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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I
Tema 6 | Las 3 antropologías de Rousseau
Extra a tema 6
La constitución de la antropología biológica y su influencia en la imagen del ser humano
La antropología biológica surge al estudiar la diversidad y el origen de la especie humana. El darwinismo y sus desarrollos posteriores transforman profundamente la imagen del ser humano, planteando tensiones entre naturaleza y cultura que la antropología filosófica debe interpretar críticamente.
Basado en el Manual de la asignatura Grado de Filosofía UNED:
Antropología Filosófica I. De la Antropología científica a la filosófica.
Javier San Martín Sala
Transcripción
Cuando pensamos en Rousseau, lo normal es que nos venga a la cabeza el filósofo político, ¿verdad? Pero hoy vamos a darle una vuelta. Vamos a verlo como lo que también fue un antropólogo pionero, alguien que se metió de lleno a investigar qué demonios significa ser humano. Venga, vamos a ello. Y para meternos en la cabeza de ruso, esta cita del gran antropólogo Clud Levy Straus es, vamos, el mapa perfecto. Nos habla de un viaje en tres grandes etapas, tres transformaciones clave que para ruso son las que nos definen. Así que vamos a recorrer este camino paso a paso. Empecemos por el principio de todo, ¿no? El primer gran salto, el biológico. Esta es, digamos, la cimentación sobre la que se construye toda la historia de la humanidad, al menos según la veía ruso. Y ojo, que esto es absolutamente revolucionario. Pensadlo. Dos siglos antes de que esto fuera un tema de debate científico normal y corriente, ruso ya le estaba dando vueltas a la omninización, o sea, a la pregunta del millón. ¿Cómo y por qué una especie animal acabó siendo lo que somos hoy? Se adelantó por completo su tiempo al intentar descifrar nuestro origen biológico. Vale, una vez que tenemos esa base biológica, el siguiente gran viaje es social. Es el paso de estar en un estado de naturaleza a crear un mundo lleno de símbolos, de sociedades, de significados que compartimos. Es el salto ni más ni menos a la cultura. Y para estudiar a la humanidad, Rousseau no iba a ciegas. Dejó unas reglas bastante claras. La primera y fundamental nos advertía sobre el etnocentrismo. Decía que hay que tomar distancia de la propia cultura para no caer en prejuicios. La segunda propuso que para encontrar lo que nos une, lo que tenemos en común, hay que estudiar precisamente nuestras diferencias. Y la tercera, el gran objetivo. Esto no va de coleccionar datos curiosos. El fin último es siempre entender al ser humano en mayúscula. Ya que llegamos a la conclusión brillante de este segundo paso. Para Rousseau, mirar hacia fuera, observar otras culturas, es en realidad como mirarse en un espejo, porque al entender a los demás con sus diferencias y sus parecidos, acabamos o sí entendiéndonos mejor a nosotros mismos. Es una idea de una profundidad increíble, la verdad. Y con esto llegamos a la última transformación, la que es quizá más filosófica. Este es el viaje hacia dentro, el paso de la emoción en estado puro, del instinto al conocimiento ya estructurado, al intelecto. Este paso es fundamental. Explora cómo pasamos de una existencia que se guía por sentimientos primarios a una vida donde la razón y el conocimiento tienen un papel central. Pero claro, cuando analizamos estas tres transformaciones tan bestias, la biológica, la cultural y la cognitiva, pues es inevitable que surja una pregunta. A ver, ¿qué es lo que nos empuja a través de todo esto? ¿Qué motor interno nos hace pasar de animal a humano, de naturaleza a cultura y de sentimiento a razón? Tiene que haber algo, ¿no? Una capacidad única que lo conecta todo y lo pone en marcha. Pero, ¿cuál es? Pues la respuesta de Rousseau es a la vez ser simple y superpotente, la piedad. Pero ojo, no la entendamos como simple lástima, es algo mucho, mucho más profundo. Y este concepto es literalmente el corazón de toda su antropología. Entonces, la clave de todo es esta. Para Rousseau, la piedad es esa capacidad que traemos de serie para sentir empatía, para poder ponernos en la piel de otro ser que siente. No es algo que se aprenda, es la base misma, los cimientos sobre los que construimos nuestra moral, nuestros valores y nuestra conexión con los demás. Y es aquí donde vemos lo increíblemente radical de su idea. Pensemos en descartes, ¿no? Con su famoso pienso, luego existo. Bueno, pues lo que Rousseau propone es básicamente un siento, luego estoy conectado. Fijaos en la diferencia. Él no basa nuestra humanidad en la razón pura abstracta, sino en la empatía, un sentimiento que nace de nuestra condición animal compartida. Y aquí es donde Rosau nos lanza una advertencia muy muy seria en contra de lo que podríamos pensar. Él dice que el peligro no está en nuestros instintos o en nuestros sentimientos naturales. No. El verdadero riesgo es una razón y una cultura que se olvidan de la empatía. Porque cuando eso pasa es cuando nos volvemos capaces de la mayor de las crueldades, de la deshumanización total. ¿Vale? Entonces, ¿cómo unimos todas estas piezas? Vamos a ver cómo Rousseau junta estas tres transformaciones para darnos una visión coherente y completa de lo que significa ser humano. Y aquí lo tenemos, el esquema completo, los tres grandes pasos que definen nuestro viaje como especie y en el centro, como el motor que lo mueve y lo conecta todo, ¿qué hay? La piedad, la compasión. No es un paso más en la lista, no. Es la fuerza que lo hace todo posible. Y claro, con esta idea central, el proyecto de ruso deja de ser solo una investigación científica. Se convierte en algo más. en una declaración filosófica y moral potentísima. Su objetivo ya no es solo describir cómo somos, sino defender que la empatía es el valor fundamental que debería guiar nuestra humanidad. Y terminamos con una pregunta que, a ver, la planteó Rousseau hace siglos, pero que hoy es más relevante que nunca. Nos obliga a pararnos y a pensar, ¿es la empatía y no la razón pura el verdadero cimiento de lo que significa ser humano?