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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA II
EL PROBLEMA DEL MAL SEGÚN ZUBIRI
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Lista de reproducción ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA II
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Transcripción
A ver, ¿por qué suceden cosas malas? Es la pregunta del millón, ¿verdad? Una que es tan antigua como la propia humanidad. Todos la hemos sentido alguna vez, ya sea viendo las noticias o por algo personal, pero y si el problema es que llevamos siglos haciendo la pregunta equivocada, hoy vamos a darle una vuelta a una perspectiva que, ojo, podría cambiarlo todo. Para entender esta idea, vamos a hacer un recorrido en cinco pasos. Primero, nos plantamos ante esa pregunta eterna que todos conocemos. Luego, haremos una distinción clave. Separar lo malo de el mal. Después nos meteremos de lleno en el concepto central, el mal como una condición. Veremos por qué esto nos obliga a olvidarnos de guerras cósmicas y al final llegaremos al meollo de todo lo que se conoce como una realidad nuda. Venga, vamos allá. Bueno, pues empezamos por lo básico, por la pregunta eterna, porque antes de cualquier filosofía, de cualquier libro, está la experiencia. El hecho de que toparse de frente con el mal es sencillamente parte de la experiencia humana. Y para desentrañar este argumento, vamos a ir directos a la fuente. El filósofo español Xavier Zubiri en un ensayo del año 64 se atrevió a meterse de cabeza en uno de los temas más peleagudos del pensamiento. Zubiri lo deja clarísimo desde la primera página. Dice que el mal envuelve a todos los hombres y que ha preocupado a los hombres de todas las épocas. O sea, no está hablando de un rompecabezas para académicos. Para él esto es una realidad fundamental que nos afecta a todos, sin excepción. Y ahora llegamos a un paso que es crucial. Hay que ir más allá de lo malo. Aquí es donde Zubiri nos pide ser muy precisos. Nos dice, "Un momento, tenemos que separar lo que simplemente no nos gusta de lo que las cosas son." Y os aseguro que esta distinción es la llave que abre todo lo que viene después. Aquí la tenéis. Por un lado está la cosa de bueno contra malo. Esto pues es subjetivo, una cuestión de gustos, pero luego está el bien contra el mal. Y para Zubiri esto juega en otra liga, no es una opinión, es parte de la estructura objetiva de la realidad. O sea, a él no le interesa porque alguien no le gustan las coles de Bruselas, sino cuál es la naturaleza fundamental de eso que llamamos mal. Y este es el gran giro de guion. Aquí es donde cambiamos el chip. Dejamos de hablar de sentimientos y empezamos a hablar de la realidad. La cuestión no es cómo nos sentimos nosotros frente al mundo, sino cómo es el mundo en su estructura más básica. Y esto nos lleva de cabeza a la tercera parte, el mal como condición. Porque, a ver, si el mal no es una preferencia, entonces, ¿qué narices es? Pues aquí Zubiri suelta su gran idea. Es una condición. ¿Y qué significa condición aquí? Pues pensarlo como el estado en el que algo se encuentra. Ojo, no es la cosa en sí misma. ni es algo que se le añade, es más bien el marco, el medio, la forma en que la realidad se presenta. Es la diferencia clave entre lo que algo es y el estado en el que está. Para que quede supercaro, imaginemos una estatua en una habitación a oscuras. De repente, zas, un foco le ilumina. Esa luz es una condición. No cambia la estatua, ¿verdad? El mármol sigue siendo mármol, pero la luz es el marco indispensable para que podamos verla. La condición no cambia la cosa, pero sí determina cómo se nos presenta. Claro, al definir el mal como una condición, subir y está rompiendo con un montón de ideas de toda la vida. Para él, el mal no es una fuerza que lucha contra el bien. Tampoco es la simple ausencia de bien. No es un error moral y como ya hemos visto, no es algo que simplemente nos desagrada. Es algo mucho más fundamental. Entonces, ¿qué implica todo esto? pues nos lleva directos al cuarto punto. Se acabó la idea de una guerra cósmica. Para entender bien qué es una condición, lo mejor es compararla con una de las ideas más potentes de la historia sobre el mal, el dualismo. La visión dualista nos pinta el universo como un campo de batalla entre la luz y la oscuridad. Pues bien, Zubiri llega y desmonta este esquema por completo. Dice que no, que no hay dos realidades en guerra, solo hay una realidad. Y el bien y el mal son sencillamente las condiciones en las que esa única realidad se puede presentar. Así que para subiri la metáfora de la guerra cósmica no funciona. No hay una batalla que ganar o perder. Lo que hay es una única realidad que se estructura y se manifiesta bajo diferentes condiciones. A veces bajo la condición de bien, a veces bajo la de mal. Y con esto llegamos al clímax, al corazón del argumento de Zubiri. En nuestra quinta y última sección, una realidad nuda. Y la pregunta es inevitable. Si el mal es una condición, condición de qué, de qué tipo de realidad estamos hablando la respuesta de Subiri es una de las expresiones más potentes de toda su filosofía. El mal es una condición de la realidad nuda. ¿Y qué es la realidad nuda? Pues es la realidad en su estado más puro y objetivo. Es el ser de las cosas antes de que le pongamos ninguna etiqueta, ningún valor, ningún sentimiento. Es la realidad en sí misma, sin adjetivos, en bruto. Y aquí está la idea más radical. Para Zubiri, el mal no es un intruso en un mundo que debería ser bueno. No es un accidente, es una posibilidad inscrita en la propia estructura de la realidad nuda desde el principio. Forma parte, por así decirlo, del tejido mismo de la existencia. Y claro, esta idea lo pone todo patas arriba, porque si Zubiri tiene razón, si el mal es una condición inherente a la realidad, entonces la pregunta ya no es, ¿cómo podemos derrotar al mal? La verdadera pregunta, la que de verdad importa, quizás sea, ¿cómo vivimos en una realidad que contiene el mal como una de sus posibilidades fundamentales?