Considero importante recordar este concepto por ser la segunda Naturaleza de la que nos habla Juan Escoto Eriugena (o Erigena).
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
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Resumen del Contenido
El contenido aborda el concepto filosófico medieval de las inteligencias seráficas, entendidas como sustancias inmateriales o formas puras desprovistas de materia. A diferencia del intelecto humano, que discurre de manera discursiva y progresiva, estas mentes angélicas poseen un modo de conocimiento intuitivo, directo e instantáneo. La formulación del concepto se remonta al pensamiento de Dionisio Areopajita y fue estructurada rigurosamente en la escolástica posterior por figuras como Tomás de Aquino. Se examina también la decisiva contribución de San Buenaventura, quien infunde a estas inteligencias un carácter místico y afectivo al definir su actividad no solo como mera contemplación racional, sino como un conocimiento ardiente inflamado de amor, que culmina en la unión íntima y directa con la divinidad. Se concluye reflexionando sobre cómo este modelo epistemológico de perfección cognitiva sirve para ilustrar los límites y la naturaleza del propio intelecto humano.
Hoy vamos a ver qué es eso de las inteligencias seráficas, un concepto fascinante de la filosofía medieval. Bueno, pues vamos al lío. La pregunta es, ¿qué son exactamente las inteligencias seráficas? Pues se refiere a los serafines, pero entendidos como intelectos puros, sin nada material, mentes, básicamente. Para que quede claro, vamos a dividirlo en dos. Primero, la parte de inteligencia. Pero ojo, que inteligencia aquí no tiene nada que ver con el cociente intelectual de hoy en día, ¿eh? Es una sustancia sin materia, una forma pura que conoce y que además puede actuar como causa. Vale, ya tenemos inteligencia. Ahora vamos con la segunda parte. ¿Qué es eso de seráfico? Pues será viene, como no, de serafín, los ángeles de mayor rango, los más cercanos a Dios. Y es que están en lo más alto de la jerarquía, por encima de todos los demás. ¿Y de dónde sale todo esto? Pues la idea la empezó a perfilar un teólogo llamado Dionisio Areopajita. Luego los escolásticos con gente como Tomás de Aquino la desarrollaron y la pulieron mucho más. Aquí está la clave. Su conocimiento es directo. Pum, todo de golpe. El nuestro va pasito a pasito. Pero luego llegó San Buenaventura y le dio una vuelta de tuerca muy interesante al asunto. Para él no era solo conocer, era un conocimiento ardiente, lleno de amor, una unión total con Dios. Entonces, si juntamos todas las piezas, ¿qué nos queda? Pues una definición bastante completa. Son, por tanto, las mentes más altas dedicadas solo a la contemplación directa de Dios, sin filtros. Y claro, esto nos deja pensando, si su conocimiento es así, ¿cómo queda el nuestro, el humano?