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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

01 Agustín de Hipona | La teoría de las tres visiones

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Vamos a meternos hoy con una de esas grandes ideas que suenan super académicas, pero que en el fondo son bueno, son como un mapa. Hablamos de la teoría de las tres visiones de San Agustín. Y es que en realidad es un viaje alucinante para entender cómo conocemos el mundo. Un camino que va desde lo que ven nuestros ojos hasta esas verdades que solo se pueden alcanzar con la mente. Así que venga, empecemos a subir. Y la pregunta con la que arrancamos es esta. Ver es solo lo que hacemos con los ojos. Para San Agustín, la respuesta era un no, pero un no rotundo. Para él ver era en realidad un sinónimo de conocer. Su teoría precisamente va de esto, de cómo conocemos la realidad en tres niveles, tres maneras distintas de ver el mundo y de paso de vernos por dentro. Esta va a ser nuestra hoja de ruta. Primero vamos a entender por qué para Agustín ver es mucho más que mirar. Después subiremos por esos tres escalones que él propuso, el mundo físico, el interior y el inteligible. Y al final veremos cómo todo encaja y forma un mapa del conocimiento bastante fascinante. El esquema de este viaje es su movimiento en tres tiempos. Es un camino que empieza fuera, en lo exterior, en el mundo que tocamos y vemos para luego hacer un giro, un giro hacia dentro, hacia la mente. Y desde ahí el último paso es elevarse hacia lo superior, hacia la verdad en estado puro. Es una progresión, una forma de ir cada vez más y más profundo. Empezamos por el primer nivel. Claro, por la visi corporalis. La visión corporal. Este es el punto de partida, es la forma de ver más directa, la que nos resulta más familiar a todos, ¿no? Entonces, ¿qué es exactamente? Pues es la visión que tenemos a través de los sentidos. Su objetivo, por así decirlo, son los cuerpos físicos, los colores, las formas, los sonidos. Todo lo que podemos percibir es la sensación pura y dura. Pero ojo, y aquí hay un punto clave. Aunque Agustín la ve como la forma más básica de conocer, para él no es algo pasivo. Es el alma la que activamente registra esa impresión que el cuerpo le está mandando. Para que esto quede supercaro, vamos a usar un ejemplo muy sencillo que nos va a acompañar todo el rato. Un árbol. Cuando vemos un árbol de verdad en un jardín, percibimos su tronco, el color de las hojas, como el viento las mueve. Pues bien, eso es la visi corporalis, la experiencia directa a través de los sentidos. Pero lo interesante es que esta visión tiene como una doble cara o incluso triple. Por un lado, es fundamental, es el punto de partida, no hay otra. Sin embargo, también nos puede engañar. Todos sabemos que los sentidos a veces fallan. Y aquí viene lo más importante para Agustín. Todo lo que vemos con los ojos puede ser un signo, una pista que apunta a algo más grande. Si aprendemos a leerlo, claro. Y esa necesidad de interpretar, de leer las cosas, nos lleva directamente al siguiente escalón. Damos un giro hacia dentro, pasamos al segundo nivel, la fisio espiritualis, la visión del mundo interior. Aquí ya no estamos viendo un objeto físico, sino la imagen que nos hemos hecho de él. Esta es la esfera de la mente, la imaginación, los recuerdos, los sueños. Es todo ese material que los sentidos han ido dejando en nuestra alma como huellas de lo que hemos percibido y que ahora podemos manejar a nuestro antojo por dentro. Volvemos a nuestro árbol, cerramos los ojos o simplemente nos vamos del jardín, da igual, porque la imagen del árbol sigue ahí en la mente. Podemos recordarlo, imaginarlo con más hojas, con menos. Bueno, pues esa imagen mental, esa representación interna, eso es lo que pertenece a la Visio espiritualis. Este nivel es importantísimo porque marca ese giro hacia el interior, que es donde, según Agustín, empezamos a buscar la verdad de verdad. nos libera del aquí y ahora, nos permite viajar con la mente al pasado o incluso imaginar el futuro. Pero Agustín nos lanza una advertencia y es que este mundo interior es un terreno complejo. Es también un campo de batalla moral donde las imágenes de nuestros deseos, de nuestras tentaciones, están luchando por nuestra atención y esto nos lleva a la cima, al último y más alto peldaño de esta escalera, la visio intelectualis, la visión del mundo de las ideas, el mundo inteligible. Aquí ya vamos más allá de los objetos físicos y de sus imágenes en la mente. ¿Y qué es lo que se ve aquí? Pues ya no son ni cuerpos ni imágenes, sino las ideas puras. Hablamos de realidades como las verdades matemáticas, que dos y dos son cuatro aquí y en la China, o principios morales como la justicia. Son cosas que no se tocan, que no se ven con los ojos, pero que la mente capta directamente. Para Agustín, la cumbre de esta visión es contemplar la verdad con mayúsculas. Es una unión directa del intelecto con lo eterno. Si volvemos a nuestro ejemplo, la visión intelectual ya no es ver el árbol del jardín ni tampoco imaginarlo. Es captar la idea universal de árbol, eso que todos los árboles tienen en común. O es entender una verdad abstracta, lógica, como que algo no puede ser y no ser al mismo tiempo. Es el salto a lo universal, a lo abstracto. La cosa aquí se pone muy profunda. En este nivel, la mente descubre verdades que no se inventa, verdades que no cambian, que existen con independencia de nosotros. Para Agustín esto es la iluminación divina en acción. La mente no crea esta luz, sino que la recibe. Y es este el nivel que para él abre la puerta la contemplación de la verdad que él identifica con Dios. Bueno, y ahora vamos a juntar todas las piezas, porque estas tres visiones no son tres formas de conocer aisladas que no tienen nada que ver entre sí. Para San Agustín, son niveles que están conectados, que forman un camino continuo y ascendente que una misma persona recorre en su búsqueda de la verdad. Y de hecho, esta teoría encaja como un guante con otra idea clave de Agustín, la diferencia entre el hombre exterior y el hombre interior. El hombre exterior es el que vive anclado en la primera visión, en la corporal, reducido a lo que ve y a lo que toca. En cambio, el hombre interior es el que se mete de lleno en la visión espiritual e intelectual, el que empieza ese viaje hacia dentro para desde ahí poder elevarse. Y llegamos a la idea central, la que lo resume todo. Esta frase captura la esencia de todo el pensamiento de Agustín. Todo su camino, tanto filosófico como espiritual, es en realidad una transformación de la mirada, aprender a ver más allá de la superficie de las cosas, meterse dentro de la propia mente y desde ahí ascender hacia la verdad eterna. Y para terminar, hay queda una pregunta para darle vueltas. Ya más allá de Agustín, ¿qué verdades son esas que se ven cuando no se usan los ojos? ¿Qué se conoce a través de la memoria, de la imaginación o de la pura razón? La respuesta quizá es lo que dibuja el mapa de nuestro propio interior.