← Volver al buscador
HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna)
15 │ Alternativas al absolutismo Provincias Unidas Gran Bretaña
Basado en el libro: Introducción a la historia de la Edad Moderna
Escrito por Ernst Hinrichs
Creado con NotebookLM
2º AÑO DE FILOSOFÍA
UNED -
Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna)
https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHtrkm9OjAfhKZfj83e_y2L
Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea)
https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHNJ4YdIsgtQ8sUSdANUo8L Chuela de estudio: https://drive.google.com/file/d/11fDcEYL-Ma4jtCNJ3N0TFSx0yqrmu4V4/view?usp=sharing
Transcripción
En una Europa que se arrodillaba ante reyes, que se creían casi dioses, en la costa atlántica un par de naciones se atrevieron a, bueno, a imaginar un futuro completamente distinto. Y su secreto no tenía nada que ver con la sangre azul, era algo, la verdad, mucho más revolucionario. Vamos a ver cómo le plantaron cara al orden establecido. Y esta es la gran pregunta, ¿verdad? Mientras monarcas como Luis XIV en Francia decían aquello de "El Estado soy yo," pues al otro lado del Canal de la Mancha dos experimentos políticos estaban a puntito de dar una respuesta que era radicalmente diferente. A ver, situémonos en el siglo XV. El absolutismo era el sistema operativo de Europa, por así decirlo. La idea de cuestionar a un rey era, vamos, algo que a la mayoría ni se le pasaba por la cabeza. Y aquí vemos el choque de dos mundos. Es que es clarísimo. Por un lado, el poder que baja desde Dios hasta el rey y punto. Por el otro, una idea que era una auténtica bomba, que el poder sube desde el pueblo, que hasta el mismísimo rey tiene que obedecer la ley. Y ojo, que si tienes propiedades, tienes dinero, tienes derecho a que se te escuche. Esto no era una pequeña reforma, eh, era una revolución total en la manera de entender qué es el poder. Nuestra primera parada, las Provincias Unidas, un estado que nació literalmente de una rebelión contra el rey más poderoso de su época, Felipe Segi de España. Y no se construyó sobre linajes y apellidos nobles, no, no se construyó sobre algo mucho más terrenal, el comercio. Pensemos un segundo en lo radical que era esto. No había un único centro de poder, era una federación. Y para algo tan clave como ir a la guerra, las siete provincias tenían que estar todas de acuerdo. Imaginaos el lío para tomar una decisión en la práctica. Claro, la riquísima provincia de Holanda con su dinero solía llevar la voz cantante, pero la idea de fondo era un desafío frontal a la autoridad centralizada de cualquier rey. Pero ojo, esta República no era un paraíso de paz y armonía, ni mucho menos. Su política era un constante tira y afloja entre dos fuerzas. Por un lado, los regentes, que eran la élite de los comerciantes. Ellos querían paz y autonomía local para, bueno, para hacer negocios tranquilos. Y por otro lado, la casa de Orange, los héroes militares que a menudo actuaban como si fueran reyes y siempre buscaban más poder central, apoyados, por cierto, por el pueblo llano. Esta tensión marcó la política holandesa durante todo el siglo. Y aquí viene una de las claves más fascinantes de este modelo, es que la libertad no era solo un ideal bonito, era un negocio redondo. Al acoger a gente perseguida en toda Europa como judíos o protestantes franceses, las provincias Unidas importaron cerebros, nuevas técnicas y, sobre todo, muchísimo capital. Amsterdam se convirtió en el Wall Street del siglo X, demostrando que la tolerancia y la libertad de pensamiento podían ser increíblemente rentables. Venga, cruzamos el canal y nos vamos a Gran Bretaña. Aquí el camino fue muy distinto. No fue una ruptura limpia para crear algo de cero, sino una lucha larguísima y sobre todo sangrienta para transformar una institución muy vieja, la monarquía. Durante casi todo el siglo X, Inglaterra fue un auténtico choque de trenes. Por un lado, los reyes estuardo que miraban a Francia y decían, "Yo quiero eso. Poder absoluto, sin dar explicaciones a nadie." Y por otra se toparon de frente con el Parlamento, que representaba a la nobleza y a los comerciantes ricos, que básicamente decían, "Un momento, majestad, nuestros derechos y, sobre todo, nuestro dinero no se tocan sin nuestro permiso." Y claro, esta lucha no fue un debate de salón. desembocó en una guerra civil terrible, en algo que dejó a toda Europa con la boca abierta, como fue la ejecución pública de un rey, y finalmente en la llamada revolución gloriosa. Ahí el parlamento básicamente despidió a un rey y contrató a otro, pero esta vez sí dejando las reglas del juego bien claritas y por escrito en la famosa declaración de derechos. Entonces, ¿cuál fue el resultado de todo este lío? Pues un sistema completamente nuevo. El poder ya no era del rey y punto. Era del rey en el parlamento. ¿Y esto qué significaba? pues que el parlamento controlaba la pasta y las leyes, que los jueces eran independientes del poder político y que se protegían libertades básicas. Acababan de sentar las bases de lo que hoy conocemos como un gobierno liberal moderno, casi nada. Vale, hemos visto dos modelos políticos muy distintos al absolutismo, pero la pregunta es, ¿por qué acabaron teniendo más éxito a la larga? La respuesta, y esto es lo más curioso, no está en los ejércitos ni en la filosofía, sino en algo mucho más prosaico, las finanzas. Uno podría pensar que un rey absoluto, que puede poner los impuestos que le dé la gana sería mucho más poderoso, ¿no? Pues la realidad fue justo la contraria y ahora vamos a ver por qué. Fijaos en esta tabla, es que lo deja meridianamente claro. En Gran Bretaña, como el Parlamento representaba a la gente con dinero que le prestaba el Estado, los inversos tenían una confianza altísima en que iban a cobrar. ¿Por qué? Porque el Parlamento se estaba garantizando el pago a sí mismo. En cambio, en Francia prestarle dinero al rey era una apuesta de alto riesgo. Si al rey le hacía falta más dinero o simplemente no le apetecía pagar, pues no pagaba. Así de simple. Y esta es la consecuencia directa de esa confianza o de la falta de ella. Para financiar sus guerras y su lujosísima corte, el rey de Francia tenía que pagar unos intereses por las nubes porque el riesgo era enorme. Mientras tanto, el gobierno británico podía pedir prestado cantidades gigantescas de dinero a un coste bajísimo. Y aquí está la conclusión final, que es alucinante. Aunque Francia era un país mucho más rico y con más población, Gran Bretaña tenía un sistema financiero muchísimo más fuerte gracias a su sistema político. podía financiar ejércitos y flotas más grandes y durante más tiempo. Y eso al final fue lo que le dio la ventaja para ganar la carrera por el imperio global durante el siglo XVIII. Esta frase lo resume todo a la perfección. nos demuestra que la confianza, la representación y la responsabilidad fiscal, ideas que nacieron en estas alternativas atlánticas, no solo eran conceptos abstractos, se convirtieron en el arma secreta para construir las naciones más poderosas del mundo moderno. M.