminación. La indeterminación es, dicho de forma sencilla, justo esa cualidad. Significa que aunque nuestra biología y nuestro entorno social nos influyen una barbaridad, no nos definen al 100%. Siempre queda un espacio que no está escrito de antemano. Y ese espacio, ese núcleo irreductible es lo que las fuentes que analizamos llaman la mismidad. es nuestro yo más íntimo, esa parte que no se puede explicar solo por la genética o la educación que hemos recibido. Aquí está el giro fundamental. Las ciencias, por su propia naturaleza, tienden a vernos como un sujeto a Estamos sujetos a leyes, a estructuras, a causas, pero la filosofía nos propone vernos como sujeto de los sujetos de nuestras decisiones, de nuestra vida, los que tienen la sartén por el mango. Claro, esto tiene una consecuencia importantísima. Si no estamos del toco determinados, entonces ser humano no es algo que simplemente somos, sino que es una tarea que tenemos que llevar a cabo. Y lo más curioso de todo es que esta indeterminación no es un vacío, no es una falta de forma, es todo lo contrario. Es una necesidad radical, un impulso irrefrenable de darnos una forma a nosotros mismos, de decidir quiénes vamos a ser. Entonces, ¿cómo es este proceso de definirse? Pues a ver, empezamos con una realidad que nos viene dada. Claro, nuestra biología, la sociedad en la que nacemos. A partir de ahí nos damos de bruces con nuestra propia indeterminación, con ese espacio abierto. Esto nos obliga a interpretarnos constantemente, a preguntarnos, ¿y yo quién soy? Y la respuesta la vamos dando al tomar postura, al definirnos con nuestros proyectos y decisiones. Como decía el filósofo Ortega y Gaset, el ser humano no tiene naturaleza, lo que tiene es historia. Nuestra identidad no es algo que venga de fábrica, sino que la vamos construyendo con el tiempo, con cada paso que damos. Y todo este recorrido nos lleva a la conclusión final, al meollo de la cuestión. Para entendernos de verdad, la ciencia por sí sola no basta. Necesitamos entrar en el terreno de la filosofía. Aquí se ve la diferencia de una forma muy clara y también cómo se complementan. Las ciencias humanas estudian lo que el ser humano es, los hechos, las causas, lo que nos determina. En cambio, la antropología filosófica estudia la posibilidad y la libertad de ser humano. Es decir, estudia justo ese núcleo de indeterminación que la ciencia por su método no puede pillar. Así que, ¿por qué es necesaria esta perspectiva filosófica? Pues, en resumen, porque va directa al corazón de la libertad humana. Porque nos estudia como el proyecto que somos, no solo como el objeto que somos. porque pone sobre la mesa la tremenda responsabilidad de tener que definirnos y sobre todo porque su tema de estudio, esa indeterminación, está por definición más allá de lo que los métodos de la ciencia empírica pueden medir. Y con esta reflexión final nos quedamos. Si ser humano no es un estado, sino una tarea, una historia que cada cual debe escribir, la gran pregunta que queda en el aire es, ¿cómo se está construyendo entonces esa historia?