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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Manual de iniciación a la historia antigua | Raúl Gonzalez Salinero

Tema 9 Alejandro Magno y el mundo helenístico

Tema 9. Alejandro Magno y el mundo helenístico 9.1. El ascenso de Macedonia. 9.2. Las conquistas de Alejandro Magno. 9.3. Los reinos helenísticos. 9.4. Organización socioeconómica. 9.5. La evolución política y cultural. Creado con NotebookLM Basado en el libro del profesor | Raúl González Salinero | Manual de iniciación a la historia antigua 2º Año de Grado de Filosofía UNED Asignatura | Historia Antigua y Medieval

Transcripción

Hoy nos vamos a sumergir en la historia de cómo la ambición de un solo hombre no solo hizo caer al imperio más grande del mundo, sino que de sus cenizas forjó una civilización completamente nueva, una civilización global. Vamos a analizar cómo Alejandro Magno demolió el viejo orden para dar a luz a la era helenística. Y aquí es donde nos tenemos que hacer la ore pregunta, la que va a guiar todo nuestro análisis. ¿Cómo es posible que Macedonia, un reino que las grandes polis griegas veían casi como un territorio de bárbaros, se convirtiera de la noche a la mañana en el epicentro de una revolución que redibujó por completo el mapa político, económico y cultural del mundo que conocían. Bueno, pues todo empieza aquí, en el norte de Grecia con un reino al que sinceramente nadie tomaba muy en serio y con un rey que estaba a punto de cambiar las reglas del juego para siempre. Hablemos del ascenso de Macedoria y de su increíblemente astuto artífice Filipo Segund. Para entender el genio de Filipo, primero hay que hacerse una idea de la fragilidad de su reino. Macedonia era una tierra partida en dos, literalmente. Por un lado, una llanura costera fértil, agrícola, y por otro, un interior montañoso dominado por nobles terratenientes muy poderosos que veían al rey más como un rival batir que como un líder a seguir. O sea, un auténtico polvorín político con una economía totalmente dividida. Y Filipo despliega su plan maestro en dos fases. Primero, con una paciencia de cirujano, va consolidando su poder en el norte, aprovechándose, como no, de las eternas disputas entre las ciudades griegas. Y luego, en una segunda fase, ya va a por todas. se enfrenta directamente a la resistencia liderada por el gran orador de Mostenes y la aplasta en la decisiva batalla de Queronea. Ahí se acabó el juego. Y claro, la clave de su éxito militar era esta, esta máquina de guerra casi perfecta, la Falange. Filipo no lo inventó de la nada, eh, tomó la idea de Tbas, pero la perfeccionó hasta un nivel nunca visto. Armados con esas sarisas, esas lanzas de hasta 6 met de largo, sus soldados eran sencillamente un muro de acero y muerte que arrollaba todo su paso. Esta iba a ser el arma que conquistaría el mundo. Pero es que Filipo era mucho más que un general brillante. Después de su victoria, en lugar de humillar a los griegos, los une. Los une en la Liga de Corinto. Su objetivo final, una empresa colosal, vengar las viejas afrentas de las guerras médicas con una invasión de todo el mundo griego contra el Imperio Persa, un sueño que su asesinato en el 336 dejaría como herencia a su hijo. Y así la antorcha pasa a la siguiente generación. Alejandro, con solo 20 años hereda el ejército más letal del mundo y una ambición que ardía con una intensidad que eclipsaba incluso la de su propio padre. Aquí da comienzo una de las odiseas militares más espectaculares de toda la historia. El ritmo es es que es vertiginoso. En apenas una década su ejército avanza imparable del gránico a Isos, donde humilla al gran rey Dario Tercero. Conquista Egipto, donde lo reciben como un libertador y funda la ciudad que, por supuesto, llevará su nombre. La victoria final llega en Gaugamela, que le abre de par en par las puertas de las capitales persas. Su avance solo se detiene en la India y no por un enemigo, sino por el puro agotamiento de sus propios hombres. Pero a ver, lo que es realmente fascinante de Alejandro no es solo que conquistó, sino cómo lo hizo. Su proyecto iba mucho más allá de lo militar. Era una audaz política de fusión. Adoptó costumbres persas como la prosquinesis, eso de postrarse ante el re, algo que para la mentalidad griega era simplemente inaceptable. Se casó con una princesa bactriana, roxana y promovió bodas masivas entre sus veteranos y mujeres persas. No estaba solo conquistando un imperio, estaba intentando crear una nueva civilización desde sus cimientos. Pero en el 323, en la cima de su poder, el destino interviene. En Babilonia, Alejandro, el conquistador invicto, es derrotado no por un ejército, sino por una simple fiebre. Su imperio, forjado a la velocidad del rayo, de repente se enfrenta a su propia extinción. El problema fundamental era este, un imperio universal sin un sucesor. Claro. La pregunta de a quién le correspondía al trono desató un conflicto brutal de casi medio siglo entre sus generales más ambiciosos. son los llamados diádogos, que significa literalmente los sucesores. Y de esa lucha fratríca, al final emergieron tres grandes potencias. El egipto optolemaico, que era el más rico y estable todos, el imperio seleucida en Siria y Mesopotamia, el más extenso y multicultural, y el reino antigón en Macedonia, el corazón original del imperio. Estos son los reinos helenísticos que dominarán el Mediterráneo oriental hasta la llegada de un nuevo poder que ya asomaban el horizonte, Roma. Y aquí viene la gran ironía. La fragmentación política del Imperio de Alejandro fue precisamente lo que dio lugar a un nuevo mundo interconectado. Las conquistas militares desataron casi sin querer una profunda transformación social y económica. Este es quizá uno de los cambios más profundos de la época. Pensemos en lo que supone pasar de vivir en una pequeña ciudad de estado, donde las decisiones se toman en la asamblea, a vivir en una megalópolis global. El poder real ya no está en la plaza pública, está en un palacio lejano. El compromiso cívico se desvanece y es reemplazado por un nuevo enfoque en la vida privada, en el individuo. La economía también sufrió una especie de globalización temprana. Los inmensos tesoros persas, que llevaban siglos acumulados en palacios, se acuñaron en moneda y se pusieron en circulación. Esto provocó una explosión comercial sin precedentes, pero claro, también trajo un nuevo problema, una inflación galopante. Y finalmente vamos a explorar el extraordinario legado intelectual y cultural de esta era, una era definida por una fusión vibrante y a veces conflictiva de las tradiciones griegas y orientales. Políticamente el concepto de ley se transforma por completo. La idea griega de que la ley es un acuerdo entre ciudadanos desaparece. Ahora, el rey es la ley viviente, el nomosems autoridad no emana de la comunidad, sino de su propia naturaleza que se considera divina y de ahí que adopten títulos como Salvador o Dios, legitimando un poder que era en esencia absoluto. El epicentro de toda esta nueva cultura fue, sin duda, Alejandría. [resoplido] Su museo y su biblioteca, patrocinados por los tolomeos, se convirtieron en el mayor centro de investigación del mundo antiguo. Se estima que su biblioteca llegó a albergar más de 700,000 rollos de papiro. Una locura. Un intento casi utópico de recopilar todo el saber humano bajo un mismo techo. Y los resultados fueron asombrosos. Aquí en Alejandría, Aristarco propuso que la Tierra giraba alrededor del Sol casi dos milenios antes que Copérnico. Eratóstenostenes midió la circunferencia de nuestro planeta con un error mínimo y Euclides sentó las bases de la geometría que se estudiarían durante los siguientes 2000 años. Un florecimiento científico sin igual. Y aquí llegamos a la esencia del cambio. La era helenística marca un giro fundamental. El patriotismo local de la ciudad de estado es sustituido por un nuevo cosmopolitismo. El individuo, que ahora es ciudadano de un vasto imperio, se ve forzado a buscar un nuevo sentido a su existencia en un mundo mucho más grande e impersonal. Y esto nos deja con una última reflexión. Una pregunta importante. Vimos un desarrollo científico teórico absolutamente brillante, pero con muy poca aplicación técnica. ¿Por qué? Pues quizá la respuesta se encuentre en la base misma de esa sociedad. La mano de obra esclava, abundante y barata hacía innecesaria la innovación tecnológica para mejorar la producción. un recordatorio de que incluso las mentes más brillantes pueden estar limitadas por la estructura social en la que viven.