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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Manual de iniciación a la historia antigua | Raúl Gonzalez Salinero
Tema 15 El surgimiento del cristianismo
Tema 15. El surgimiento del cristianismo
15.1. Palestina en el cambio de era.
15.2. La figura histórica de Jesús.
15.3. Ideología cristiana y cultura grecorromana.
15.4. Las persecuciones contra los cristianos.
15.5. Organización eclesiástica.
Creado con NotebookLM
Basado en el libro del profesor | Raúl González Salinero | Manual de iniciación a la historia antigua
2º Año de Grado de Filosofía UNED
Asignatura | Historia Antigua y Medieval
Transcripción
¿Cómo es posible que una pequeña secta judía que nace en un rincón perdido del Imperio Romano acabe convirtiéndose en una de las mayores fuerzas de la historia? Pues hoy vamos a desgranar ese complejo y fascinante viaje, el surgimiento del cristianismo. Para responder a esto, tenemos que meternos de lleno en un montón de factores históricos, políticos, ideológicos, todo lo que hizo posible esta transformación tan increíble. Vale, para entender cualquier cosa, lo primero es ir al origen y nuestro punto de partida es la Palestina del siglo iero. Imaginado un lugar que es un auténtico herbidero de tensiones políticas y a la vez de un fervor religioso tremendo. Todo ello, claro, bajo el control de Roma. Fijaos, el control de Roma sobre Palestina fue a más con el tiempo. Se pasó de un gobierno, digamos, indirecto con reyes locales como Herodes, a un dominio total y directo con procuradores romanos como el famoso Poncio Pilato. Y claro, este cambio no hizo más que aumentar la tensión y el resentimiento de la gente de allí. Y en medio de este ambiente tan tenso, la sociedad judía estaba además superdividida. Por un lado tenías a los saduceos, que eran más pragmáticos, más de llevarse bien con Roma, y en el otro extremo los celotes, que eran de guerra total. Todos esperaban un Mesías, sí, pero cada uno tenía una idea completamente distinta de cómo debía ser y sobre todo de qué hacer con los romanos. Y claro, en medio de todo este jaleo, de toda esta tensión, aparece la figura de Jesús de Nazaret. Pero ojo que una cosa es el Jesús de la fe y otra muy distinta intentar entender quién fue la persona histórica. Para eso hay que mirar las fuentes con mucho cuidado. Aquí está el gran problema para los historiadores. Las fuentes que no son cristianas son poquísimas y no dan muchos detalles. Y los evangelios, que son nuestra fuente principal, no son una biografía como las de hoy en día. Son documentos escritos para construir y afianzar la fe, no para contar la historia de forma objetiva. Es que su mensaje, eso de un reino de Dios que estaba al caer para oídos romanos sonaba a pura dinamita. ¿Cómo que un rey y un reino que no son los del César? ¡Uf! Eso olía al esa majestad, vamos, a alta traición contra el emperador y eso era un crimen que se pagaba con la vida. Y aquí está la clave de todo. A Jesús no lo condenan por un tema religioso judío, no. Lo condenan los romanos con sus leyes y le aplican la pena que reservaban para los rebeldes, para los enemigos del estado. La crucifixción, un castigo político clarísimo. Vale, Jesús muere. ¿Y qué pasa ahora? ¿Se acaba todo? Pues no, porque aquí entra en escena una figura absolutamente clave que lo va a cambiar todo. Pablo de Tarso. Lo que hizo Pablo fue en cierto modo una genialidad estratégica. Primero le quitó la parte política al mensaje, ya no se hablaba de un reino aquí en la tierra, sino de uno celestial. Segundo, lo sacó de su contexto exclusivamente judío. Tercero, lo mezcló con ideas y conceptos del mundo greco-romano que la gente podía entender. Y cuarto, boom, lo hizo universal. El profeta judío se convirtió así en un salvador para toda la humanidad. Claro, este nuevo mensaje universal pues iba a chocar y mucho con la cultura dominante del momento, la greco-romana, era inevitable. Poneos en la piel de un romano de la época. Estos cristianos eran gente muy rara. Para empezar, los consideraban ateos porque no adoraban a los dioses de toda la vida. Luego unos incívicos, porque pasaban de participar en el culto al emperador, algo que era fundamental para el estado. Y encima su exclusivismo, eso de que solo ellos tenían la verdad, amenazaba la Pax de Horum, ese pacto con los dioses que, según ellos, garantizaba la paz y la prosperidad del imperio. Pero aquí viene la gran paradoja. A pesar de toda esta desconfianza, líderes como Pablo predicaban que había que someterse a las autoridades romanas porque todo poder venía de Dios. Esta dualidad, esta tensión va a definir la complicada relación entre la Iglesia y el Estado durante siglos. A nivel intelectual, los cristianos también estaban divididos. Había pensadores que intentaban fusionar su fe con la filosofía griega para hacerla más comprensible. Pero también había otros que la rechazaban de plano diciendo que la fe era totalmente incompatible con la razón pagana. Toda esta relación tan compleja como es lógico, llevó a periodos de persecución. Y ojo, porque aunque el mito popular dice otra cosa, no fueron constantes, pero sí que acabaron dando forma a la propia estructura de la iglesia. Esto es superimportante. La idea de que los cristianos se pasaron 300 años escondidos en catacumbas es básicamente falsa. Hubo persecuciones terribles, por supuesto que sí, pero no fue algo continuo. La norma eran largos periodos de paz y tolerancia. Y fue precisamente en esos momentos cuando la nueva religión pudo expandirse. Los momentos más duros, las persecuciones a lo grandes se concentraron sobre todo en el siglo tercero y principios del cuarto. La cosa fue a peor con el tiempo hasta llegar a la gran persecución de Diocleciano, que fue la más bestia de todas. Y justo después, en el 313, llega Constantino con el edicto de Milán y se acabó. cambia el tablero de juego por completo. A medida que el movimiento cristiano crecía y se enfrentaba a todas estas presiones de fuera, su organización por dentro tuvo que evolucionar. Pasó de ser un conjunto de asambleas más o menos informales a una jerarquía superrígida. La evolución es muy clara. Al principio, en las primeras comunidades, todo era más carismático, lideraban apóstoles, profetas. Luego la cosa se fue formalizando con consejos de ancianos y de ahí poco a poco fue surgiendo la figura de un único líder, el obispo, el epíscopos. Este sistema, que se conoce como monoepiscopado, consolidó la autoridad y se convirtió en el garante de la unidad y de la doctrina correcta. Y a ver, es verdad que la comunidad de Roma se hizo muy grande e influyente. Al fin y al cabo era la capital del imperio. Pero, y esto es clave, la idea de que su obispo tenía autoridad sobre todos los demás por ser el sucesor de Pedro. ¡Uf! Para eso todavía faltaban unos cuantos sigios. Y todo esto nos deja con una pregunta fundamental, una que sigue resonando a lo largo de la historia. ¿Toda esta institucionalización, toda esta jerarquía fue una traición al mensaje original de Jesús? ¿O fue en realidad la única forma que tenía este movimiento no solo de sobrevivir, sino de acabar conquistando un imperio? Esa tensión entre el carisma y la institución quizás siga definiendo al cristianismo hasta el día de hoy.