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HISTORIA GENERAL DE LA CIENCIA II
02 | LA FILOSOFÍA NATURAL Y EL EXPERIMENTO
🎬 ⚗️ El vapor en el laboratorio: El enigma de Nollet
✍️ Autor: Manuel A. Sellés
📝 Resumen:
Este artículo analiza las investigaciones del abate Nollet sobre el agente responsable del fenómeno de la ebullición. Sus estudios representan un caso destacado de los métodos de la física experimental francesa de mediados del siglo XVIII, una etapa cualitativa que precedió a la transformación hacia una física cuantitativa y exacta. Nollet se opuso a la creencia de que el borboteo del agua al hervir se debía únicamente al aire disuelto, argumentando que lo que se liberaba era vapor dilatado de agua. A través de la observación de filetes de vapor sutil que surgen del fondo de los recipientes, conjeturó que la materia del fuego penetra el agua y genera burbujas expansibles cuya resistencia depende del peso del líquido y la atmósfera. Finalmente, el autor sugiere que el avance científico de la época, liderado por figuras como Black o Lavoisier, implicó un cambio de paradigma: renunciar a la búsqueda de las causas mecánicas e íntimas de la naturaleza para centrarse en el conocimiento algebraico de las relaciones entre magnitudes medibles.
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Lista de reproducción de la asignatura:
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Transcripción
Poner agua a hervir parece lo más normal del mundo, ¿verdad? Algo que hacemos casi sin pensar, pues para las mentes más brillantes del siglo XI, este simple acto era un misterio, pero un misterio de los grandes. Detrás de esas burbujas se escondía un enigma que ponía en jaque la propia naturaleza de la materia. Esa era la pregunta del millón, porque a ver, no se trataba solo de un poco de humo o de aire caliente, era una transformación, un cambio de estado que nadie, pero nadie entendía del todo. ¿Qué agente secreto estaba detrás de todo esto? Y aquí es donde entra en escena nuestro protagonista, Jan Antoine Nolet, un físico experimental que en lugar de tragarse las teorías abstractas de la época decidió convertirse en una especie de detective de la naturaleza. Su plan, interrogar al agua hirmiendo directamente para arrancarle sus secretos. Pero ojo, Nojet no era un investigador cualquiera, ¿eh? Tenía un método muy muy particular, una forma de hacer ciencia que, de hecho, chocaba de frente con los gigantes de su tiempo, gente como Descartes o el mismísimo Newton. Fijaos, a diferencia de la física que él llamaba sistemática, que partía de ideas gigantescas y luego intentaba que la realidad encajara ahí, Noliet defendía algo radical. El conocimiento tenía que nacer de la experiencia. Para él, la ciencia empezaba con los hechos, no con suposiciones. Si no se podía ver, tocar o medir, sencillamente no era un punto de partida válido. Así de claro. Venga, vamos a meternos de lleno en su método. Era un proceso superriguroso, casi como el de un detective de hoy en día. Primero observas la escena del crimen, el hecho en bruto. Luego propones un sospechoso, una explicación, y después lo sometes a un interrogatorio brutal. Si la explicación fallaba en algún caso, se descartaba y a buscar más pistas, modificando la teoría hasta que encajara con absolutamente todas las pruebas. Así que, armado con este método, Noet se dispuso a interrogar a su testigo principal, un recipiente con agua puesto al fuego. Y lo que vio, bueno, lo que vio, le dejó completamente fascinado. Su primer experimento fue pura observación. Calentó agua en un matraz de vidrio totalmente transparente para no perderse ni el más mínimo detalle. Al principio, pues lo esperado, pequeñas burbujas del aire que está disuelto en el agua que subían a la superficie. Pero entonces, justo antes de que rompiera hervir, algo cambió. El aire desapareció y en su lugar del fondo del recipiente empezaron a subir unos extraños filetes o rayos, como él los describió, un vapor casi invisible que enturbiaba el agua. Esta era la primera vista real, el ADN del fenómeno, por así decirlo. Y aquí fue cuando tuvo su momento Eureeka. Apoyándose en la teoría de un talerjab, que era muy influyente en la época, Noet creyó que no estaba viendo agua, sino la materia del fuego en persona. Vamos, que pensó que estaba presenciando en directo cómo el fuego atravesaba el cristal y se mezclaba con el agua para crear el vapor. Y esto nos lleva a un punto que es absolutamente crucial. No Jet no era un observador pasivo. La teoría que ya tenían la cabeza sobre el fuego moldeó por completo lo que vio. O sea, que en el fondo estaba viendo justo lo que esperaba ver. No eran solo datos de sus sentidos, era una observación filtrada por la lente de sus creencias. Siel a su propio método, Noet puso a prueba su hipótesis. A ver, si la materia del fuego era la culpable, esto debería funcionar para todos los líquidos, ¿no? Pues no. Resulta que metales fundidos como el plomo o el estaño se calentaban una barbaridad, pero no hervían. Su principal sospechoso tenía una cuartada. De repente, la investigación daba un giro de 180º. Para conseguir más pruebas, Noet decidió hacer lo que haría cualquier buen detective, cambiar el escenario del crimen. Se llevó su experimento a un entorno nuevo, un sitio donde esperaba que el culpable se revelara con mucha más claridad, una cámara de vacío. Su idea en principio era simple. Si eliminaba la presión del aire, la verdadera causa de la ebullición fuera la que fuese, actuaría con más libertad. Montó un sistema superingenioso para calentar agua dentro de una campana de vacío con un barómetro dentro para medir la presión. Pero claro, la naturaleza le tenía preparada otra sorpresa. Los resultados fueron una locura. El agua hervía a solo 25 grumer, que es casi a temperatura ambiente. El vapor que se creaba parecía tener una especie de resorte, una presión que la bomba de vacío no podía eliminar. Y lo más raro de todo, lo que le dejó alucinado, al enfriar el sistema, la columna de mercurio del barómetro bajó a un nivel imposible por debajo de cero, como si existiera una presión negativa. Estaba claro. Su teoría de la materia del fuego no explicaba absolutamente nada de esto. Así que, fiel a su método, la descartó y propuso un nuevo sospechoso, un aire sutil, una forma de materia tan fina que podía atravesar los poros del vidrio y que al liberarse dentro del vacío causaba todos estos fenómenos rarísimos. Era una explicación ingeniosa, sí, pero también le estaba alejando cada vez más de la respuesta correcta. Y es aquí donde la historia da un vuelco tremendo, porque mientras Noliet estaba persiguiendo a su culpable físico, a esa sustancia que se pudiera tocar, una revolución silenciosa estaba cambiando las reglas del juego. La física, tal y como se conocía, estaba a punto de transformarse para siempre. Fijaos en este cambio porque es brutal. Noliet y su física se preguntaban por qué buscaban la causa, el fluido invisible que lo provocaba todo. Pero una nueva generación de físicos como Joseph Black o la Wasier empezaron a hacerse una pregunta distinta. ¿En qué medida les importaba menos por qué era el calor y mucho más cómo medirlo y predecir su comportamiento con fórmulas matemáticas? Y esa es la clave de todo. El objetivo ya no era crear una imagen que se pudiera visualizar del fenómeno como partículas de fuego empujando a las de agua, ¿no? El objetivo era encontrar una relación, una ecuación que describiera con una precisión matemática la relación entre presión, volumen y temperatura, sin tener ni idea de qué eran esas cosas a nivel microscópico. Pero claro, esta transformación no salió gratis. El avance de la ciencia tuvo un coste y la historia de Noet nos enseña mejor que ninguna otra cuál fue exactamente ese precio. Es muy importante entender esto. El trabajo de Noet no fue un fracaso, para nada. Fue la culminación de un paradigma, la física experimental cualitativa llevada a su máxima expresión por uno de sus mejores maestros. Su método era impecable. Lo que pasaba es que el propio objetivo de su método estaba a punto de quedarse obsoleto. El punto crucial se resume en esta idea que es muy potente. Para que pudieran nacer la termodinámica y la física moderna, la ciencia tuvo que tomar una decisión muy difícil, renunciar a esa obsesión por encontrar causas que se pudieran ver y centrarse en las relaciones matemáticas que permitían predecir los fenómenos. Y todo esto nos deja con una última pregunta para reflexionar. En la física cuántica o en la cosmología, donde las causas son a menudo s extrañas e invisibles, ¿se sigue pagando ese mismo precio? ¿Qué explicaciones visuales intuitivas hemos tenido que sacrificar a cambio del poder predictivo de las matemáticas? La historia del detective en el agua hirviendo al final sigue estando muy vigente.