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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II
1 1 │ Filosofía Renacentista │ Antecedentes Jacob Burckhardt
💡 Antecedentes Jacob Burckhardt
Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO.
Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM.
El término "renacer" (*rinascita*) tiene raíces teológico-filosóficas (San Pablo, bautismo), pero al final de la Edad Media adquirió un sentido secular. Giorgio Vasari fue pionero en usarlo para periodizar la historia, contrastando la "oscuridad" medieval con la recuperación de la luz y la civilización mediante el retorno a la Antigüedad clásica, una autocomprensión típica del Humanismo. Lista de reproducción del curso:
https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU
Transcripción
A ver, si pensamos en el renacimiento, lo primero que se nos viene a la cabeza es arte, ¿verdad? Leonardo, Mikel Ángel, genios por todas partes. Pero, ¿y si la idea misma del Renacimiento, ese concepto de una época dorada fuera en realidad una construcción? Casi como un diseño creado mucho después. Pues esa es la cuestión que vamos a explorar, no tanto el arte en sí, sino la arquitectura de la propia idea. Claro, la pregunta parece fácil, ¿no? La respuesta de manual es un renacimiento de las artes y las ciencias después de la Edad Media. Pero eso, la verdad, es quedarse en la superficie. Lo interesante de verdad es lo que hay debajo. ¿Fue un despertar así espontáneo o más bien una narrativa que se fue construyendo poco a poco. Y aquí es donde está el meollo de la cuestión, la tensión que lleva más de un siglo en el centro del debate. ¿Fue una evolución, una explosión de creatividad que ya se estaba cociendo o fue un corte limpio, radical, con todo lo que había antes? Entender esta doble visión es la clave para descifrar cómo vemos hoy ese periodo. Ojo que el concepto en realidad nace en la propia época. La palabra italiana rinashita la usaban ya pensadores como Giorgio Basari. Ellos se veían a sí mismos como los protagonistas de una vuelta a la luz, al esplendor de la antigüedad clásica, después de lo que ellos llamaban la oscuridad medieval. Vamos, que tenían una imagen de sí mismos potentísima. Vale, pero aquí es donde la historia se pone interesante de verdad, porque esa idea que tenían los humanistas de sí mismos fue solo la semilla, la estructura completa de nuestra idea del Renacimiento, la que se enseñan los colegios, la que tenemos todos en la cabeza. Pues resulta que fue moldeada en brandísima parte por una sola persona. Un académico suizo del siglo XIX se convirtió, sin quererlo, en el gran arquitecto de la imagen que tenemos hoy del Renacimiento. Y su influencia fue tan, tan bestia que definió el campo de estudio durante generaciones. Se llamaba Jacob Burghart y su libro de 1860, La cultura del Renacimiento en Italia, es mucho más que un libro de historia. es, por así decirlo, el plano fundacional sobre el que se ha construido casi toda la interpretación moderna de esta época. Y esto es lo crucial. Eh, Burkart no fue un simple cronista que contaba lo que pasó. Fue un arquitecto. Creó un modelo, un plano tan coherente y tan potente que para bien y para mal se convirtió en la forma casi obligatoria de entender el Renacimiento. ¿Vale? Y este plano tan influyente, ¿en qué se apoya? Pues básicamente en tres grandes pilares, tres ideas. que sostienen todo el edificio de su tesis. Estos tres pilares son, primero, el descubrimiento del individuo, segundo, la recuperación del mundo antiguo y tercero, una ruptura total con la Edad Media. Vamos a verlos uno por uno. Para Burkart, esta era la madre del cordero, el verdadero motor de todo el cambio. Según él, el renacimiento fue por encima de todo el momento en que el ser humano se descubre a sí mismo como un individuo, como un ser único y consciente de su propio valor. Burkarts lo explicaba con una imagen muy potente, la verdad. decía que el ser humano medieval vivía bajo un velo de fe e ilusión infantil y solo se reconocía a sí mismo como parte de un colectivo, su gremio, su familia, su pueblo. Pero en el Renacimiento italiano, pum, ese velo se rasga y de repente emerge el individuo espiritual consciente de su propia singularidad, de su poder. Y claro, las consecuencias de esto fueron enormes. Esta nueva conciencia individualista es la que da lugar a las figuras que todos asociamos con el Renacimiento, el artista genial, el gobernante ambicioso y, por supuesto, el arquetipo por excelencia, el Homo Universale, el hombre del Renacimiento, capaz de brillar en todo y de forjar su propio destino. Bueno, y con este nuevo individuo pasamos al segundo pilar. Si el individualismo era el motor, la antigüedad clásica era, digamos, la gasolina. Pero la clave aquí es cómo se utilizó esa gasolina. Pero ojo, según Burkart, esto no era un copia y pega nostálgico, ¿eh? Fue mucho más. Los italianos no querían volver a ser romanos. Querían usar el legado romano como una herramienta para construir su propio futuro, un futuro moderno. Era una forma de romper con lo que ellos consideraban el pasado gótico y bárbaro de la Edad Media, o sea, el catalizador perfecto para ese nuevo individualismo. Y con esto llegamos al tercer pilar, que es sin duda el más polémico de todos. Para Burghart, el renacimiento no fue una transición suavecita, no, no fue una reacción, una ruptura deliberada y drástica con el mundo medieval, un antes y un después, muy marcados. Y hay que tener en cuenta una cosa muy importante sobre la visión de Burcart. No era solo académica, era profundamente romántica y estaba centrada casi de forma obsesiva en un único lugar, Italia. Él lo veía como un fenómeno 100% italiano, producto del genio itálico. En su historia, Italia era la cuna de la modernidad, una especie de nación espiritualmente más avanzada que tenía la misión de iluminar al resto del continente. Esta cita lo resume a la perfección. Para él, Italia era la primogénita, la vanguardia, y el resto de Europa, los bárbaros, pues esperar a que les llegara esa luz. Esta perspectiva, por cierto, también explica por qué veía tan mal la influencia extranjera como la española a la que culpaba de la decadencia italiana después del saco de Roma de 1527. Claro, una teoría tan cerrada, tan potente, pues con el tiempo lógicamente ha sido revisada. La historia ha ido encontrando unas cuantas grietas en ese edificio conceptual tan magnífico que construyó Burkart. Entonces, la gran pregunta que se hacen los historiadores hoy en día es precisamente esa. ¿Fue su tesis una descripción fiel de la realidad o fue una construcción brillante, pero en el fondo una simplificación un poco romántica, muy influida por su propia época? Pues las críticas principales van por varios caminos. Para empezar, que su visión está muy influida por el romanticismo alemán de su tiempo. Luego, y esto es muy importante, que ignora las enormes continuidades que hay entre la Edad Media y el Renacimiento. La ruptura no fue tan limpia ni de lejos. Y por último, que su enfoque es la historia de la cultura. Describe un espíritu, pero no entra a analizar si de verdad existió una filosofía renacentista con entidad propia. Entonces, si tiene tantos peros, ¿por qué seguimos dándole vueltas a Burkart? Pues la respuesta es bastante sencilla porque a pesar de todo su trabajo sigue siendo el cimiento sobre el que se apoya todo el debate. Y esta es la clave de todo. Su plano, aunque hoy lo veamos imperfecto, sigue siendo el punto de partida. Todas las discusiones, las revisiones, las críticas se hacen en relación con su obra. No se puede hablar del Renacimiento sin pasar por él. Para estar a favor o en contra, hay que dialogar con su idea. Él marcó el terreno de juego. Al final, todo este recorrido por la idea de Bulghard y sus críticas nos deja con una pregunta que es todavía más grande y que la verdad sigue abierta. Más allá del arte y la cultura, ¿podemos hablar de una filosofía renacentista como tal con una identidad propia distinta de la medieval y de la moderna? ¿O fue, como parecía sugerir el propio Burhard, más bien un espíritu, una actitud que un sistema de pensamiento coherente? Esa pregunta sigue hoy sobre la mesa.