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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Manual de iniciación a la historia antigua | Raúl Gonzalez Salinero
Tema 3 Geografía política y cultural del Próximo Oriente antiguo
Tema 3. Geografía política y cultural del Próximo Oriente antiguo
3.1. La civilización sumeria.
3.2. Acadios y babilonios.
3.3. La potencia hitita.
3.4. El imperialismo asirio.
3.5. La religión de tradición mesopotámica.
3.6. Israel y la aportación cultural de los judíos.
3.7. Las redes comerciales de los fenicios.
3.8. El Imperio persa.
Creado con NotebookLM
Basado en el libro del profesor | Raúl González Salinero | Manual de iniciación a la historia antigua
2º Año de Grado de Filosofía UNED
Asignatura | Historia Antigua y Medieval
Transcripción
Hoy nos embarcamos en un viaje para trazar el épico ascenso y caída de las primeras grandes civilizaciones, explorando la geografía política y cultural del antiguo próximo oriente. Toda esta historia arranca en un lugar muy concreto, en una fértil media luna de tierra que fue una auténtica encrucijada de pueblos, un lugar donde nacieron las ideas mismas de ley, de imperio e incluso la escritura. Así que vamos a sumergirnos en ello. Vamos a plantear este recorrido como una épica carrera de relevos. ¿Vale? siguiendo cómo se pasaban el testigo del poder y la innovación a través de seis etapas clave, desde las primeras ciudades estado hasta el primer, digamos, imperio universal. Nuestra historia, como digo, arranca en el cuarto milenio antes de nuestra era, en Mesopotamia, esa tierra mítica entre los ríos Tigris y Éufrates con los sumerios. A ver, el rasgo esencial lo que definía la cultura sumeria era su fragmentación política. Su historia no es la de un gran imperio, sino una sucesión constante de surgimientos y caídas de ciudades estado independientes, como la famosa UR, donde se construyó aquel Cigurat icónico. Y aquí está la clave para entender toda su cosmovisión. Para ellos, el ser humano fue creado literalmente para servir a un panteón de dioses que a menudo eran caprichosos, impredecibles y que controlaban las fuerzas de la naturaleza. Esta relación lo definía todo, su religión y su política. Todo pertenecía a los dioses y la humanidad era básicamente su mano de obra. Venga, pasemos al primer relevo en esta carrera, porque claro, toda esa fragmentación sumeria creó el caldo de cultivo perfecto para que surgiera un nuevo tipo de poder. Y esto ilustra a la perfección el primer gran cambio de paradigma. Pasamos de ciudades aisladas que competían entre sí a un reino centralizado que aspilaba, ojo a controlar el mundo conocido. Una ambición completamente nueva. La siguiente gran potencia, Babilonia, trajo otra innovación crucial de la mano del rey Amurabe. Un código legal sere exhaustivo, pensado para crear cohesión cultural en un territorio que era ya muy diverso. Sin embargo, y aquí está el pero, este código consagraba la desigualdad. El castigo por un delito dependía enteramente del estatus social de la víctima, como se ve perfectamente en la tabla. Así que el punto crucial es este. ¿Fue una unificación a través de la ley, sí, pero desde luego no una unificación entre iguales. Ahora el testigo de la carrera pasa al norte, a Anatolia, donde una nueva potencia indoeuropea, los ititas, introdujo ideas revolucionarias sobre la ley y también sobre la guerra. Su superioridad militar venía ni más ni menos que de un secreto tecnológico. Fueron los primeros en dominar la producción de acero, creando armas mucho más duras, mucho más afiladas que el bronce de sus rivales. Esta comparación revela un cambio de mentalidad brutal. Los sitiitas mostraron un mayor respeto por la vida humana, priorizando la compensación económica sobre la venganza. reservaban la pena de muerte solo para los crímenes que consideraban gravísimos los que iban contra el Estado o los dioses. Y es que en lugar de la conquista sin fin, los ititas también fueron pioneros en la diplomacia internacional, reconocían a otras grandes potencias como iguales y establecieron todo un sistema de alianzas y equilibrio de poder. Después de que el imperio Itayera entre los llamados pueblos del mar, subió al escenario un poder nuevo, aterrador, que utilizó la fuerza militar y la guerra psicológica como nunca antes se había visto, los asirios. Y su dominio fue extraordinariamente largo. Durante 350 años, desde el siglo X antes de nuestra era, los asirios gozaron de una supremacía casi total. Estamos hablando de generaciones enteras que nacieron y murieron bajo la sombra de un poder que se mantenía a base de guerra constante y brutal. Su método de control era simple y a corto plazo brutalmente efectivo, el terror absoluto. Para ellos, la guerra era un deber religioso para con su dios. Y su arte no estaba para decorar palacios, no estaba para difundir su crueldad y para advertir a sus enemigos. Claro, al final el Imperio asirio acabó colapsando bajo su propio peso, demostrando que el terror no es una base sostenible y esto abrió la puerta para que surgieran nuevas formas de influencia mucho más sutiles, pero increíblemente resistentes. En este nuevo escenario surgen dos modelos que no podían ser más diferentes. Por un lado, los fenicios, que crearon un imperio de redes comerciales marítimas. Su poder no estaba en conquistar tierras, sino en controlar rutas y mercados. y por otro el pueblo de Israel, que forjó su poder en una idea, una identidad cultural y religiosa tan fuerte que podía sobrevivir incluso sin un estado unificado. El viaje histórico de Israel, marcado por la unificación, la conquista, el exilio, fue la fragua donde se forjó su contribución más revolucionaria. Fue en la adversidad donde se consolidó su riguroso monoteísmo, la creencia en un único Dios universal, una ruptura total con la tradición politeísta de Mesopotamia que cambiaría el curso de la historia. Mientras tanto, el legado de los fenicios fue eminentemente práctico y a su manera, democrático. Su alfabeto fonético era tan simple que los mercaderes y los artesanos podían aprenderlo, rompiendo el monopolio del conocimiento que tenían las élites de escribas. De hecho, este sistema adaptado después por los griegos es el ancestro directo de nuestro alfabeto actual. Y llegamos al tramo final de nuestro relevo. Aquí aparece un poder que, y esto es lo interesante, aprendió de todos los que le precedieron, del poderío militar de Asiria, de las leyes de Babilonia y de la diplomacia de los ititas para crear el imperio más grande que el mundo había visto hasta entonces. Los persas, sobre todo con gobernantes como Ciro el Grande y Darío Io, es que perfeccionaron la administración imperial. Consiguieron gestionar una población vastísima y superdversa, combinando un control autoritario muy centralizado con una notable tolerancia religiosa y cultural. Todo a través de esta estructura tan sofisticada. Así que aquí está la clave. sintetizaron las estrategias de sus predecesores. Comprendieron que para gobernar a largo plazo, la tolerancia era una base mucho más estable que el terror. Una elección, por cierto, aprendida directamente del espectacular colapso de los asirios. Desde las primeras ciudades de Summer hasta el vasto imperio persa, el antiguo próximo oriente fue el gran laboratorio de la civilización. El ciclo de poder que hemos visto nos deja con esa pregunta fundamental, un eco que la verdad resuena en cada imperio que ha existido desde entonces.