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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Manual de iniciación a la historia antigua | Raúl Gonzalez Salinero
Tema 10 Italia antigua: desde su entrada en la historia hasta el fin de la Roma monárquica
Tema 10. Italia antigua: desde su entrada en la historia hasta el fin de la Roma monárquica
10.1. Los griegos de Occidente.
10.2. Los etruscos.
10.3. Las aldeas del Lacio.
10.4. Orígenes de Roma.
10.5. La monarquía romana.
10.6. La sociedad romana arcaica.
Creado con NotebookLM
Basado en el libro del profesor | Raúl González Salinero | Manual de iniciación a la historia antigua
2º Año de Grado de Filosofía UNED
Asignatura | Historia Antigua y Medieval
Transcripción
Hoy nos vamos de viaje a una península itálica que, bueno, todavía no conocía el poder de Roma. Vamos a explorar un auténtico mosaico de pueblos, de poderes y de influencias que estaban ahí compitiendo entre sí y que sin saberlo estaban sentando las bases de la civilización que un día dominaría el mundo. Vamos a ello. Nuestro recorrido de hoy lo vamos a hacer como si fuera un embudo. Empezamos con una vista panorámica viendo las grandes civilizaciones que dominaban la península. Luego vamos a ir cerrando el foco. Nos meteremos en una pequeña aldea del Lcio, veremos cómo se convierte en una ciudad bajo el mando de Reyes y para terminar analizaremos su compleja estructura social, esa que iba a definir todo su futuro. A ver, para empezar hay que situarse. Estamos sobre el siglo VII antes de nuestra era e Italia no era ni de lejos unaidad. Era más bien un campo de juego para dos potencias muy avanzadas. Por un lado, los griegos, que controlaban todo el sur, en lo que conocemos como la Magna Grecia, y por otro al norte el enigmático pueblo etrusco. Es que aquí vemos un abismo cultural de verdad. Cuando los colonos griegos llegaron, trajeron con ellos una sociedad superestructurada, con su escritura, su moneda, vamos, otro nivel. Para las gentes que vivían allí, organizadas en tribus y con una economía de pura subsistencia, fue como si llegara a gente de otro planeta, un verdadero choque de civilizaciones. Pero ojo, la vida en las colonias griegas no era precisamente un paseo. A pesar de que fundaron ciudades estado potentísimas, las poleis vivían en una tensión constante. Por fuera tenían la presión de los etruscos y los cartagineses, que no veían con buenos ojos su expansión. Y por dentro, por dentro los conflictos serán feroces entre las élites, las oligarquías y el pueblo, el demos. Un caldo de cultivo perfecto para que surgieran figuras autoritarias, los tiranos. Y ahora vamos con la otra gran potencia, porque si de los griegos sabemos mucho, los etruscos siguen envueltos en un halo de misterio. Y la primera gran pregunta que ya se hacía en la antigüedad es, bueno, ¿de dónde demonios salieron? El debate es fascinante. Eh, Heródoto decía que venían de Lidia en la actual Turquía. En cambio, Dionisio de Alicarnaso defendía que no, que eran de allí de toda la vida. Hoy la idea más aceptada es una síntesis. La civilización etrusca no vino de fuera, sino que fue el resultado de una evolución local de la cultura de Villanova, que se transformó por completo al entrar en contacto con todo el comercio y las ideas del Mediterráneo oriental. Ahora, en lo que no hay ninguna duda es en su brutal capacidad técnica. Eran unos maestros de la ingeniería capaces de desecar pantanos para cultivar. Su riqueza venía de la metalurgia, de las minas de la isla de Elva y de una agricultura tan buena que exportaban vino por todo el Mediterráneo. Y todo esto lo sostenían con una flota que les dio el control del mar, una auténtica talasocracia. Y bien, mientras estas dos superpotencias competían por el control, en una pequeña región del centro de Italia, en el Lcio, algo totalmente nuevo estaba empezando a cocerse. Vamos a ver cómo emerge este actor improbable en el escenario. El contraste es es que es la clave para entenderlo todo. Lejos de las ciudades sofisticadas de griegos y etruscos, el lacio era una tierra de pastores y de agricultores. estaban organizados en pequeñas aldeas, siempre en lo alto de las colinas, para protegerse de los valles, que eran zonas pandanosas. Claro, para explicar sus propios orígenes, los romanos se crearon una leyenda potentísima, una que los conectaba directamente con los dioses y con los héroes de Troya. Toda esta historia con Eneas, la loba, los gemelos, no solo servía para explicar su pasado, sino que legitimaba su destino de grandeza. era desde el primer día toda una declaración de intenciones. Pero claro, una cosa es el mito y otra muy distinta lo que nos dice la arqueología y la historia que cuenta es muy diferente. No hubo una fundación mágica en un día. Fue un proceso lento, orgánico. Lo que vemos es que varias aldeas dispersas por las colinas se fueron uniendo poco a poco. Y este proceso de fusión, los historiadores lo llaman sinecismo. El sinecismo, por tanto, es el concepto clave. Es el proceso por el cual un puñado de pequeños pueblos se unen, empiezan a compartir un centro político, un centro religioso y forman algo más grande, una ciudad. Y eso es ni más ni menos lo que pasó donde luego estaría Roma. Esta nueva unión de aldeas al principio estuvo gobernada por reyes y es justo durante este periodo la monarquía y sobre todo bajo la influencia de sus vecinos del norte, los etruscos, cuando Roma deja de ser un simple conjunto de cabañas para convertirse por fin en una ciudad de verdad. La tradición nos ha dejado una lista de siete reyes y aunque la existencia de los primeros es más que dudosa, la lista en sí misma es muy muy reveladora. El cambio es clarísimo. Los cuatro primeros son locales, latinos y sabinos. Pero los tres últimos, los tres últimos tienen nombres etruscos. Esto marca un antes y un después. Es el momento de la dominación etrusca sobre Roma. A ver, imaginemos esa Roma preetrusca por un momento, un conjunto de aldeas en las colinas, un asentamiento modesto, práctico, pero todavía sin ningún tipo de monumentalidad, sin la infraestructura de lo que consideramos una urbe. Y entonces, con la llegada de los reyes etruscos y todo su conocimiento, se produce una auténtica revolución urbana. Las viejas cabañas son sustituidas para casas de piedra. Se construye esa obra de ingeniería increíble que es la cloaca máxima para drenar el valle del foro y convertirlo en el corazón de la ciudad. Se levantan templos, murallas. Por fin Roma empezaba a parecer una ciudad. Bien, ya tenemos la ciudad, pero ¿quién vivía dentro? ¿Cómo se organizaban? Porque la sociedad romana de esta época no era para nada igualitaria. Estaba dividida de una forma superrígida con unas fracturas que iban a ser la causa de conflictos durante siglos. La pirámide social estaba clarísima, arriba del todo, una minoría muy pequeña, los patricios, la aristocracia, luego la inmensa mayoría de la gente, los plebellos. Y había una tercera figura, los clientes, que creaba unos lazos verticales que cruzaban estas divisiones. Y aquí está la clave de todo el asunto. Los patricios se veían como los descendientes de los fundadores, de las gentes originales y lo controlaban todo, la política, la religión, la tierra. Los plebellos eran el resto, campesinos, artesanos, comerciantes. Podían incluso llegar a ser ricos, pero estaban fuera del poder. Y aquí viene la gran contradicción. La que va a explotar. Era la base del ejército. Para entender cómo funcionaba esta sociedad tan desigual, es vital entender la clientela. Era una red de obligaciones mutuas. Un patricio poderoso, el patrón, protegía y ayudaba a gente más humilde, sus clientes, y a cambio estos clientes le daban sus servicios, su apoyo político, su lealtad incondicional, era, por así decirlo, el pegamento social que lo mantenía todo unido. Y este vínculo que se basaba en la fides, en la confianza, no era un acuerdo cualquiera, eh, era algo sagrado, tan importante que llegó a quedar reflejado en las primeras leyes escritas de Roma. Esta cita de las 12 tablas lo dice todo. Traicionar a un cliente no era solo una faena, era un acto que te convertía en un maldito ante los dioses. En definitiva, y para ir cerrando, la Roma de los Orígenes no fue una creación simple de un día para otro. Nació de la mezcla de influencias griegas y etruscas. Se construyó sobre un mito potentísimo y una realidad arqueológica mucho más humilde y desde el principio se organizó en torno a unas tensiones sociales muy muy profundas. Y todo esto nos deja con una pregunta flotando en el aire. Con una aristocracia que se aferraba a sus privilegios y una masa de plebellos que sostenía al Estado pero no tenía derechos. ¿Era sostenible ese modelo? Bueno, pues esa tensión va a ser el motor del siguiente gran capítulo de la historia de Roma, el nacimiento de la República.