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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I
TEMA 11 | La nueva visión sobre el origen del ser humano
Tema 11
La nueva visión sobre el origen del ser humano
Los estudios sobre primates y homínidos fósiles ofrecen una visión más compleja del origen humano. Cooperación, cognición y simbolización aparecen como rasgos progresivos, cuestionando explicaciones simplistas y reforzando una comprensión evolutiva, no lineal, del surgimiento del Homo sapiens.
Basado en el Manual de la asignatura Grado de Filosofía UNED:
Antropología Filosófica I. De la Antropología científica a la filosófica.
Javier San Martín Sala
Transcripción
La historia de cómo llegamos a ser humanos, pues resulta que está siendo reescrita por completo. Durante décadas creíamos que lo sabíamos todo, pero la ciencia más reciente le ha dado un vuelco a casi todo lo que dábamos por sentado. Así que hoy vamos a dejar atrás las viejas ideas para explorar una visión completamente nueva y la verdad bastante sorprendente de nuestros orígenes. Esta cita de Ortega y Gaset para mí es la clave de todo esto. Para entender qué nos hace únicos, lo primero es mirarnos en nuestros parientes más cercanos, los primates. Es justo ahí, en ese espejo, al fijarnos en lo que nos diferencia, dónde de verdad empezamos a encontrar las pistas sobre quiénes somos. Este va a ser nuestro recorrido de hoy. Empezaremos mirando a nuestros primos primates. Luego veremos una auténtica revolución en la idea de la evolución. Intentaremos resolver el enigma del altruismo, seguiremos las huellas de nuestros ancestros y, como no, terminaremos con la gran pregunta, ¿qué es lo que nos hace humanos? Venga, pues empezamos. Puede sonar un poco raro, ¿verdad? Pero para entender a dónde vamos es fundamental entender de dónde venimos. Ese pasado que compartimos con chimpancés y bonobos, ahí está la base de todo. Es el punto de partida para ver dónde y sobre todo por qué nuestro camino se desvió de una forma tan radical. Pero, ¿por qué empezar justo por los primates? Bueno, pues porque son como nuestra versión 0.0, ¿no? La versión original. nos muestran cómo éramos antes de las herramientas de piedra y los cerebros gigantes. La homología es sencilla. Si nuestros cuerpos se parecen, es lógico pensar que nuestros comportamientos también se parecían. Y luego está la analogía, que es casi lo contrario. Nos enseña cómo presiones diferentes, entornos distintos nos hicieron tomar caminos completamente separados. son, en definitiva, un espejo de nuestro pasado más profundo. Y aquí, ojo, llegamos a la idea central, la que de verdad lo pone todo patas arriba. Durante décadas, y hablo de décadas, pensábamos que un factor concreto había impulsado nuestra evolución. Pero la visión actual, bueno, propone un motor completamente distinto y mucho, mucho más potente. El cambio es brutal. Pasamos de pensar que todo giraba en torno a la boca, a la necesidad de comer, a darnos cuenta de que no, de que el verdadero motor era la reproducción, las estrategias sexuales, cómo nos emparejábamos. Eso es lo que de verdad nos dio forma. Y claro, este cambio de perspectiva lo replantea absolutamente todo. A ver, pensemos un momento en esto. Receptividad sexual constante, partos complicadísimos, crías que nacen totalmente indefensas. Son rasgos superhumanos, ¿no? A primera vista parece que no tienen nada que ver entre sí, pero y si os digo que todos tienen un único origen común, es que todos, absolutamente todos, son consecuencias directas y revolucionarias del momento en que nuestros ancestros se pusieron de pie. Y esto nos lleva a uno de los grandes enigmas de la biología evolutiva. Vamos a ver. Si se supone que la selección natural va de sálvese quien pueda, de la supervivencia del individuo, ¿por qué narices vemos actos de sacrificio en la naturaleza? Es que no tiene sentido. Es una contradicción en toda regla. Pensemos en la típica imagen, ¿no? La del suricato que se pone de pie y empieza a chillar como un loco para avisar de que viene un águila. Al hacer eso se está poniendo una diana a la espalda. está trayendo toda la atención del depredador para salvar al resto. Es el sacrificio definitivo. La pregunta es, ¿cómo es posible que la evolución favorezca un comportamiento que literalmente te puede costar la vida? Pues la solución, que es brillante, la dio un tal William Hamilton. Se llama selección de parentesco y la lógica es bueno, es aplastante. La cosa no va de salvarte a ti, va de salvar a tus genes. Imagínate un gen que te dice, "Sacrifícate por tus tres hermanos." Pues ese gen tiene muchas más papeletas para pasar a la siguiente generación que un gen que te dice, "Sálvate tú solo." Al final no estás salvando individuos, estás salvando el ADN de la familia. Vale, ahora que ya tenemos claras las reglas del juego evolutivo, ¿qué tal si viajamos en el tiempo? Vamos a conocer a los protagonistas de nuestra historia, a ver como cada uno de ellos fue poniendo una pieza en este puzle gigante que somos nosotros hoy. Fijaos en estas lifras, por favor. Es que no estamos hablando de siglos, ni siquiera de milenios, hablamos de millones de años. Para que nos hagamos una idea, la distancia en el tiempo que nos separa de Lucy es como mil veces la distancia que nos separa del Imperio Romano. Es una barbaridad. Cada uno de estos nombres no es un simple fósil, es un capítulo entero de nuestra historia, un salto evolutivo que tardó una eternidad en darse. Y Arpitecus es el ejemplo perfecto de este cambio. Es una pieza clave. Al ponerse de pie, la ovulación de las hembras dejó de ser vidente, se ocultó. Y esto, que parece un detalle, cambió las reglas del juego por completo. Los machos ya no tenían por qué competir a muerte entre ellos y, pum, sus caninos se redujeron. En vez de pelear, empezaron a cooperar, a invertir, por así decirlo, en las hembras y sus crías, dándoles comida. Y ahí nació la cooperación. Luego llega a Australopiticus y Lucy nos lo confirmó de una vez por todas. Primero nos pusimos de pie y mucho, pero que mucho tiempo después, nuestros cerebros empezaron a crecer. Pero la auténtica revolución de su época, la bomba, son las primeras herramientas de piedra. Porque una simple piedra afilada no es solo una piedra. ¿Qué va? Implica pensar en el futuro, enseñar a otros, dividir el trabajo, compartir la comida. Es la primera prueba tangible de que ahí ya había una sociedad compleja. Mirad, aquí se ve perfectamente cómo se van sumando las piezas del puzzle. Ardipiticus pone la cooperación, australopitecus, las herramientas y el compartir la comida. Y entonces llega Homo Erergaster e introduce algo que es radicalmente nuevo, el cuidado de los enfermos. Por primera vez vemos empatía, un sentido de comunidad tan fuerte que entre otras cosas es lo que le permite ser el primero mínido que se atreve a salir de África. Y con esto llegamos ya al último capítulo de nuestra evolución puramente biológica, la aparición de nuestra especie, el Homo sapiens. Y aquí es donde el debate se ha puesto muy, pero que muy interesante. ¿Cómo y cuándo nos volvimos modernos? Aquí no hay debate que valga. La revidencia es clarísima y es definitiva. Nuestra especie nació en África. Estos fósiles del río Homo son la prueba irrefutable de que toda la humanidad actual tiene un origen común africano de hace casi 200,000 años. Durante un montón de tiempo, la historia que nos contábamos era muy eurocéntrica. Se hablaba de un gran salto adelante, una explosión de creatividad que ocurrió de repente en Europa. Bueno, pues la arqueología reciente ha destrozado por completo esa idea. La historia de verdad es mucho más larga, mucho más gradual. El arte, las herramientas sofisticadas, el pensamiento simbólico, todo eso no fue una explosión de un día para otro, fue un amanecer muy muy lento que ocurrió en África a lo largo de miles y miles de años. Y ya para ir terminando, vamos a meternos con los elementos finales que nos definen, porque ya no hablamos solo de huesos y piedras, ahora entramos en el terreno de lo intangible, de esas fuerzas que no se ven, pero que son superperosas, la cultura y por encima de todo el lenguaje. La teoría de Dial, dice que el lenguaje no salió de la nada, fue más bien como un remix de habilidades que ya estaban por ahí. Por un lado, los primates ya tenían semántica. Un grito para águila, otro para leopardo. Eso es significado. Por otro, tenían una especie de sintaxis social para controlar el tú me la debes del altruismo. La genialidad humana fue juntar las dos cosas. Cogemos sonidos que no significan nada como p a n. Los juntamos para crear una palabra que sí significa algo, pan. Y luego cogemos esas palabras y creamos infinitas frases. Esa fue la chispa que lo cambió todo. Y este concepto es es muy potente. Nuestra evolución dejó de centrarse solo en la supervivencia del cuerpo, en la biología pura y dura y pasó a ser algo más, la construcción de una biografía. De repente empezamos a planificar el futuro, a cuidar de las crías como un proyecto a largo plazo. La vida dejó de ser simplemente vivir y se convirtió en tener un plan de vida. M.