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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre
04 01 La crisis económica y social de la Baja Edad Media
La crisis económica y social de la Baja Edad Media.
Problemática e interpretación de la crisis.
El problema de la regresión demográfica.
Inquietudes y transformaciones en el medio rural.
La agitación en los medios urbanos.
Cuarta parte | La Baja Edad Media (siglos XIV y XV) | La crisis de la sociedad medieval.
Transcripción
Cuando pensamos en los siglos XIV y XV, a menudo los vemos como el final de la Edad Media. Pero fueron mucho más que eso. Fueron una época de crisis económica y social tan bestial que hizo temblar Europa hasta sus cimientos. Un puente, sí, pero un puente muy doloroso hacia lo que hoy llamamos la modernidad. Para entender este colapso, vamos a seguir una ruta muy clara. Primero veremos cómo era el ambiente en ese otoño de la Edad Media. Luego los tres grandes golpes, el hambre, la peste y la guerra. Analizaremos cómo estalló la furia en los campos y la agitación en las ciudades para después ver cómo todo esto transformó el mundo y terminar con la gran pregunta. ¿Fue solo una crisis o algo más? Muy bien, pues vamos a meternos en materia. Hay que situarse como estaba el panorama justo antes de que todo saltara por los aires. Esta famosa frase del historiador Johan Huisinga lo resume a la perfección. Imaginemos una sociedad cuyas estructuras, las que habían funcionado durante siglos, pues ya no daban más de sí. El gran crecimiento económico medieval se había frenado en seco. Era lo que algunos llaman una sociedad bloqueada, estancada, con unas desigualdades sociales enormes y un malestar que se palpabó en el ambiente. El terreno estaba listo para una crisis general. Y esa crisis, claro, llegó, pero no llegó de golpe, sino que lo hizo con una combinación letal, como tres jinetes del apocalipsis que desataron la catástrofe. El primer golpe fue el lambre. A principios del siglo XIV, el clima cambió y de repente las cosechas empezaron a fallar un año tras otro. La llamada gran ambuna fue terrible, por ejemplo, en Flandes. En 1316, la ciudad de IPRES perdió a más del 10% de su gente y por si fuera poco, los suelos estaban agotados, sobre explotados con técnicas agrícolas que ya no eran suficientes. El segundo jinete, la guerra. A ver, la guerra no era nada nuevo en la Edad Media. Claro, lo que cambió en esta época fue su continuidad. De repente, la guerra era constante. La guerra de los 100 años entre Inglaterra y Francia o el caos casi permanente en Alemania e Italia destrozaron regiones enteras y dejaron a las monarquías sin un céntimo. Y entonces, con una población ya muy debilitada por el hambre y la guerra, llegó el golpe de gracia, la peste negra. La descripción que hace Bocacho pone los pelos de punta. Esta epidemia, que entró por Oriente en 1348 se encontró con el escenario perfecto para una masacre. Paremos un segundo a pensar en esta cifra. Entre 1347 y 1350, Europa perdió a un tercio de su población. Un tercio. No es solo una estadística, es una ecatombe demográfica que lo cambió absolutamente todo. Después de esto, nada, pero nada volvería a ser igual. Vale, ya hemos visto las causas. Ahora vamos a una de sus consecuencias sociales más directas y violentas, la oleada de revueltas campesinas que recorrió toda Europa. Y ojo, que no hablamos de casos aislados para nada. Como se ve aquí desde Flandes hasta Italia, el siglo XIV fue una auténtica explosión de furores campesinos. fue la reacción encadena a la guerra, a unos impuestos que asfixiaban a la gente y a un sistema señoreal que se estaba desmoronando. Un caso que lo ilustra la perfección es la Jaquerry francesa de 1358. Fue un estallido de violencia desesperada. Los campesinos se levantaron contra la nobleza, a la que acusaban de no hacer su trabajo, de no protegerlos en plena guerra de los 100 años. Asaltaron castillos y señoríos hasta que, claro, fueron aplastados con una represión durísima. Pero es que a veces detrás de la violencia había una ideología muy potente. Esta frase del predicador John Ball de la revuelta inglesa de 1381 es una bomba. No estaba pidiendo solo menos impuestos, estaba atacando la base misma de todo el sistema. O sea, preguntaba si en el origen todos éramos iguales, ¿de dónde sale esta clase privilegiada? Era dinamita pura para el orden feudal. Bien, ya hemos visto el campo en llamas, pero ¿y las ciudades? Porque ahí la cosa también estaba que ardía, aunque los conflictos eran de otro tipo. Aquí la clave es entender la motivación. En el campo la lucha era contra el Señor. En la ciudad la pelea era muchas veces una lucha de poder interna. Los gremios de artesanos, la clase media urbana, por así decirlo, querían arrebatarles el control del ayuntamiento a las viejas familias ricas de siempre. Y luego está el caso increíble de los COMPI en Florence. Eran los trabajadores más pobres, los que no tenían gremio ni derechos. el último eslabón de la industria textil. Y en 1378, en un movimiento casi único en la historia, esta gente se levantó y consiguió, aunque fuera por poco tiempo, tomar el poder en una de las ciudades más ricas de Europa. Imaginemos el shock. Y esta agitación en las ciudades estaba por todas partes. Eh, en Flandes, el motor industrial del norte, había choques constantes entre mercaderes y artesanos. En país, un tal Etine Marcel intentó una reforma política radical. y las ciudades italianas. Bueno, eso era un hervidero de luchas entre el póulo graso, la gente con dinero, y el póulo minuto, la gente de a pie, por ver quién mandaba. Después de décadas de este caos, de esta tormenta perfecta de hambre, peste, guerra y revueltas, que quedó en pie, porque algo así, obviamente tenía que cambiarlo todo de arriba a abajo. Y aquí está el punto clave. El viejo sistema señorial recibió un golpe mortal. La lógica es simple. Con la tremenda escasez de mano de obra por la peste, el señor feudal ya no podía exigir. Ahora tenía que negociar. Tuvo que empezar a ofrecer arrendamientos, a cobrar en dinero en vez de en trabajo, lo que en la práctica significó el fin de la servidumbre en casi toda Europa occidental. Y esto nos lleva a una paradoja económica fascinante. Por un lado, con menos gente había menos bocas que alimentar, así que la demanda de cereal cayó en picado y con ella los precios. Pero por otro lado, esa misma escasez de gente hizo que los pocos trabajadores que quedaban fueran de oro. Sus salarios se dispararon. La economia del campo tuvo que reinventarse. Si el cereal ya no era tan rentable, ¿qué se hacía con la Tierra? Pues dedicarla a pastos para el ganado. Esto se ve clarísimo en Inglaterra con los Enclosures, el cercamiento de tierras para criar ovejas y en Castilla, donde la mesta y su lana de oveja merina se convirtieron en el auténtico motor de la economía. Y con todo esto sobre la mesa, llegamos a la gran pregunta final. Después de analizar la catástrofe y la transformación, toca preguntarse por el significado de todo este periodo tan convulso. Entonces, ¿qué legado nos dejó? Uno inmenso. La crisis dinamitó el viejo modelo feudal. Sí, pero sobre esas ruinas se construyeron los cimientos del mundo moderno. La servidumbre se acabó. La nobleza perdió poder frente a reyes cada vez más fuertes y las reglas del juego entre la tierra, el trabajo y el capital cambiaran para siempre. Y nos quedamos con esta pregunta para la reflexión. ¿Fue la crisis de la baja Edad Media solo una época de muerte y destrucción o fue en realidad una contracción violenta y muy dolorosa el parto que trajo al mundo las estructuras económicas, sociales y políticas de la edad moderna?