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HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna)

10 │ El Nacimiento del Estado Moderno

Basado en el libro: Introducción a la historia de la Edad Moderna Escrito por Ernst Hinrichs Creado con NotebookLM 2º AÑO DE FILOSOFÍA UNED - Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHtrkm9OjAfhKZfj83e_y2L Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHNJ4YdIsgtQ8sUSdANUo8L Chuela de estudio: https://drive.google.com/file/d/11fDcEYL-Ma4jtCNJ3N0TFSx0yqrmu4V4/view?usp=sharing

Transcripción

Muy buenas. Hoy nos vamos a meter de lleno en una de las construcciones políticas, bueno, de las más importantes de la historia, el Estado moderno. Porque, ojo, esto no apareció de la nada, fue un proceso lento, fascinante de cómo se fue concentrando el poder y que cambió Europa para siempre. Venga, vamos al lío. Esa es, sin duda, la pregunta del millón. ¿Cómo se construye un estado desde cero? Porque claro, no es algo que surja por arte de magia, no. Se construye pieza a pieza con ideas, con herramientas y y con mucho, mucho conflicto. Hay que imaginárselo de verdad como un gigantesco proyecto de construcción, pero a lo largo de la historia. Y bueno, para entender bien el nuevo edificio, primero tenemos que ver cómo era el solar, ¿no? El punto de partida. Y es que la Edad Media, políticamente hablando, era un auténtico caos, un mosaico de poderes que chocaban entre sí constantemente. Fijaos que bien se ve en esta tabla el contraste, que es es que es brutal. A un lado, el mundo medieval, un lío tremendo de señores feudales, ciudades con sus fueros, la iglesia metida en todo, el emperador, vamos, un puzle donde cada uno tenía su trocito de poder. Y al otro lado, el ideal del Estado moderno, una única autoridad centralizada con sus fronteras bien definidas. El simple paso de un sistema basado en la lealtad personal, en aquí en le juras basallaje a uno basado en el control de un territorio, es que eso lo cambió absolutamente todo. Una auténtica revolución. Claro, todo gran proyecto necesita un plano, una idea que lo guíe todo, ¿verdad? Para el Estado moderno, esa gran idea, ese plano maestro que lo puso todo en marcha fue un concepto clave, la soberanía. Soberanía, ojo con esta palabra porque de verdad que lo cambia todo. ¿Qué significa? Pues muy sencillo, que dentro de tus fronteras mandas tú y nadie más. punto. Ni el Papa, ni el emperador, ni el señor feudal del castillo de al lado tiene nada que decir. El Estado se convierte en la autoridad suprema y definitiva. Es una ruptura, bueno, una ruptura total con el modelo medieval. Y claro, esta idea no es que se le ocurriera a alguien de repente. Detrás hay pensadores que le dieron forma, gente como Maquiabelo, que fue el primero en hablar de la razón de estado. O sea, que el estado tiene sus propias reglas. O Sean Bodín, que insistió hasta la saciedad en que la soberanía no se puede dividir. Y por supuesto, Thomas Hobs con su famosa idea del leviatán, ese estado superpereroso que es necesario para mantener el orden. Ellos básicamente pusieron los cimientos teóricos de este nuevo edificio político. Esta frase es que es perfecta, lo clava. El rey en la Edad Media era un primus interpares, es decir, el primero entre iguales. El noble más importante, sí, pero uno más al fin y al cabo. El monarca moderno es otra historia. pasa a encarnar la soberanía del Estado y aquí está la clave. Su poder ya no viene de sus iguales, de los otros nobles, sino de algo superior, más abstracto, el propio estado. Pero claro, ¿de qué sirve tener el mejor plano del mundo si no tienes herramientas para construir, no? Pues lo mismo aquí. El Estado moderno tuvo que desarrollar todo un arsenal de instrumentos superficaces para poder llevar esa idea de soberanía a la práctica, al mundo real. Podríamos resumirlo en cuatro pilares fundamentales, cuatro columnas que sostienen toda esta estructura. ¿Cuál es Sun? Un ejército permanente, un sistema de hacienda y fiscalidad, una burocracia profesional y una diplomacia, digamos, residente. Vamos a ver cada uno con un poco más de detalle. El primero y para muchos el más importante de todos es el ejército. Con la llamada revolución militar aparecen los ejércitos profesionales. Esto es gente pagada por el rey y que solo es leal al rey. La consecuencia directa, se acabaron las guerrillas privadas de los nobles. A partir de ahora, solo el Estado tiene el monopolio de la violencia. Y esto de verdad es un cambio brutal. Pero claro, aquí surge una pregunta lógica. Un ejército profesional con sus nuevos cañones, sus sueldos, es carísimo. ¿De dónde sale el dinero para pagar todo eso? Pues esta pregunta nos lleva de cabeza al segundo pilar. Exacto. La Hacienda. El Estado necesitaba un flujo constante de pasta, de dinero, así que tuvo que inventarse sistemas para recaudar impuestos de forma regular y por todo el territorio. Ojo, que no fue nada fácil, ¿eh? De hecho, la deuda pública se convirtió en un dolor de cabeza crónico desde el minuto uno. Y para recaudar esos impuestos, para aplicar las leyes del rey en cada rencón del reino, hacía falta gente. Y así nace la burocracia. Todo un cuerpo de funcionarios profesionales que en la práctica eran los ojos y las manos del monarca en las provincias. Y claro, al hacer esto le iban comiendo terreno y poder a los nobles locales. Y el cuarto y último pilar mira hacia fuera a las relaciones con otros estados. Esa vieja idea de una cristiandad unida se va al traste. Ahora lo que tenemos es un sistema de estados que compiten entre ellos, pero que también colaboran. Y para gestionar eso se crean las embajadas permanentes, se firman tratados, las relaciones internacionales se vuelven mucho más institucionales, mucho más serias. Ahora bien, una cosa muy importante, no podemos cometer el error de pensar que este nuevo estado era omnipotente. Sí, era poderoso, desde luego, pero no era todopoderoso ni de lejos. El plano, la teoría era muy ambicioso, pero la obra, la realidad tuvo sus problemillas. Hay una metáfora del historiador Ern Hindr que me parece buenísima. Describe el Estado moderno como un gigante por vías estrechas. Es genial, ¿no? Tenía una fuerza en teoría inmensa, un potencial enorme, pero en la práctica su capacidad para moverse y para actuar estaba superlimitada. Y esta tabla lo resumé de maravilla. La teoría frente a la realidad. Sobre el papel en el plano, el rey tenía un poder absoluto y unilateral, pero en la obra, en el día a día, tenía que estar negociando constantemente con la nobleza, con la iglesia, con las élites. La teoría hablaba de un control centralizado, pero la realidad era que las comunicaciones eran lentísimas y limitaban muchísimo su alcance. Se decía que la ley del rey era absoluta, pero luego te encontrabas con la resistencia de poderes locales como los parlamentos o los gremios de las ciudades. Al final, el absolutismo fue más una aspiración, un objetivo que una realidad tangible y total. Y todo esto, claro, nos lleva a una última reflexión para terminar. Hemos visto cómo se construyó el estado y los límites que se encontró en sus inicios, pero y hoy en un mundo globalizado como el nuestro, con corporaciones multinacionales que a veces parecen más poderosas que los propios países, con organismos supranacionales, ¿dónde empiezan y dónde terminan la soberanía y el poder del Estado? Ahí lo dejo. Es una pregunta que da para pensar y mucho.