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HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea)

19 │ La caida del muro de Berlín y sus consecuencias

HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Sección Contemporánea) Basado en el libro: El mundo contemporáneo: Del siglo XIX al XXI Libro de Ramón Villares y Ángel Bahamonde Creado con NotebookLM - Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHtrkm9OjAfhKZfj83e_y2L Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHNJ4YdIsgtQ8sUSdANUo8L

Transcripción

Hay momentos en la historia que sencillamente lo cambian todo. Hoy vamos a analizar uno de ellos. Veremos como la caída de un simple muro fue en realidad el epicentro de un terremoto que sacudió el planeta y que literalmente dio forma al mundo en el que vivimos ahora mismo. Fijaos bien en esta fecha, 9 de noviembre de 1989, una sola noche que no solo derribó un muro, sino que cambió el destino de millones de personas y puso el punto y final a toda una era. Porque, y esto es lo importante, lo que se derrumbó esa noche en Berlín no era solo un montón de hormigón y alambre de espino, no. era el símbolo más visible de un orden mundial que se venía abajo, algo muchísimo más grande. Y mirad, esta cita de los historiadores Villares y Bajamonde lo clava. No fue solo una barrera física que desaparecía, fue el colapso de una de las dos mitades en las que se había partido el mundo durante casi 50 años. Fue el fin de la Guerra Fría. Así que en este análisis vamos a seguir la onda expansiva de ese terremoto. Empezaremos con la caída del muro. Claro, veremos el efecto dominó que provocó en Europa del Este, cómo nació un nuevo orden mundial, el boom de la globalización con sus luces y sus sombras, y al final veremos como todo aquello nos ha traído hasta aquí, hasta hoy. Venga, pues vamos a ello. Empecemos por el punto cero, el epicentro, el momento exacto en el que la historia pegó un bolantazo. El impacto inmediato fue bueno, fue brutal. La caída del muro significó el fin de ese pulso eterno entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Ese mundo partido en dos, el bloque capitalista contra el comunista que había marcado la política mundial desde el final de la Segunda Guerra Mundial, de repente, puf, dejó de existir. Y aquí es donde la onda expansiva empieza a una velocidad de vértigo, porque la caída del muro no fue un hecho aislado, fue la señal, el pistoletazo de salida para que todo el bloque socialista se desintegrara. A ver, ¿y por qué pasó todo tan rápido que había cambiado? Pues la clave está en esta palabra, perestroica. La nueva política de Mijail Gorbachov en la URS rompía con todo lo anterior. Básicamente era un mensaje para todos los países satélite que decía algo así como, "Oye, que a partir de ahora estáis solos, ya no vamos a mandar los tanques para salvar vuestros régimenes." Y esa esa fue la luz verde que todos estaban esperando. Lo que vino después es que fue asombroso. En apenas unos meses, como si fuera un castillo de naipes, los regímenos comunistas empezaron a caer uno detrás de otro. El ritmo es que es increíble. Polonia en junio, Hungría en octubre, Checoslovaquia en noviembre, Bulgaria y Rumania en diciembre, todo en la segunda mitad de 1989. Un sistema que parecía de piedra se desvaneció casi de la noche a la mañana. Pero de todas estas consecuencias, la más potente, la más simbólica fue sin duda esta. Menos de un año después de que cayera el muro, Alemania volvía a ser un solo país. El corazón de Europa, que llevaba décadas partido en dos, volvía a latir como uno solo. Claro, con la desaparición del bloque del Este, el equilibrio de poder mundial saltó por los aires y entramos en un escenario completamente nuevo. Y esta imagen lo explica de maravilla. Pasamos de un mundo bipolar, definido por esa tensión constante entre dos superpotencias a un mundo unipolar. De repente solo quedaba un gigante en pie, Estados Unidos como la única potencia hegemónica a nivel global. Este nuevo rol de Estados Unidos como gendarme mundial se vio casi al instante. La guerra del Golfo en 1991 fue la primera gran demostración de fuerza de este nuevo orden. Ahí se vio AU liderando una coalición internacional con un poder militar y tecnológico que sencillamente no tenía rival. Pero ojo, el fin de un gran conflicto no trajo la paz universal. De hecho, fue casi al revés. La estructura rígida de la Guerra Fría había mantenido congelados un montón de odios nacionalistas y conflictos sétnicos. Al desaparecer esa estructura, fue como abrir la tapa de una olla a presión. Y el caso más terrible fue el de Yugoslavia, que nos devolvió a Europa imágenes de limpieza étnica y de guerra total que se creían olvidadas desde 1945. Y mientras todo esto pasaba en el tablero geopolítico, otra fuerza económica y tecnológica estaba a punto de pisar el acelerador a fondo, la globalización. Al caer las barreras ideológicas, el sistema capitalista se pudo expandir por casi todo el planeta. Si a eso le sumamos la revolución de internet y los teléfonos móviles, de repente el mundo se convirtió en una aldea global interconectada en tiempo real. Y en ese nuevo escenario empezaron a ganar un poder brutal nuevos actores como las empresas transnacionales o las ONGs, un poder que antes era casi exclusivo de los estados. Pero como se ve perfectamente aquí, esta globalización no fue un camino de rosas para todo el mundo. Creó una división enorme entre ganadores y perdedores. Mientras unas economías se integraban y prosperaban, zonas enormes de África, Asia o Latinoamérica se quedaban fuera de juego y eso provocó que la brecha de la desigualdad se hiciera todavía más grande. Y con todo esto aterrizamos en el presente. ¿Cómo nos afecta hoy toda esa onda expansiva que empezó en Berlín en el 89? Pues el mundo que nació tras el muro es un mundo con amenazas muy distintas. Ya no vivimos con el miedo a una guerra nuclear entre dos bloques. Ahora los desafíos son otros. Son reacciones identitarias, son crisis económicas globales que ningún país puede controlar solo y son problemas que no entienden de fronteras como el terrorismo global o el cambio climático. Hay un concepto que usan los historiadores que lo explica genial, el siglo XX corto. Dicen que el verdadero siglo XX no empezó en 1900, sino en 1914 con la Primera Guerra Mundial y no terminó hasta 1991 con la caída de la URS. La caída del muro fue su punto y final, fue la verdadera puerta de entrada al siglo XXI. Entonces, la pregunta final es casi obligada. Después de todo esto, el legado de 1989 es un mundo sin muros, un planeta más abierto y libre, como se soñó aquella noche en Berlín. Pues la realidad es que tiramos abajo los muros físicos, los de hormigón, pero quizás solo para encontrarnos con otras barreras, barreras invisibles y mucho más complejas, redes de desinformación, brechas económicas o divisiones culturales. El gran desafío de construir un mundo mejor no terminó en 1989. simplemente cambió de forma. Y esa es quizá la gran lección que nos dejó la caída del muro, que ahora tenemos que aprender a derribar los muros que no se ven.