← Volver al buscador
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ANTIGUA II
Las 3 HIPÓSTASIS de PLOTINO (y el lío de sus Alma(s): 1, 2 o 3, según se vea)
Resumen para estudio por Borja Brun de:
Grado de Filosofía - Historia del la Filosofía Antigua II
Transcripción
La filosofía de Plotino no es un sistema frío. No pretende clasificar el mundo desde fuera, sino comprenderlo desde dentro, como quien desvela una arquitectura oculta en la experiencia misma de vivir. Todo en ella parte de una estructura jerárquica que se despliega en tres niveles o hipóstasis. El uno, el alma. El uno es la fuente absoluta anterior a toda distinción. No es ser ni pensamiento ni voluntad. Es más allá del ser. No se puede definir porque definirlo sería limitarlo. El uno no crea deliberadamente, simplemente emana como si fuera una fuente que en su emanación no se desgasta. Y de esta emanación brota el, el intelecto, que ya introduce la distinción, la pluralidad. Aquí residen las ideas platónicas, las esencias eternas del mundo. El nus es pensamiento puro en acto contemplando el uno como su principio. Cuando el uno desborda su plenitud, genera la inteligencia, que es pensamiento puro, vida, verdad y totalidad. Elus se contempla a sí mismo y en esta autoconciencia contiene todas las ideas platónicas. Sin embargo, a pesar de su grandeza, por contener dualidad pensante y pensado, ya no es tan simple como el uno y por lo tanto en la escala de gradación ontológica de Plotino es inferior. La tercera hipóstasis es el alma y es en ella donde nos situamos nosotros. El alma nace como una emanación del NOS, pero no se limita a contemplar. Actúa. Es la encargada de animar y estructurar el cosmos, de dar forma a la materia. Y sin embargo, hay una cuestión clave que Plotino aborda con un tono profundamente ambivalente. ¿Por qué el alma desciende al cuerpo? ofrece dos respuestas, una positiva. El alma desciende por la abundancia del bien como un acto natural, generoso, que participa del orden del universo. No es caída, sino función, pero también plantea una visión más moral. El alma, al separarse voluntariamente del alma universal para buscar su individualidad incurre en una especie de culpa ontológica. Al desligarse de su unidad originaria se dispersa, se debilita. En ambos casos, la consecuencia es la misma. El alma se encuentra en un plano intermedio dividida entre lo inteligible y lo sensible, entre su origen divino y su implicación en el mundo. Y la materia para Plotino es el grado más bajo del ser. No es el mal en sí, pero es el lugar donde el bien apenas se manifiesta. La materia pura es informe, ininteligible, casi una sombra. En contacto con ella, el alma puede olvidarse de sí misma, extradiarse. No obstante, Plotino insiste, el cuerpo y lo sensible no son malos por naturaleza. El problema es que nos distraen, nos arrastran hacia lo múltiple, hacia lo cambiante, hacia lo fragmentario. Y eso nos impide recordar, porque la tarea del alma humana es reintegrarse al orden inteligible, recordando su origen y purificándose. Todo en la filosofía de Plotino se ordena hacia un solo objetivo, el retorno al uno. Este retorno no es inmediato, requiere un camino, un proceso gradual que recorre tres etapas. La primera etapa es la purificación moral. Mediante el cultivo de las virtudes cívicas como la justicia, la templanza, el valor, la sabiduría práctica, el alma debe ordenar su vida, su carácter y su comportamiento. La segunda etapa es la contemplación intelectual, que supone el ascenso a las virtudes superiores del pensamiento y la razón. Aquí el alma empieza a volver su mirada hacia el nous. Y la tercera etapa, la unión mística, donde el pensamiento ya no basta. El alma debe trascender toda distinción entre sujeto y objeto. Es la experiencia del éxtasis. El alma asciende a través del arte, el amor y la filosofía. va dejando atrás la belleza sensible para acercarse a la belleza inteligible. En ese camino, el filósofo es el más apto, porque su alma tiene alas, como diría Platón, se orienta naturalmente hacia lo divino. Para Plotino, la dialéctica no es solo un método argumentativo, es un camino del alma, una forma de convertir la mirada, de pasar del mundo sensible al inteligible y de ahí al uno. Y cuando el alma finalmente alcanza el bien, entra en éxtasis. Un momento en el que no hay pensamiento, ni forma, ni separación, solo presencia. unidad. Ya no hay un yo que contempla, hay una fusión con el principio. Porfirio, su discípulo, nos cuenta que Plotino alcanzó este estado varias veces a lo largo de su vida y en una de sus frases más célebres nos deja algo más que un testimonio. El verdadero fin no es vivir como un hombre justo, sino llegar a ser Dios. Pero Dios no en el sentido mitológico, sino en el sentido filosófico. Una reunificación con la fuente, una vida que no se agota en lo humano, sino que vuelve a lo que nunca dejó de ser. Esa es, en definitiva, la promesa de Plotino, que no estamos condenados al mundo sensible, que podemos recordar que el alma, incluso desde el fondo de la materia puede ascender y que la filosofía, si es auténtica, no es solo conocimiento, es transformación. Vamos.