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LÓGICA I
¿Qué son? MODUS PONENS vs MODUS TOLLENS
LÓGICA I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Transcripción
¿Alguna vez hemos querido ganar una discusión con pura lógica, sin levantar la voz? Bueno, pues hoy vamos a desgranar dos herramientas clave del pensamiento. Claro, el modus ponens y el modus tolens. Parecen nombres raros, pero en cuanto los entendamos veremos cómo cambia nuestra forma de analizar y construir argumentos. Esa es la gran pregunta, ¿verdad? Porque no se trata de tener razón y ya, sino de que el razonamiento se sostenga. La validez de un argumento depende de su estructura. Es como los cimientos de un edificio. Si la estructura es sólida, el edificio no se cae. Hoy vamos a ver dos de los pilares más fuertes de esa estructura. Pensemos que la verdad es la cima de una montaña. Pues bien, para llegar a ella tenemos dos caminos. Uno es un camino directo de su vida que se basa en afirmar cosas. El otro es un camino de descarte basado en negar cosas. Los dos son igual de válidos y hoy vamos a recorrerlos para ver cómo funcionan. Empecemos por el camino de la afirmación, el modus ponens. El nombre que viene del latín ya nos da una pista, significa el modo que afirma. Su lógica es superd. Si sabemos que una causa provoca un efecto y vemos que la causa está ahí, podemos estar segurísicos del efecto. A ver, esta es probablemente la forma más intuitiva de razonar que usamos todos los días casi sin darnos cuenta. Si se cumple una condición que sabemos que lleva a un resultado concreto, pues ese resultado es inevitable. Es una cadena lógica que solo puede ir hacia delante. Esto de P y Q puede sonar un poco abstracto, pero imaginemos una fila de fichas de domino. La regla número uno, si P, entonces Q, nos dice que las fichas están bien colocadas. La P es la primera ficha, la causa, y Q es la última, el efecto. Si la segunda premisa nos dice P es verdad, es como si alguien empujara la primera ficha. ¿Qué pasa? Que la última Q va a caer sí o sí. Esta es la idea central del modus ponens. Aquí no hay espacio para la opinión ni la duda. Es una cadena de certeza. Si las premisas son ciertas, la conclusión está totalmente garantizada. Vamos a verlo con un ejemplo práctico. La primera premisa, si hay fuego, hay oxígeno. Esto es una ley de la física, no hay discusión. La segunda premisa, hay fuego. Lo estamos viendo. La conclusión, por tanto, es inevitable y científicamente sólida. Por lo tanto, hay oxígeno. Muy bien, ya hemos visto el primer camino. Ahora vamos a su contraparte, el modus tollens. Veremos cómo usa la negación, la ausencia de un resultado para llegar a una conclusión igual de sólida. Es como el arte de razonar hacia atrás. Pensemos como si fuésemos detectives. El modus tolens o el modo que niega es una herramienta fundamental. no busca pruebas de lo que sí pasó, sino que parte de que un resultado esperado no ha ocurrido para poder eliminar sospechosos. Por ejemplo, si la víctima no fue envenenada, podemos descartar el veneno como causa. La maquinaria lógica es la misma al principio. Si activamos P, obtenemos Q. Pero ahora la segunda pieza de información es que el resultado Q no ha ocurrido y esa certeza es la que nos permite dar marcha atrás y concluir que la causa inicial P nunca pudo haber sucedido. Esta es la idea clave. La ausencia del efecto invalida la causa. Si le damos al interruptor pero la bombilla no se enciende, es imposible que el interruptor esté funcionando. El resultado fallido nos obliga a cuestionar el punto de partida. Este ejemplo lo deja clarísimo. Premisa número uno. Si la luz está encendida es que hay electricidad, lógico. Pero ahora nuestra segunda premisa es no hay electricidad. El resultado que esperábamos no está. Por lo tanto, podemos concluir con total seguridad que la causa inicial, que la luz esté encendida, es imposible. Bien, entonces el punto crucial es entender que estas dos reglas son como imágenes en un espejo. Las dos parten de la misma afirmación condicional, pero una la aborda desde el principio y la otra desde el final. Aquí está el quid de la cuestión. El modus ponens es proactivo. Ve la causa y predice el efecto. El modus tolens, en cambio, es reactivo. Ve que el efecto no se ha producido y deduce la ausencia de la causa. Esta tabla resume la diferencia a la perfección. Fijémonos en la primera fila. La segunda premisa, en el PONEMS se afirma la causa P. En el tolens se niega el efecto Q. Y eso, ese pequeño detalle lo cambia todo. Ahora miremos la última fila, la de la dirección. El ponens va hacia delante de causa efecto, mientras que el tolens retrocede de no efecto a no causa. Bueno, ya hemos visto toda la teoría. Ahora, ¿cómo se aplica esto en el mundo real? Vamos a resumir cada regla en una sola idea, una idea clave que nos sirva para identificar y construir argumentos sólidos en nuestro día a día. Para recordar el modus ponens, quedémonos con esta frase. Es la lógica de la certeza, de lo directo. Si sabemos que si llueve la calle se moja y vemos que está lloviendo, la conclusión es simple y segura. La calle se está mojando. Y este es el resumen perfecto para el modus tollens. Lo que destaca es su increíble poder para eliminar posibilidades. Siguiendo con el ejemplo, si vemos que la calle está seca, es imposible que haya estado lloviendo. Es una forma muy elegante de ir descartando cosas. Así que, como hemos visto, la lógica no es solo para académicos en sus despachos, para nada. es el software con el que funciona nuestro pensamiento a diario. La verdadera pregunta no es si usamos estas reglas, porque la respuesta es que sí, constantemente. La pregunta es, ahora que las conocemos, ¿cómo podemos usarlas de forma consciente para pensar con más claridad y para argumentar mucho mejor?