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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA II
10 │ FILOSOFÍA DE LA CULTURA │ Versión simplificada
A modo de ubicación en la temática de Antropología Filosófica II
2º año UNED
Basado en el libro:
Antropología filosófica II. Vida humana, persona y cultura
Autor: San Martín Sala, Javier
Creado con NotebookLM -
Lista de reproducción ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA II
https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGJFDlT5QONRwY0W_TT2H6Q
Transcripción
Muy buenas. Hoy vamos a hacer algo diferente. Vamos a embarcarnos en un viaje para ver el mundo que nos rodea de una forma, bueno, de una forma completamente nueva. Es una invitación a desmontar la realidad pieza a pieza. Vale, empecemos con la pregunta del millón. ¿Qué es la cultura? A ver, si nos paramos a pensar, ¿qué es lo primero que se nos viene a la cabeza? Seguramente museos, la ópera, grandes obras de arte, ¿verdad? Pues bien, la filosofía del siglo XX nos da una respuesta mucho más interesante y sobre todo mucho más cercana. Aquí lo vemos clarísimo. Por un lado, la visión de siempre, la cultura como algo elevado, casi de vitrina que vamos a visitar y por otro la propuesta de los filósofos, que es una pasada. Dicen que la cultura es ni más ni menos el sistema operativo de nuestra realidad. Así de simple. Es el software que todos usamos para entender el mundo y movernos por él. O sea, no es algo que se visita, es algo en lo que se vive cada segundo. Empezamos con la primera capa, El sentido en lo cotiñano de la mano de Ortega. Nuestro primer guía en este análisis es José Ortega y Gaset y su idea es radicalmente sencilla. Nos pide que dejemos de mirar a las nubes, a los grandes ideales y que nos fijemos en lo que tenemos justo delante, en lo que él llamaba nuestra circunstancia, porque según él es justo ahí donde empieza todo. Para Ortega a menudo nos comportamos como héroes quijotescos, ya sabéis, persiguiendo molinos de viento, grandes metas abstractas, pero totalmente desconectados de los problemas y las alegrías de nuestro día a día. Frente a esa figura, él propone un nuevo héroe, el creador. ¿Y qué hace este creador? Pues todo lo contrario. Se remanga, se implica en su realidad y busca soluciones a lo que tiene cerca. Al hacer eso, al cultivar su propia vida, está creando cultura. Y ojo, que esto es clave. La cultura no es solo la ciencia o el arte con mayúsculas, no, no. es el acto de la vida espontánea, una amistad, una conversación, el simple placer de las cosas y darle una forma, un sentido. Se trata de encontrar la lógica, la razón oculta en lo que nos pasa cada día. Esta cita lo resume perfectamente. La cultura arranca en ese chispazo. En el momento en que una persona descubre un significado en su vida inmediata, Izas lo materializa, lo convierte en algo nuevo. Es a la vez un descubrimiento y una creación. Muy bien, ya tenemos el punto de partida gracias a Ortega. La cultura nace de un acto creativo individual, pero claro, la pregunta es, ¿cómo eso que crea una persona se convierte en algo de todos? Para explicar este proceso, entra en juego Edmund Huser. Huser describe un proceso casi como de geología social. Primero, la creación, alguien tiene una idea. Segundo, la objetivación. Esa idea se convierte en algo tangible, una herramienta, una costumbre. Tercero, la rehabilitación. La comunidad lo adopta, lo entiende y empieza a repetirlo. Y finalmente, la sedimentación. Esa práctica se repite tanto que se asienta, se convierte en una capa más de nuestra realidad, algo que ya ni nos cuestionamos. Todo este proceso va construyendo lo que Hussell llamó el mundo de la vida. Quedémonos con este concepto, es fundamental. es el telón de fondo de nuestra existencia, el software invisible que hace que la sociedad funcione. Cosas como las normas de cortesía, el significado de los colores de un semáforo, todo eso que damos por hecho. Eso es el mundo de la vida. Y llegamos a la última pieza del puzzle, que la pone Martin Heidegger. La pregunta es evidente, si estamos, como quien dice, nadando en este mundo de la vida, ¿por qué casi todo el tiempo es completamente invisible para nosotros? La explicación de Heidegger es brillante. Dice que nuestro día a día estamos ocupados en tareas. No pensamos en una llave como un objeto de metal con una forma específica, ¿no? La llave es simplemente algo para abrir. Las herramientas están, como él dice, a mano, integradas de forma transparente en nuestra acción. No las vemos, las usamos. Pero, ¿qué pasa si un día la llave se parte dentro de la cerradura? Pum, el sistema falla. La acción fluida y automática se interrumpe de golpe y porrazo. En ese preciso instante de frustración, ¿qué es lo que aparece de repente ante nuestra conciencia? De repente lo vemos todo. El sistema se hace visible. Ya no vemos solo algo para abrir. Ahora vemos la llave como un objeto roto con su material, su diseño. Vemos la cerradura, la puerta, el concepto de seguridad de golpe, se revela toda la red de significados que estaba oculta. Es brutal. Solo cuando algo falla vemos el sistema que lo hacía funcionar. Vale, pues vamos a juntarlo todo. Vamos a las piezas que nos han dado Ortega, Huserl y Heidegger y aplicarlas a un objeto de lo más común para ver cómo funciona en la práctica este código de la realidad. Pensemos en una silla. En ella conviven tres capas. Primero, el material. Madera, metal, la materia prima, lo precultural. Después está su sentido, sirve para sentarse. Ojo, esto no es un hecho de la naturaleza, es un significado creado por alguien, como diría Ortega. Y finalmente está su mundo, el contexto compartido que nos dice cómo y cuándo usarla, algo que se ha sedimentado en nuestro mundo de la vida, como explicarían Husel y Heidegger. Y aquí está la gran conclusión. La cultura no es un edificio al que vamos, es la arquitectura invisible de nuestra realidad. Está en el diseño de una silla, en el significado de un semáforo, en cómo usamos el móvil. es la suma de incontables actos creativos que se han ido asentando a lo largo de la historia para construir el mundo que hoy damos por sentado. Y esto nos deja con una última reflexión. Si la cultura es un acto de creación constante, entonces cada persona es un agente cultural. Cada solución a un problema, cada nueva forma de hacer las cosas es un ladrillo más en esa construcción. Así que la pregunta ya no es solo qué es la cultura sino qué parte de ella se va a empezar a crear a partir de ahora.