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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Manual de iniciación a la historia antigua | Raúl Gonzalez Salinero

Tema 8 La lucha por la hegemonía siglo V a e c

Tema 8. La lucha por la hegemonía (siglo V a.e.c.) 8.1. Las Guerras del Peloponeso. 8.2. Derrota de Atenas y derrumbe de su Imperio. 8.3. La decadencia de las póleis. 8.4. Vida intelectual. Creado con NotebookLM Basado en el libro del profesor | Raúl González Salinero | Manual de iniciación a la historia antigua 2º Año de Grado de Filosofía UNED Asignatura | Historia Antigua y Medieval

Transcripción

Hoy vamos a meternos de lleno en uno de los periodos más uf más convulsos y transformadores de todo el mundo helénico, el siglo Vto antes de nuestra era. Fue una época definida por un conflicto total, uno que no solo redibujó por completo el mapa político, sino que también, bueno, provocó el ocaso del modelo clásico de la polis. Y sin embargo, de esas mismas cenizas se encendió una revolución intelectual que no tuvo precedentes. Para entenderlo todo bien, vamos a seguir este recorrido. Primero veremos cómo Grecia se partió en dos bloques que no podían ni verse. Luego nos sumergiremos en esa guerra devastadora que se comió a toda una generación. Asistiremos a la caída de Atenas, analizaremos el orden tan frágil que vino después y para terminar exploraremos cómo toda esta crisis política sirvió de catalizador para una renovación filosófica y científica que, vamos, sentó las bases de todo el pensamiento occidental. Bien, para entender el conflicto que estaba a punto de estallar, lo primero es comprender la fractura tan profunda que dividía a la ELAD. Y ojo, no era solo una simple rivalidad geopolítica, eh, era una antinomia estructural, o sea, dos visiones del mundo, dos sistemas que eran totalmente irreconciliables y que competían por el control absoluto. A ver, por un lado teníamos el Imperio ateniense que había nacido de la Liga de Delos, una talasocracia en toda regla. Su poder se basaba en una flota que no tenía rival y todo esto impulsado por una ideología democrática y un expansionismo comercial boraz. Y por otro lado, ¿qué teníamos? Pues la Liga del Peloponeso con Esparta al Frante, una federación mucho más antigua cuyo poder estaba en tierra firme en su infantería oplita que se consideraba invencible. Defendían regímenes oligárquicos y una economía más autárquica, de base agraria. Eran en esencia dos paradigmas opuestos. El choque era inevitable. Y aquí la palabra clave, el concepto central es este: hegemonía. La gran pregunta que definía la época no era si iba a haber un poder dominante, sino cuál iba a ser. Esta lucha por la supremacía total, por imponer un modelo político sobre todos los demás, fue el motor que arrastró a prácticamente todo el mundo griego a una guerra de dimensiones, bueno, catastróficas. Venga, vamos a ver cómo se desarrolló este enfrentamiento. La famosa guerra del Peloponeso no fue una campaña rápida, eh, fue un conflicto de puro desgaste que se alargó durante casi tres décadas. Y para navegar por toda su complejidad, la verdad es que contamos con una guía excepcional. Ese guía es Tucidides, un historiador que fue mucho más allá de la simple crónica de batallas para hacer una auténtica arqueología del poder. Se metió a fondo a indagar en las causas profundas del conflicto, en la psicología de las masas, en la lógica implacable de los estados. Su obra es, de hecho, el primer gran tratado de realismo político y su rigor nos permite hoy en día entender las claves de este desenlace. El conflicto a grandes rasgos se puede dividir en fases muy claras. Empieza con la guerra arquidámica, que era la estrategia espartana de invadir el lática cada año. Luego, un punto de inflexión brutal, la terrible peste que arrasa Atenas y se lleva por delante a su gran estratega Pericles. Después de una década de lucha se llega una tregua, La Paz Tenicias, pero era super inestable. Y claro, la ibris ateníiense, esa arrogancia la rompe con la catastrófica expedición a Sicilia, que básicamente sella su destino y conduce a la derrota final en el 404. Pero a ver, lo interesante aquí es preguntarse por qué perdió Atenas estando en la cima de su poder la política de Pericles tenía fallos de base. Se pensaba que los muros largos de Atenas la hacían invulnerable, pero se subestimó el desgaste a largo plazo. Además, su imperialismo ideológico fue un tiro en el pie. Muchas ciudades preferían su propia autonomía, aunque fuera oligárquica, a una democracia impuesta desde fuera. El imperio ofrecía seguridad, sí, pero el precio a pagar era la sumisión. y eso era demasiado alto. Este principio queda inmortalizado en una frasi que pone los pelos de punta, la del diálogo de los Melios. Cuando los atenienses exigen que la pequeña isla de Melos se rinda, lo dicen sin tapujos. La justicia, el nomos, no significa nada frente a la fisis, la ley natural del poder. Es la real politic en su estado más puro. La moralidad queda totalmente subordinada a la correlación de fuerzas. Este episodio nos muestra la descomposición ética del imperialismo ateniense. Y claro, esa arrogancia imperial les llevó de cabeza el desastre. La expedición a Sicilia, que fue impulsada por la ambición sin límites de personajes como el Cibiades, fue una apesta demencial. Enviaron una fuerza gigantesca para abrir un nuevo frente y dominar el Mediterráneo occidental. El resultado? La aniquilación casi total de su ejército y su flota. Fue un golpe del que ni el poder material ni el prestigio ateniense se recuperarían jamás. Con el desastre de Sicilia, la balanza ya se había inclinado de forma decisiva. Entramos en la fase final de la guerra. Aquí vemos a una Atenas ya debilitada, desmoralizada, luchando a la desesperada por sobrevivir ante un enemigo que se había revitalizado. Y el factor decisivo en esta última etapa fue la intervención de un viejo conocido, Persia. El imperio persa vio la oportunidad de debilitar a los griegos y empezó a financiar la construcción de una flota espartana. Por primera vez en la historia, Esparta podía competir con Atenas en su propio terreno, en el mar. Y esto, claro, alteró la dinámica de la guerra para siempre. Después de que su última flota fuera aniquilada en hegospótamos, Atenas, sitiada por tierra y mar, no tuvo más remedio que rendirse. Las condiciones fueron humillantes. Estaban diseñadas para desmantelar por completo su imperio. La destrucción de los muros largos no era solo un acto militar, era un símbolo. Era la demolición de su poder y de su orgullo. Atenas pasaba de ser la gran potencia hegemánica a un simple estado súbdito de Esparta. La derrota militar, como era de esperar, trajo el colapso político. La democracia, ya totalmente desacreditada por el desastre, fue sustituida por un régimen oligártico impuesto por Esparta, los famosos 30 tiranos. Este gobierno desató una represión brutal y sumió a la ciudad en una éxtasis, una auténtica guerra civil de facciones que dejó clara la fragilidad de sus instituciones. Uno podía pensar que la victoria de Esparta trajo la paz, pues nada más lejos de la realidad. El nuevo orden resultó ser incluso más inestable y opresivo que el ateniense. Y esto demostró que, oye, una cosa es ganar la guerra y otra, muy distinta, saber gestionar la paz. Esparta fracasó, pero fracasó estrepitosamente como potencia hegemónica. Su incapacidad era estructural, era evidente. Su modelo político, que estaba pensado para el control interno, era demasiado rígido para gestionar un imperio. Impusieron gobiernos despóticos por todas partes, ganándose el odio de sus nuevos súbditos. y su dependencia del oro persa culminó en la vergonzosa paz del rey, donde para mantener su poder en Grecia cedieron las ciudades griegas de Jonia a Persia. La opresión espartana, como es lógico, generó resistencia y de un lugar totalmente inesperado surgió un nuevo retador, Tebas. Liderada por dos genios militares, Epaminondas y Pelópidas, el ejército Tbano utilizó tácticas revolucionarias como el orden oblicuo y logró lo que se creía imposible: aniquilar a la infantería espartana en campo abierto en la batalla de LCTRA. El mito de la invencibilidad de Esparta quedó hecho añicos en un solo día. Sin embargo, la hegemonía tebana fue un visto y no visto, un relámpago. Su poder dependía casi en exclusiva del genio de sus líderes. Cuando estos murieron, Tebas, que no tenía una estructura imperial sólida ni los recursos de Atenas, no pudo mantener su dominio. Su rápido ascenso y su aún más rápida caída demostraron algo muy importante, que ninguna polis por sí sola era ya capaz de imponer un orden duradero en Grecia. Este siglo de guerra constante y de hegemonías fallidas no solo significó la decadencia política de la polis, no provocó una crisis de fundamentos profundísima, una disolución del modelo tradicional que obligó a los pensadores a buscar nuevas bases para la existencia. De la crisis política nació una auténtica revolución del pensamiento. Los primeros en diagnosticar esta crisis y a la vez en ser un síntoma de ella fueron los sofistas. eran maestros del saber que enseñaban el arte de la persuasión, la retórica y su premisa era radical. No existe una verdad absoluta, una episteme. Solo hay opiniones. Doxa, en un mundo donde los valores tradicionales se estaban desmoronando, ellos enseñaban las herramientas para triunfar, lo que refleja un nuevo individualismo enfocado en el éxito personal. Y frente a este relativismo se levantó Sócrates. Su misión era justo la contraria, combatir la disolución sofística. ¿Cómo? Buscando a través del diálogo y la razón un fundamento universal para la ética. Su método, la mayéutica, consistía en dar a luz el Logos, ese concepto universal de justicia o de virtud que, según él, reside en el alma de todos. Buscaba a verdades que fueran válidas para todo el mundo. Su condena a muerte es el trágico símbolo de una ciudad que ya no podía tolerar el examen crítico de sus propios cimientos. La ejecución de su maestro convenció a Platón de que la política real, la política empírica, estaba corrupta hasta la médula. Su respuesta fue monumental. Dijo, "Si la polis ha fracasado, hay que refundarla sobre una base que sea inamovible, el conocimiento de las ideas. Su estado ideal gobernado por reyes filósofos es un intento de unificar poder y verdad, de asegurarse de que solo gobiernen aquellos que han contemplado la idea del bien y conocen la verdadera naturaleza de la justicia. Y esta búsqueda de una epistemia racional no se quedó solo en la filosofía política. ¿Qué va? Se extendió también a la ciencia. Hipócrates y su escuela revolucionaron la medicina al separarla por completo de la magia y la superstición. Postularon que la enfermedad no es un castigo divino, sino un fenómeno natural que tiene causas y esas causas pueden ser investigadas y comprendidas con un método empírico y sistemático. Y todo esto nos deja con una pregunta final para reflexionar. La Grecia del siglo V nos muestra una conexión directísima entre el colapso político y el florecimiento filosófico. Nos obliga a plantearnos si cuando todo lo que dábamos por sentado se viene abajo, la búsqueda radical de nuevos principios deja de ser un lujo intelectual para convertirse en la única herramienta real para la reconstrucción y para la supervivencia de la comunidad. Una cuestión que, desde luego, resuena a lo largo de toda la historia.