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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

03 Juan Escoto Eríugena | Sobre la Naturaleza

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

A ver cómo se puede llegar a pensar en algo que por su propia definición está más allá de cualquier pensamiento en el siglo IX, el filósofo Juan Escoto Erígena se enfrentó a este desafío monumental y en su obra sobre la naturaleza nos dejó un mapa mental fascinante para navegar la realidad. Para entender su pensamiento, lo mejor es seguir el mapa que él mismo trazó. Empezaremos con el gran problema que intentaba resolver para luego ver la elegante solución racional que propuso. Desde ahí exploraremos sus famosas cuatro divisiones de la naturaleza, nos acercaremos a su concepto del creador y ya al final reflexionaremos sobre el legado de este mapa mental que de alguna forma llega hasta hoy. Pues todo arranca con una pregunta que la verdad traía de cabeza a los pensadores neoplatónicos de la Edad Media como Eríena un auténtico rompecabezas filosófico. El dilema es este. Si el ser primero, la causa de todo, se describe como la divinidad más allá del ser, ¿cómo empezamos siquiera a hablar de ello de forma racional? O sea, si no lo podemos conocer, la razón ya no tiene nada que hacer, ¿está todo perdido? Pues bien, frente a lo que parece un callejón sin salida, Erígena no se rinde, ni mucho menos. Al contrario, lo que hace es proponer un camino, un método para abordar lo que parece inabordable. Su gran idea, que es brillante, fue pensar que, vale, quizá no podemos conocer al creador directamente, pero sí que podemos conocer su obra, la creación. Y si el creador se manifiesta en lo que ha creado, entonces al estudiar la naturaleza de forma lógica, sistemática, podemos llegar a entender algo sobre su causa. Es como intentar conocer a un arquitecto estudiando a fondo el edificio que ha diseñado. Y aquí es donde la cosa se pone interesante. Vamos a ver cómo construye todo esto. Erígena organiza la realidad entera, todo lo que es y lo que no es, en un sistema que es sorprendentemente elegante. Toda la idea de naturaleza la articula en, ojo, cuatro divisiones fundamentales, una estructura supercara para un universo que es de todo menos simple. Estas son las cuatro patas de su sistema, su mapa de la realidad. A ver, la que crea y no es creada, la que es creada y también crea, la que es creada, pero ojo, ya no crea, y por último, la que ni crea ni es creada. Suena un poco a trabalenguas, ¿verdad? Pues vamos a desgranarlo que se entiende enseguida. Claro, la primera, como es lógico, es el origen de todo, la fuente, la causa de todas las causas. Ergina la identifica con Dios. Es incognocible en su esencia, sí, pero se hace visible, se hace comprensible a través del universo que sale de ella. Y esta segunda división es la verdad fascinante porque funciona como una especie de puente. Hablamos de las causas primordiales, las ideas platónicas, si queremos verlo así, son creadas por la primera división, pero ellas a su vez crean y le dan forma al mundo que conocemos. Y es justo aquí donde Erígena nos sitúa a nosotros, a los seres humanos y también a las inteligencias angélicas. Y un momento, porque aquí aparece un concepto clave que Erígena hereda del pseudodioniso, los intelectos seráficos. Para él no es una simple curiosidad teológica sobre ángeles, ¿eh? No, no. Estas inteligencias puras son un eslabón fundamental en toda la jerarquía del ser, como un canal esencial entre el creador y el resto de la creación material. Bajamos un escalón más y en la tercera división ya encontramos el mundo de los efectos, o sea, lo que es creado a partir de las ideas de la segunda división. Este es nuestro universo, el del telespacio y el tiempo, el mundo biológico que nos rodea. Son seres que han sido creados, pero que ya no tienen la capacidad de crear a su vez causas primordiales. Y con esto llegamos a la base de todo. La cuarta división es, por así decirlo, el fundamento material. Dios como fin de todo. Son el resultado final del proceso, pero no están creados en el mismo sentido que un animal. No participan activamente del ser. Pensemos en ellos como el lienzo. El lienzo pasivo sobre el que se pinta todo lo demás. Ya no son causa de nada, simplemente están ahí como el último estrato de la realidad. Vale, volvamos atrás un momento a la pieza más misteriosa de este puzzle, la primera división, el creador. Si hemos dicho que es incognible, ¿cómo podemos decir algo racional sobre él? Bueno, pues Serígena no nos deja oscuras ni mucho menos. Nos propone cinco vías, cinco modos para acercarnos. Exacto. Nos da cinco modos de manifestación, cinco caminos que la razón puede recorrer para intentar comprender esa primera naturaleza que en principio es inalcanzable. Y estos son los caminos. A ver, primero, analizar la propia existencia, lo que es y lo que no es. Segundo, pararse a estudiar las jerarquías y las diferencias que vemos en la naturaleza. Tercero, investigar todo lo que el mundo visible nos muestra, lo que percibimos con los sentidos. Cuarto, examinar las ideas y los conceptos que tenemos en nuestra propia mente. Y por último, y esto es clave, observar la propia razón humana, viéndola como un reflejo de su creador. Y este enfoque es profundamente lógico. Eh, por ejemplo, cuando aplica el segundo modo, eso de estudiar los órdenes y diferencias, Edígena utiliza la dialéctica para hacer una distinción que es fundamental, la diferencia entre las propiedades esenciales de algo, lo que lo define sí o sí, y sus accidentes, o sea, esas características que no son esenciales, que pueden cambiar. Es un análisis puramente racional de cómo está estructurada la creación. ¿Vale? Y después de todo este recorrido, la pregunta es, ¿y esto a nosotros hoy, ¿qué nos dice? ¿Por qué sigue siendo importante este sistema tan complejo del siglo IX? Pues porque su obra es un ejemplo espectacular de esa necesidad tan humana que tenemos de poner orden. Es un intento audaz, valiente, de mapear la totalidad de la existencia usando solo las herramientas de la razón. Un impulso que, si lo pensamos, prefigura el espíritu del racionalismo y de la búsqueda científica de un orden oculto en el universo. Y esto, claro, nos deja con una última reflexión. Este sistema medieval era un mapa para su tiempo. Hoy, ¿cuáles son los nuestros? ¿Son las leyes de la física, las teorías filosóficas? Quizá los modelos económicos. ¿Qué sistemas creamos ahora para intentar dar sentido a lo que en el fondo sigue y seguirá siendo un misterio?