← Volver al buscador
HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea)

03 │ La primera revolución industrial la revolución demográfica agraria y de los transportes

HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Sección Contemporánea) Basado en el libro: El mundo contemporáneo: Del siglo XIX al XXI Libro de Ramón Villares y Ángel Bahamonde Creado con NotebookLM - Lista de reproducción de: HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHtrkm9OjAfhKZfj83e_y2L Lista de reproducción de: HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHNJ4YdIsgtQ8sUSdANUo8L

Transcripción

A ver, pensemos por un momento en un mundo sin fábricas, sin trenes, un mundo donde la vida de casi todo el mundo dependía del Sol y de la Tierra. Bueno, pues esa fue la realidad de la humanidad durante miles de años. Hoy vamos a viajar justo al momento en que todo eso cambió para siempre, la primera revolución industrial, una transformación que no solo llenó el mundo de máquinas, sino que literalmente reescribió las reglas del juego de nuestra sociedad. Para que nos hagamos una idea de la magnitud de esto, los historiadores usosan una metáfora potentísima. Prometeó liberado. Recordamos el mito, el titán que le robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos. Pues aquí pasó algo parecido. La humanidad, a través de la ciencia y la técnica, le robó la naturaleza su mayor secreto, la capacidad de producir en masa. Por primera vez en la historia rompimos las cadenas de la escasez. Este es, sin exagerar, el nacimiento de nuestro mundo moderno. Pero claro, nos lleva a la gran pregunta del millón. ¿Por qué allí de todos los sitios del mundo? ¿Por qué en una isla más bien pequeña y húmeda al norte de Europa? ¿Qué ingredientes se mezclaron en la Gran Bretaña del siglo XVII para que prendiera la mecha de una revolución que iba a cambiar el planeta entero? Pues bien, para resolver este misterio vamos a analizar cinco piezas clave de este puzzle. Primero, el despertar, o sea, las condiciones únicas que prepararon el terreno. Después veremos cómo todo empezó curiosamente en el campo. Descubriremos cuál fue el combustible humano que lo alimentó todo, cómo se las ingeniaron para conectar el nuevo mundo y finalmente como Gran Bretaña acabó siendo el taller del mundo. Venga, pues vamos con el primer punto, el despertar. ¿Qué hizo de Gran Bretaña el lugar perfecto, el crisol donde se forjó todo esto? Pues no fue una sola cosa, fue una combinación de factores bastante única. En realidad fue como una tormenta perfecta. Por un lado, su condición de isla le daba un dominio brutal del transporte marítimo. Por otro, su sistema político, una monarquía parlamentaria, protegía la propiedad privada y los negocios, algo que animaba a la gente a invertir. Pero si me apuran, el ingrediente secreto fue una burguesía con una mentalidad totalmente nueva. No se trataba solo de inventar cosas, sino de aplicar la ciencia para ganar dinero. Esa esa fue la verdadera chispa. Y aquí viene la gran paradoja de esta historia, porque antes de que las ciudades se llenaran de fábricas humeantes, la auténtica revolución empezó en el campo. Sí, sí, como lo oyen, la industria moderna nació en realidad en los campos de cultivo. Todo arrancó con un proceso que cambió el paisaje para siempre, los famosos enclosures o cercamientos. Básicamente, el gobierno permitió privatizar tierras que durante siglos habían sido de uso común. El resultado, un cao en dos asaltos. Por un lado, nacieron granjas enormes, superficientes, gestionadas como empresas para sacar el máximo beneficio. Y por otro, miles y miles de campesinos fueron expulsados de esas tierras, creando un ejército de mano de obra desesperada que tuvo que emigrar a las nuevas ciudades industriales a buscar trabajo. Fue un cambio de mentalidad total. Se pasó de la agricultura de subsistencia, donde se cultivaba para comer y se dejaba descansar la tierra, lo que se conoce como barbecho, a una agricultura orientada al mercado. Un sistema intensivo, sin descanso para la Tierra, diseñado para producir al bestia y generar excedentes. La joya de la corona de esta innovación fue el sistema Norfolk, una genialidad de verdad, una rotación de cuatro cultivos que eliminaba por completo la necesidad de dejar la tierra en barbecho. Se iban alternando cereales para vender, como el trigo y la cebada, con plantas forrajeras como los navos y el trébol. Y aquí está la magia. Estas plantas no solo devolvían los nutrientes al suelo, sino que servían para alimentar el ganado, que a su vez producía abono para la Tierra, un círculo perfecto de productividad. La conclusión es brutalmente simple, pero lo cambió todo. De repente se producía muchísima más comida con muchísima gente y esto liberó a millones de personas del campo que se convirtieron, ni más ni menos, en la mano de obra que las fábricas estaban esperando. Y ese combustible humano es nuestra tercera clave. La revolución en el campo nos dio la mano de obra. Pero, ¿de dónde salió tantísima gente? pues de una explosión demográfica como no se había visto nunca antes. El equilibrio de la vida y la muerte que había durado milenios de repente saltó por los aires. Durante siglos el modelo era el antiguo. Nacían muchos niños, pero morían casi los mismos por el hambre y las enfermedades. La población apenas crecía, pero de repente entramos en el modelo moderno. La gente seguía teniendo muchos hijos, pero gracias a que se comía mejor, la mortalidad se desplomó. El resultado, una auténtica explosión de población. Las cifras son para marearse de verdad. En solo 100 años, la población de Gran Bretaña se triplicó. Pasó de unos 6,illones y medio de personas a casi 21,000es. La causa principal, como decíamos, fue la mejor alimentación, pero también ayudaron los primerísimos avances en higiene y medicina, como la vacuma de Jenner contra la viruela allá por 1796. Y todo este mogollón de gente nueva le dio a la industria justo lo que necesitaba para despegar. Por un lado, una fuente casi inagotable de trabajadores baratos y, por otro, millones de nuevos consumidores con ganas de comprar los productos que salían de esas mismas fábricas. El negocio redondo. Vale, tenemos las fábricas produciendo a tope y gente para trabajar y comprar, pero ¿de qué sirve todo eso si no puedes mover las materias primas y los productos? Faltaba una pieza fundamental, el sistema circulatorio, y esa fue la revolución de los transportes, que conectó las minas con las fábricas y las fábricas con el mundo. La velocidad a la que se movían las cosas y las personas se disparó. Al principio se mejoraron las carreteras y se creó una red de canales. Pero el cambio de verdad, el que lo puso todo patas arriba, llegó en 1830 con The Rocket, la locomotora de vapor de Stevenson. El ferrocarril literalmente encogió el país y a escala mundial obras gigantescas como el canal de Suz en 1869 empezaron a encojar el planeta. Pero lo más increíble del ferrocarril es que no fue solo una consecuencia de la industria, fue su principal motor. Pensemos en ello. Construir miles de kilómetros de vías férrias creó una demanda salvaje de hierro, acero y carbón. Esto a su vez alimentaba un ciclo de crecimiento que parecía no tener fin. En el fondo, lo que pasó es que nuestra relación con el espacio y el tiempo cambió para siempre. La distancia dejó de ser un problema insuperable y la velocidad se convirtió en el nuevo fetiche, en el gran valor que iba a definir el mundo moderno. Y con esto llegamos al final del recorrido. Venga, vamos a Tarcavos. ¿Qué pasa cuando juntas una revolución en el campo? una explosión de gente y una forma totalmente nueva de conectar el mundo, pues que el resultado es la era del taller del mundo. Si lo pensamos, cada revolución puso una pieza indispensable. La del campo nos dio comida y trabajadores. La demográfica todavía más trabajadores y además consumidores. Y la de los transportes lo conectó todo, moviendo recursos y productos de un lado a otro. Fue, como decíamos al principio, la tormenta perfecta que dio origen a la industria moderna. Y con todo esto, el resultado era inevitable. Gran Bretaña se consolidó como el taller del mundo. Durante décadas fue la potencia económica y tecnológica indiscutible, produciendo para todo el planeta y poniendo las bases de la economía global que conocemos hoy. Pero claro, este poder tuvo su carabé. Creó una nueva división mundial, por un lado, un pequeño club de naciones industrializadas y ricas, por otro, el resto del planeta. nació una brecha económica y tecnológica que en muchos sentidos sigue marcando nuestro mundo a día de hoy. Lo que nos deja con una pregunta final, una pregunta bastante seria, la verdad. Si esta revolución fue la que abrió la gran brecha que divide nuestro mundo, ¿qué tipo de revolución va a hacer falta para cerrarla? La respuesta a eso seguramente definirá nuestro futuro.