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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I

TEMA 12 | El «biograma» o naturaleza humana: una cuestión polémica y los límites del naturalismo

Tema 12 El «biograma» o naturaleza humana: una cuestión polémica y los límites del naturalismo La pregunta por la naturaleza humana enfrenta hoy serias dificultades. El concepto de biograma intenta pensar lo humano sin reducirlo a lo biológico ni negarlo por completo. La antropología filosófica delimita así los límites del naturalismo y defiende la irreductibilidad cultural, simbólica y moral del ser humano. Basado en el Manual de la asignatura Grado de Filosofía UNED: Antropología Filosófica I. De la Antropología científica a la filosófica. Javier San Martín Sala

Transcripción

La pregunta que va a estar sobre la mesa todo el rato es esta. ¿Venimos ya con un guion predefinido de fábrica o somos nosotros los que escribimos nuestra propia historia? O sea, ¿qué pesa más, la biología o la cultura que nos envuelve? Un dilema que tela ha traído de cabeza muchísima gente durante siglos. Para que nos hagamos una idea, vamos a poner los dos extremos cara a cara. Por un lado estaría la naturaleza, la idea de que venimos, digamos, programados por nuestros genes y por el otro la cultura, que nos dice que somos como una página en blanco que se va escribiendo con lo que aprendemos y vivimos en sociedad. Pero ojo, que esto no es una charla de bar sin más. Eh, dependiendo de por donde tiremos, las consecuencias son muy reales. Cambia la forma en que entendemos la justicia, la educación, nuestra propia identidad, vamos, casi todo. Y si nos venimos a hoy en día, el debate está que arde. Hay pensadoras como Celia Moró que nos avisan de que eso de la naturaleza humana a veces es una excusa para justificar normas sociales que no tienen nada de natural. Y luego está Juditth Butler, que va un paso más allá y dice que el género es como una actuación cultural, algo que hacemos y que está totalmente separado de la biología. Fíjate, desde este punto de vista, la cultura no es que moldee la naturaleza, es que casi la anula por completo. ¿Vale? Para intentar desenredar este lío entre naturaleza y cultura, vamos a hacer un viaje, pero un viaje a nuestro pasado más más remoto, porque ahí hay un misterio genético, un auténtico puzzle que nos va a dar muchas pistas. La primera pieza del puzzle es esta. Nuestros antepasados omínidos, igual que los grandes simios de hoy, como los chimpancés, tenían 48 cromosomas. Pero, y aquí viene lo interesante, nosotros los humanos tenemos 46, nos faltan dos. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde se han metido? La pregunta es evidente, ¿no? ¿Cómo es que perdimos dos cromosomas? Y la respuesta, bueno, la respuesta es sorprendente y nos cuenta muchísimo sobre cómo llegamos a ser lo que somos. Aquí es donde la cosa se pone fascinante. La ciencia nos cuenta una historia casi de película. Para que pasáramos de 48 a 46 cromosomas tuvo que ocurrir una carambola genética increíble. Parece que todo empezó en un grupito muy pequeño, muy aislado. De repente, por una mutación, nace un individuo con 47 cromosomas. ¿Vale? ¿Y ahora qué? Para conseguir a alguien con 46, este individuo de 47 necesitaba tener descendencia con otro de 47. Y claro, la forma más probable de que eso pasara según los modelos genéticos era a través del incesto, por ejemplo, entre un padre y su hija. Es es una idea muy fuerte, ¿verdad? Un acto que oye ser tabú por excelencia. En aquel momento fue una condición biológica indispensable para que nuestra especie existiera. Y aquí está la clave de todo. Un evento puramente biológico, una fusión de cromosomas, acaba generando una de las reglas culturales más fuertes y universales que existen, el tabú del incesto. Vemos la conexión. No es naturaleza por un lado y cultura por el otro. Están unidas, entrelazadas desde el mismísimo principio. ¿Vale? Esto nos lleva directos a un concepto clave para entender esa parte biológica que traemos con nosotros. Si aceptamos que tenemos una naturaleza, ¿en qué consiste exactamente? ¿De qué está hecha? Pues un antropólogo, Earl Count le puso un nombre a esto, el biograma. Piensa en el biograma como el software básico que trae nuestra especie de serie. son las pautas de comportamiento fundamentales que están grabadas en nuestros genes. Pero ojo, no es un destino que no se pueda cambiar, es más bien el punto de partida. Y claro, nuestro biograma humano se basa en el que heredamos de nuestros ancestros primates. ¿Y eso qué incluye? Pues cosas que nos suenan, la tendencia a crear jerarquías sociales, las diferencias físicas y de comportamiento entre machos y hembras, eso que se llama timorfismo, el cuidado de las madres por sus crías o esa manía de juntarnos por grupos de edad. Pero aquí es donde la cosa se complica y se pone interesante, porque los humanos cogimos ese biograma de primate y le dimos una vuelta de tuerca total con algo nuevo, algo revolucionario, la capacidad de simbolizar, o sea, la capacidad de que una cosa represente a otra. Y este fue el salto que lo cambió absolutamente todo, porque esa capacidad para usar símbolos nos abrió una puerta a un mundo completamente nuevo, nuestro mundo interior. La capacidad de pararnos a pensar, de tomar distancia del mundo y hasta de nosotros mismos. Hay filósofos como Heidegger u Ortega y Gaset que le dieron muchas vueltas a esto. Heidegger, por ejemplo, decía que un animal está como atrapado en su entorno. Vive en un bucle de estímulo. Respuesta. Eso es conducta. El ser humano, en cambio, es capaz de crear un mundo. Tenemos esa libertad de dar un pasito atrás, pensar y entonces actuar. Eso ya no es conducta, es comportamiento, porque hay un plan detrás. Ortega Easet lo llamó de una forma muy bonita, en sí misma miento. Es literalmente la capacidad de meterse en sí mismo. Es ese momento en el que paras, te desconectas de lo que te rodea y te pones a pensar en tus propias ideas. Y de ahí, de ese viaje hacia dentro, nace todo lo demás. Desde cómo fabricar una lanza hasta componer una canción. Esta frase de Ortega lo clava. El animal no puede salirse de su guion biológico, de lo que le dicta el entorno, pero la persona sí puede poner el mundo en pausa, por así decirlo, meterse en sus pensamientos y luego salir para cambiar las cosas. Bueno, vamos a juntar todas las piezas. Después de todo este recorrido, ¿qué nos queda? ¿Qué es al final lo que nos define como humanos? Pues parece que la clave está en ver que tenemos como dos caras. Por un lado somos homofaber, el que hace cosas, el que usa la cabeza para sobrevivir, para cazar, para construir. Esta parte, en el fondo, la compartimos con otros animales, aunque a otro nivel, pero luego está el Homo Sapiens, el que sabe, el que busca entender, el que busca un sentido a las cosas que van mucho más allá de simplemente sobrevivir. Y ese salto a Homo Sapiens se nota en dos cosas muy concretas que no se explican solo por la biología. La primera, esa manía que tenemos por la verdad, por querer saber cómo funcionan las cosas de verdad. Y la segunda, que es quizá más increíble todavía, la capacidad de mirar a otra persona y no ver un competidor o un objeto, sino ver a un igual, alguien con quien se puede hablar. Yeah.