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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I
TEMA 3 | Objeto, método y función de la antropología filosófica
Tema 3
Objeto, método y función de la antropología filosófica
La vida humana es el objeto propio de la antropología filosófica, entendida como realidad que se interpreta a sí misma. Su método se apoya en la autoexperiencia y la autorreferencia, y sus funciones principales son crítica, ontológica y ético-utópica. La disciplina busca comprender qué es el ser humano y qué puede llegar a ser.
Basado en el Manual de la asignatura Grado de Filosofía UNED:
Antropología Filosófica I. De la Antropología científica a la filosófica.
Javier San Martín Sala
Transcripción
¿Quiénes somos? De verdad, a primera vista parece fácil, ¿no? Pues soy yo. Pero claro, si nos paramos a pensarlo un segundo, la cosa se complica bastante. Y es que este es ni más ni menos el gran enigma que los filósofos llevan siglos intentando descifrar. Aquí es donde empieza el debate, el meollo de la cuestión que vamos a ver. Somos un objeto científico, es decir, un puñado de datos biológicos y sociales que se pueden medir y ya está. O somos más bien un proyecto que creamos, una vida que va cogiendo forma con las decisiones que tomamos, con el sentido que le damos. Esta lucha, esta tensión entre estas dos ideas es lo que define gran parte de lo que es ser una persona. ¿Vale? Para intentar montar este rompecabezas, vamos a seguir una hoja de ruta muy clara. Primero, la idea del rompecabezas humano. Después nos metemos con esa dualidad, determinado versus autodeterminado. Luego veremos el papel clave de el guion de la sociedad. A continuación echaremos un vistazo a las herramientas del filósofo y para terminar veremos por qué todo esto importa de verdad. Empezamos con la tensión central de la existencia humana, esas dos fuerzas interiores. Y es que esta es la clave de todo. Constantemente nos sentimos como si tiraran de nosotros en dos direcciones opuestas. Por un lado está todo lo que nos viene dado, lo que no hemos elegido y por otro todo lo que podemos llegar a ser, lo que construimos con nuestras decisiones. Vamos a ponerle nombre a cada una de estas fuerzas. A la primera de estas fuerzas la llamamos alteridad. ¿Y qué es esto? Pues para que nos entendamos, es todo lo que nos viene de fuera, lo que nos es dado sin que lo pidamos. hablamos de nuestra biología, del país donde nacemos, de nuestra familia, de la cultura que nos empapa, es, digamos, la parte de nosotros que las ciencias pueden estudiar y medir. Y en el otro lado de la balanza, justo lo contrario, tenemos la mismidad. Esto ya es otra cosa. Hablamos de nuestra capacidad para decidir, para elegir. Es nuestra libertad, esa parte que no está escrita de antemano, la idea de que somos como un proyecto en construcción. Y claro, esta es la parte que a la filosofía le fascina porque es donde reside el misterio. Bien, ahora pasamos a una parte que es fundamental para entender todo esto, el guion de la sociedad, el modelo para ser humano. Porque claro, esa capacidad de elegir, esa mismidad de la que hablábamos no flota en el aire, no existe en un vacío para nada, está superinfluenciada por el mundo en el que vivimos, por el guion que la sociedad nos entrega. Pensémoslo así. Cada cultura nos da una especie de imagen de lo que es ser una persona. Es una guía, un manual de instrucciones sobre qué se espera de nosotros, que debemos hacer, a qué debemos aspirar. Es como si nos dieran un papel en una obra de teatro y desde pequeños aprendemos a interpretarlo y estas imágenes van construyendo ladrillo a ladrillo nuestra identidad. Y aquí viene lo más potente, un mecanismo que se conoce como la ley de recursividad. Es un bucle que se retroalimenta y es clave. Fijaos cómo funciona. Primero, la cultura nos da esa imagen. Segundo, nosotros empezamos a vernos a nosotros mismos a través de ese espejo. Nos autointerpretamos. Tercero, empezamos a actuar de acuerdo con esa interpretación. Y el cuarto y último paso es que esa creencia se convierte en nuestra realidad. Lo que creemos que somos acabamos siéndolo. Esto se resume en una frase brutal. Lo que pensamos de nosotros recurre en la realidad, se hace real. Es decir, que las ideas que tenemos sobre quiénes somos no son algo inofensivo que se queda en la cabeza. No, no tienen consecuencias reales, se convierten en acciones, en hábitos y al final acaban construyendo la vida que vivimos. El pensamiento de alguna manera se materializa. ¿Vale? Todo esto está muy bien, pero nos deja con una pregunta importante. Si la experiencia humana es tan personal, tan subjetiva, ¿cómo narices la estudiamos? ¿Qué herramientas usa el filósofo para analizar algo así? Pues aquí está la gran diferencia con otras disciplinas. La fuente de datos principal es nuestra propia experiencia, la autoexperiencia. El punto de partida no es observar a otros desde un laboratorio, sino analizar la única cosa de la que tenemos un conocimiento directo de primera mano, nuestra propia vida. Somos, por así decirlo, el testimonio principal. Y lo interesante es que al analizar esa experiencia, filósofos como Julián Marías encuentran patrones que se repiten en todas las vidas. se organizan en dos niveles. Por un lado, la estructura analítica, los grandes conceptos abstractos, mundo, tiempo, sociedad. Por otro, la estructura empírica, que es donde todo eso se hace real, trabajo, amor, juego o muerte. Es en lo concreto donde vivimos lo abstracto. Y con todo esto llegamos a la parte final. ¿Por qué esta filosofía importa? O sea, la misión de la antropología filosófica. Porque al final la gran pregunta es, ¿y todo esto para qué surve? ¿Cuál es su utilidad? Pues resulta que tiene básicamente tres grandes funciones. Una función crítica, una teórica y otra que llaman utópico moral. Y no, no es solo teoría por teorizar, son herramientas con un impacto muy real. Vamos a verlas una a una. La primera es la función crítica. Su papel es básicamente el de ser un poco el pepito grillo del pensamiento. Se dedica a cuestionar y a poner en duda todas esas ideas, vengan de la ciencia o de la cultura que intentan simplificarnos, que nos reducen a ser solo un objeto, un producto de la biología o de la sociedad, olvidándose de toda nuestra complejidad. Luego está la función teórica, porque esto no va solo de criticar y quejarse, claro, también se trata de construir, de proponer teorías mejores, más completas, que de verdad intenten explicar lo que significa ser humano. Modelos que tengan en cuenta esa doble cara que hemos visto, la alteridad y la mismidad. Y por último, la función utópicomoral. Esta es quizás la más inspiradora de todas. Consiste en usar todo este conocimiento sobre nosotros mismos para mirar al futuro, para imaginar y proponer nuevas formas de vivir que sean, bueno, pues más humanas, más plenas. Es la función que nos invita a soñar con un mundo mejor. Yeah.