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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Manual de iniciación a la historia antigua | Raúl Gonzalez Salinero
Tema 7 Atenas: democracia e imperialismo siglo V a e c
Tema 7. Atenas: democracia e imperialismo (siglo V a.e.c.)
7.1. La lucha política en Atenas.
7.2. La época de Pericles.
7.3. Relaciones económicas y sociales.
7.4. Vida cotidiana.
7.5. El teatro en Atenas: rito y espectáculo.
Creado con NotebookLM
Basado en el libro del profesor | Raúl González Salinero | Manual de iniciación a la historia antigua
2º Año de Grado de Filosofía UNED
Asignatura | Historia Antigua y Medieval
Transcripción
Bienvenidos a este análisis sobre uno de los momentos más fascinantes y contradictorios de la historia. Nos vamos al siglo Vto antes de nuestra era, a Atenas, una ciudad que, bueno, fue la cuna de casi todo lo que valoramos, la filosofía, el teatro, la democracia. Pero, y aquí viene lo increíble, esta misma ciudad, este faro de libertad, levantó un imperio a base de fuerza. ¿Cómo es posible? Esa es la gran paradoja que vamos a intentar desentrañar juntos. La pregunta central es directa y la verdad bastante incómoda. ¿Cómo puede ser que la misma ciudad que inventa la idea del gobierno del pueblo de la democracia sea a la vez una potencia que somete y tiraniza a decenas de otras ciudades? Vamos a explorar a fondo estas dos caras aparentemente irreconciliables del Atenas clásica. Y todo esto no surge de la nada. El punto de partida es una victoria épica contra los persas. Tras esa guerra, las ciudades estadoas con toda la buena intención del mundo, crean una alianza para protegerse. Pero como pasa a menudo en la historia, lo que nace como un pacto defensivo, Atenas, con mucha habilidad lo va a transformar en el motor de su propio imperio. Esta alianza se llamó La Liga de Delos. La idea sobre el papel era sencilla y justa. O aportas naves para la flota común o pones dinero. Era una especie de OTAN de la antigüedad para mantener a raya a los persas, un sistema que parecía equitativo, pero que en la práctica se convirtió en una formidable herramienta de poder para Atenas. Pero ojo que la batalla no solo se libraba en el exterior. Dentro de la propia Atenaz había un choque de trenes. Por un lado, Temistocles, con una visión más democrática y naval, receloso de Esparta. Por otro, Cimón, el aristócrata, que prefería mantener buenas relaciones con los espartanos. eran literalmente las dos almas de la ciudad enfrentadas. Y para resolver estos conflictos, los atenienses tenían un arma política única y la verdad bastante temible, el ostracismo. Imagínenlo. Una vez al año los ciudadanos podían votar para exiliar a alguien durante 10 años sin juicio, sin acusación formal, simplemente por considerar que se estaba volviendo demasiado poderoso. Era el botón de emergencia de la democracia y tanto Temistocles como Simun lo iban a sufrir en sus propias carnes. Y los acontecimientos se precipitan. En solo una década, el tablero político ateniense pone patas arriba. Temistocles cae, Cimón sube. Luego Cimón es humillado por sus amigos espartanos y también cae. Es una auténtica montaña rusa política que acaba con la derrota del bando aristocrático y deja el camino libre para el ascenso de una democracia mucho más radical. Y es justo en ese momento cuando emerge la figura que define esta era, un hombre que es la encarnación misma de la contradicción ateniense. Pericles. Pensemos en esto. Fue el arquitecto de la democracia más avanzada de su tiempo y a la vez el principal constructor de un impedio implacable. ¿Y cuál fue la gran jugada de Pericles? Pues algo que hoy nos parece obvio, pero que fue revolucionario. Pagar un sueldo por ejercer cargos públicos. Esto lo cambió todo. De repente la política dejaba de ser un hobby para ricos. Cualquier ciudadano, hasta el más poble, los chetes, podía permitirse dejar su trabajo para ir a la asamblea o ser jurado. La democracia se hizo, por así decirlo, real. Claro que aquí viene el gran Perú. ¿Quién era considerado ciudadano? Pues las condiciones eran increíblemente estrictas. Tenías que ser hombre, mayor de edad y, muy importante, de padre y madre atenienses. Esta definición tan cerrada dejaba fuera a la gran mayoría de las personas que vivían y trabajaban en Atenas. Y si quedaba alguna duda de quién mandaba en la liga, en el año 454 se despejó de un plumazo. Se toma una decisión que es mucho más que simbólica. El tesoro de la Liga, que estaba en la isla sagrada de Delos, se traslada a Atenas. Con ese gesto la alianza en la práctica muere y nace oficialmente el imperio ateniense. La justificación de Pericles para usar ese dinero en Atenas es una obra maestra de la retórica. vino a decir algo como, "A ver, nosotros nos encargamos de la seguridad de todos, ¿no? Pues es justo que usemos parte de los fondos para embellecer nuestra ciudad, que al fin y al cabo es la que os protege." Y así con ese argumento, los tributos del imperio pagaron la construcción de maravillas como el Barteno. Muy bien, ya tenemos el marco. Democracia en casa, imperio fuera. Pero, ¿quién sostenía todo esto? Para entender de verdad Atenas, tenemos que hacer zoom y mirar cómo estaba estructurada su sociedad, los cimientos de la polis. Y este gráfico, la verdad es que es demoledor. Los números no engañan. La famosa democracia ateniense era, en realidad el gobierno de una minoría, apenas un 15% de la población. Todo el sistema se sostenía sobre el trabajo y la exclusión del 85% restante. Es un dato para reflexionar. Es una idea fundamental. La libertad de ese 15% de ciudadanos para dedicarse a la política, al arte, a la guerra. Era posible porque había otros que no eran libres. Los metecos, los extranjeros residentes, movían la economía y una enorme masa de esclavos hacía todo el trabajo duro. Sin ellos, sencillamente, el modelo ateniense no se sostenía. Y dentro de esta pirámide nos queda hablar de la mitad de la población, las mujeres, incluso las de las familias ciudadanas. Su mundo era el oicos, el espacio doméstico, la vida pública, el agora, la política, todo eso era un club estrictamente masculino del que estaban completamente excluidas. Entonces, con una sociedad tan compleja, tan llena de tensiones y contradicciones, ¿dónde se reflexionaba sobre todo esto? ¿Cómo se enfrentaba la ciudad a sus propios demonios? Pues lo hacía en un lugar que hoy asociamos al ocio, pero que para ellos era vital, el teatro. el gran espero de la polis. Y es que tenemos que quitarnos de la cabeza la idea actual de ir al teatro. Para un ateniense, la tragedia era una institución cívica, casi religiosa. Era el momento del año en que a través de viejos mitos, la ciudad se obligaba a pensar en los grandes temas, la justicia, el abuso de poder, los límites humanos. Además, el propio vento era profundamente democrático. Fíjense, el estado pagaba la entrada a los ciudadanos más pobres para que nadie se lo perdiera. Y el coro, que era como el corazón de la obra, estaba formado por ciudadanos de a pie. Era literalmente la polis mirándose y escuchándose a sí misma. En el fondo, el teatro funcionaba como una especie de terapia colectiva. Era el espacio donde, a través de las obras de Esquilo o Sófocles, la ciudad exploraba sus miedos, las consecuencias morales de su propio poder, de su arrogancia imperial, de lo que ellos llamaban la gibris. Y así el círculo se cierra. Volvemos al corazón de la paradoja. Esa democracia de la que tan orgullosos estaban, esos ideales de libertad e igualdad, se construyeron y se financiaron con el dinero que se extraía por la fuerza a un imperio de súbditos. Un legado brillante, sí, pero también profundamente problemático. Y la historia de Atenas nos deja al final con una pregunta que sigue resonando con una fuerza increíble hoy en día. Una pregunta que nos interpela directamente. ¿Puede una democracia permitirse ser un imperio? O dicho de otro modo, ¿se puede mantener la libertad en casa mientras se la niegas a otros fuera? ¿O es una contradicción que tarde o temprano acaba por destruirte? Ahí queda la reflexión.