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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I

TEMA 6 | La imagen del hombre en la Edad Moderna

Tema 6 La imagen del hombre en la Edad Moderna En la Edad Moderna se consolida una visión del ser humano marcada por la razón, la ciencia y la autonomía. Pensadores como Descartes, Rousseau y Kant elaboran distintas antropologías que oscilan entre el mecanicismo, la crítica social y la reflexión pragmática, sentando las bases de la modernidad filosófica. Basado en el Manual de la asignatura Grado de Filosofía UNED: Antropología Filosófica I. De la Antropología científica a la filosófica. Javier San Martín Sala

Transcripción

Vamos a ver cómo se forjó nuestra imagen moderna del ser humano en ese choque entre la filosofía y la nueva ciencia. Y todo empieza con esta pregunta, una pregunta que en plena era científica lo puso todo Batas arriba. ¿Qué somos en un universo que de repente parece funcionar como un reloj de forma fría y mecánica? Esta cuestión nos lanzó a un viaje filosófico para intentar encontrarnos de nuevo. Y el punto de partida de esta historia, de nuestra historia, es René Descartes, porque él no solo nos dio una nueva forma de pensar, sino que casi sin querer creó una división, una fractura en nuestra forma de entender la realidad que, bueno, todavía hoy intentamos reparar. Venga, vamos con la primera parte. La menta en la máquina. Aquí vamos a ver como la revolución científica con gente como Galileo y por supuesto Descartes a la cabeza cambió por completo las reglas del juego. A ver, lo que hizo Descartes con la filosofía fue en esencia un reflejo de lo que Galileo estaba haciendo con la física. Por un lado, nos presentó el mundo real, el de la ciencia, un universo puramente mecánico de materia y movimiento o objetivo. Y por otro lado, pues todo lo demás, nuestros sentidos, la cultura, las emociones, todo eso quedó apartado como si fuera algo secundario, subjetivo, menos real. Y en el mismísimo centro de esta división está su idea más famosa, el cógito. Pienso, luego existo. Pero ojo, este yo que piensa no es una persona de carne y hueso, no. Es una mente pura, una cosa abstracta que se supone que es idéntica en todos nosotros y esto es lo más importante, está totalmente separada del cuerpo y del mundo. Es, como se ha dicho muchas veces, un fantasma dentro de una máquina. Y claro, pensar así tuvo unas consecuencias enormes. Si lo único que de verdad importa es esa mente universal y abstracta, ¿qué pasa con todo lo demás? Pues que las diferencias reales entre las personas, nuestra cultura, como nos organizamos, nuestro propio cuerpo, se vuelven filosóficamente irrelevantes. Se consigue una especie de igualdad, sí, pero a costa de borrar todo lo que nos hace diversos. Nuestro cuerpo pasa a ser, pues eso, una máquina más. Y esto nos lleva a la segunda parte, que es, digamos, el lado más oscuro de toda esta historia. Vamos a ver como una idea que parece muy abstracta tuvo consecuencias muy reales y la verdad bastante brutales en el mundo. Es que hay que entender una cosa que es clave. Esta filosofía de Descartes no surgió de la nada. Su momento de mayor auge coincide pero clavado con la gran era de la colonización europea, sobre todo en América. Y no, no es una casualidad. Son dos procesos que, como vamos a ver, están profundamente conectados. Fijaos en la lógica que se monta aquí, porque es es implacable. Primero, la filosofía oficial solo se ocupa de la mente universal, del cógito, así que ignora las diferencias. Segundo, entonces el estudio de esa gente diferente de los otros se expulsa fuera de la filosofía. Se crea una nueva disciplina para ellos, la etnología. Y tercero, esto lleva directamente a crear una escala, una jerarquía. El salvaje abajo, el bárbaro en medio y el hombre civilizado, el europeo, claro, en la cima. Pasamos a la tercera sección, la búsqueda del ser humano. Porque claro, frente a esta visión tan fría y deshumanizada, la propia ilustración generó su contramovimiento, una rebelión liderada por pensadores como Jean Jacques Rousseau. Esta cita de Rousseau es una auténtica genialidad. le da la vuelta por completo al problema cartesiano. Lo que nos dice es que, aunque suene paradójico, la única manera de entender qué es lo que tenemos en común, lo que nos hace humanos con mayúscula, es empezar por estudiar y tomarnos en serio nuestras diferencias. Rousseau entonces nos habla de dos formas de mirar. Una es la mirada de cerca, la del historiador, que vea a los hombres concretos en su tiempo con sus particularidades y desigualdades. La otra es la mirada de lejos, la del antropólogo, que intenta ver al hombre en general y para eso tiene que alejarse y a través de todas esas diferencias encontrar lo que nos une. Y aquí está el meollo de la cuestión, el desafío directo a descartes. Para Rousault, la base de lo que somos no es la razón pura, no es el cógito, es la empatía, ese sentimiento de piedad, de conexión con el sufrimiento del otro. Se trata de buscar una base moral para la humanidad, no una pura intelectual. Cuarta sección, las tres dimensiones de Kant. Vale, ya tenemos a Rousseau, pero ahora entra en escena otro gigante, Manuel Kant, que va a abordar el mismo problema, pero desde un ángulo totalmente distinto, mirando hacia dentro. Eso es algo que a veces se nos olvida. Todo ese sistema filosófico inmenso de Kant, con sus preguntas sobre qué podemos saber, qué debemos hacer o qué nos cabe esperar. Todo ello al final desemboca en esta última y gran pregunta antropológica. En el fondo, toda su filosofía es un intento monumental de responderla. Y Kant, para poner orden, divide el estudio del ser humano en tres niveles. El primero, el fisiológico, que se pregunta, ¿qué ha hecho la naturaleza de nosotros? O sea, nuestra biología. El segundo, el pragmático que hemos hecho nosotros de nosotros mismos, es decir, nuestra cultura, nuestra sociedad. Y el tercero, el más importante para él, el filosófico o moral, qué debemos llegar a ser, cuál es nuestro deber y dónde reside nuestra dignidad. Así que para que quede claro, aquí tenemos los dos grandes caminos que nos propuso la ilustración para recuperar al ser humano. Ruso nos dice, "Viaja, mira hacia fuera, conoce al otro para entenderte a ti mismo." En cambio, Kant nos dice, "No, el viaje más importante es hacia tu interior. Reflexiona para descubrir la ley moral que te hace digno." Y con todo esto sobre la mesa, llegamos a la quinta y última parte, hecho o valor. Aquí se resume la gran pregunta, la herencia que nos dejó todo este debate de la ilustración. Y este es el gran legado, la idea revolucionaria. A pesar de que no estaban de acuerdo en todo, tanto Rousseau como Kant lucharon por una misma idea. Un ser humano no es como una piedra o un planeta. No se le puede reducir a un simple objeto de estudio, a un hecho más del universo. Esta frase es simplemente magistral, lo resume todo. Estudiar a la humanidad nunca puede ser una actividad neutral. como estudiar las rocas siempre, siempre tiene una intención moral, porque el ser humano no es solo un hecho que existe, sino un hecho que vale, que tiene un valor en sí mismo, una dignidad. Yeah.