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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Manual de iniciación a la historia antigua | Raúl Gonzalez Salinero

Tema 14 El mundo cultural de los romanos

Tema 14. El mundo cultural de los romanos 14.1. La participación en la vida política. 14.2. La guerra y la protección divina. 14.3. La religiosidad romana. 14.4. Vida privada y pública. 14.5. El Derecho romano. Creado con NotebookLM Basado en el libro del profesor | Raúl González Salinero | Manual de iniciación a la historia antigua 2º Año de Grado de Filosofía UNED Asignatura | Historia Antigua y Medieval

Transcripción

Hola a todos. Hoy vamos a sumergirnos en la fascinante maquinaria cultural que hizo posible la civilización romana. Vamos a desgranar esas ideas y esas estructuras que no solo construyeron un imperio, sino que lo mantuvieron vivo durante siglos. Y esta es precisamente la pregunta del millón, porque la auténtica fortaleza de Roma, su verdadera genialidad, no estaba solo en la espada o en el ladrillo, sino en un andamiaje increíblemente sofisticado de política, religión y, por encima de todo de derecho. Para entenderlo, vamos a hacer un recorrido por cinco pilares que están totalmente conectados entre sí y que definieron lo que significaba ser romano, desde cómo se participaba en la vida pública hasta las normas dentro de casa, pasando por su peculiar relación con la guerra y sus dioses. Venga, pues vamos a ello. Nos metemos de lleno en el primer pilar, el torrente sanguíneo de Roma, su vida política. Y para empezar, ¿qué mejor que su institución más emblemática y duradera? A ver, el Senado, el Senado fue la única institución permanente de Roma. Durante la República tenía una autoridad real, inmensa, pero con el imperio la cosa cambia. Ojo, no desaparece, pero su rol se transforma. Pierde el poder efectivo que se lo queda al emperador, pero conserva un prestigio brutal. Se convierte en el símbolo de la continuidad, en la legitimación del nuevo régimen. Y fíjense qué interesante es esto, porque estos números nos cuentan la historia de las turbulencias políticas de Roma. El número de senadores no era fijo, ni mucho menos. Se disparó con César, que lo llenó de partidarios suyos para controlar el poder y luego Augusto lo redujo intentando devolverle ese aire de exclusividad y prestigio. Es un verdadero termómetre político. Y aquí tenemos un cambio que de verdad lo revoluciona todo. El paso del voto a viva voz al voto secreto. La Lex Gavinia Tabelaria fue un antes y un después. ¿Por qué? porque rompía o al menos debilitaba esa cadena de control de los patronos sobre sus clientes. Le daba al ciudadano una libertad, un anonimato que cambió las reglas del juego político para siempre. Dejamos la política y nos vamos al segundo gran pilar. Y es que para los romanos el poder militar y la voluntad de los dioses eran dos caras de la misma moneda. La guerra no era solo estrategia, era un ritual sagrado. El ejército romano es que sufrió una transformación brutal. Pasó de ser una especie de milicia ciudadana que se juntaba cuando había problemas a convertirse en una fuerza profesional permanente. Y este cambio no fue un capricho, fue una necesidad absoluta para poder construir y sobre todo para poder mantener un imperio de esa escala. Aquí hay que entender una cosa que es fundamental. Para los romanos una guerra no podía empezar de cualquier manera. Necesitaba la aprobación divina y para eso estaba el ritual del velum y justum, de la guerra justa. Si se seguían estos pasos meticulosamente, los dioses estarían del lado de Roma y eso psicológicamente era un arma potentísima para las legiones. 3,000 denarios. Este número no es una anécdota, ¿eh? Esto es la prueba definitiva de la profesionalización del ejército. Ser soldado se convirtió en una carrera. Una carrera dura, sí, pero con una jubilación, una liquidación muy jugosa al final. Era un incentivo potentísimo que garantizaba la lealtad y el servicio durante décadas. Y con esto entramos de lleno en el núcleo espiritual de la vida romana, una relación con los dioses que no se basaba tanto en la fe como la entendemos ahora, sino en algo mucho más parecido a un contrato, a un pacto sellado con rituales ejecutados a la perfección. El enfoque romano de la religión era sobre todo práctico, un sistema contractual. El objetivo era mantener la pax de Orum, la paz de los dioses. Si los humanos cumplían su parte del trato con rituales perfectos, los dioses cumplirían la suya trayendo prosperidad al estado. Era una relación transaccional pura y dura. Hablemos del homen. ¿Qué era exactamente? Pues imagínense ir por la calle y escuchar una frase suelta, sin contexto, y pensar que es un mensaje directo de los dioses para uno. Eso era un omen, la creencia de que lo divino se manifestaba constantemente en lo cotidiano, sin necesidad de intermediarios. Y si el omen era una palabra, el monstrum era bueno, era otra cosa, era una señal a lo grande. Fenómenos extraños, antinaturales, para los romanos no eran casualidades, eran advertencias directas y casi siempre terribles de los dioses. Un monstrum era una emergencia espiritual que exigía la intervención inmediata de los sacerdotes para descifrar el mensaje y calmar a los dioses. Vale, ya hemos visto la plaza pública y el templo. Ahora vamos a entrar en casa, en la esfera privada. Vamos a ver el microcosmos donde se formaba el carácter y la identidad de ciudadano romano. El páer familias. Esta figura es sencillamente la clave de bóveda de toda la sociedad romana. Su poder, su patria potestas era casi absoluto. Tenía autoridad legal sobre la vida, la muerte y las propiedades de todos los que vivían bajo su techo. Es el pilar fundamental del orden social romano. Y ojo, porque aunque el Páer familias tenía todo este poder, la sociedad no era estática. Escuchen esta cita de Séneca que es una maravilla. Es una exageración, claro, pero capta a la perfección un cambio social enorme. En la época imperial, las mujeres de la élite ganaron una autonomía impensable siglos atrás, llegando incluso a poder iniciar el divorcio. Y llegamos al final, al que es para muchos el legado más importante y duradero de Roma, un sistema jurídico de una sofisticación tal que se convirtió en la base de toda la civilización occidental. Esta frase del jurista Celso es es que es potentísima. El derecho es el arte de lo bueno y lo justo. Nos revela que para ellos el derecho no era solo un código de normas, era una disciplina intelectual, una búsqueda constante de la justicia, una especie de filosofía aplicada, casi nada. El derecho romano no apareció de la noche a la mañana. Claro, fue un proceso de siglos. Empezó con un código bastante rígido, la ley de las 12 tablas, y fue evolucionando, adaptándose, haciéndose más flexible y sofisticado para poder gobernar un imperio enorme y diverso hasta culminar en esa obra monumental que fue la compilación de Justiniano. Entonces, para manejar toda esta complejidad, los juristas romanos fueron muy listos. crearon como capas de ley. Estaba el Jus Chivile, que era el derecho para los ciudadanos romanos, el de toda la vida. Pero luego al expandirse crearon el Yus Gentium, el derecho de gentes, basado en principios que consideraban universales para todos, una innovación conceptual que de verdad cambió la historia. Y así al final nos queda esa gran pregunta en el aire. Las legiones desaparecieron, los acueductos son ruinas, pero la arquitectura invisible de Roma, sus ideas sobre el gobierno, sobre los contratos sociales y sobre todo sobre la justicia, todo eso sigue aquí profundamente incrustado en los cimientos de nuestro propio mundo. Oh.