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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre

04 07 La Europa oriental y nórdica en la Baja Edad Media

La Europa oriental y nórdica en la Baja Edad Media. Los Estados del área báltica y la búsqueda de una difícil unidad. Las monarquías de la Europa central. Los principados rusos | Los inicios de la hegemonía de Moscú. Cuarta parte | La Baja Edad Media (siglos XIV y XV) | La crisis de la sociedad medieval.

Transcripción

Vamos a viajar a un tiempo y un lugar fascinantes, la baja Edad Media, pero no en el oeste, sino en la Europa oriental y nórdica. Es una época, uf, de puro cambio, de conflicto, pero también de creación. Y es justo ahí donde se empezó a dibujar el mapa de las naciones que conocemos hoy. Y la pregunta del millón es esta: ¿cómo es posible que nacieran naciones en medio de tanta presión? Porque lo que vamos a ver no es una historia tranquila para nada. Es la crónica de cómo se construyen estados con todo en contra en un auténtico crisol histórico. Bien, para meternos de lleno en esto hay que entender el panorama. La baja Edad Media fue una olla presión. Estaban haciendo nuevos estados, sí, pero imaginemos hacerlo con un telón de fondo de amenazas constantes que venían literalmente de todas partes. Fijaos, eran tres frentes principales, tres peligros que marcaron a fuego el destino de toda la región. Por un lado, desde el oeste, la expansión germánica. tanto con comerciantes como con órdenes militares. Por el otro, desde el este, el poder inmenso de los mongoles, la horda de oro. Y por si fuera poco, desde el sur, el ascenso que parecía imparable de los turcos otomanos. Un sándwich geopolítico en toda regla. Venga, pues vamos a empezar este viaje por el norte, por el Báltico. Aquí vamos a ver un proyecto muy ambicioso, un intento de crear una superpotencia escandinava unificada. Pero ya adelanto que la cosa no salió del todo bien. A ver, ¿cuál era el problema de fondo en Escandinavia? Pues una lucha de poder, un choque de trenes constante. Por un lado estaban los monarcas que decían, "Oye, vamos a centralizar el poder, a crear un estado fuerte." Pero claro, en su contra tenían a dos pesos pesados. Primero, la nobleza local, que no quería soltar ni un ápice de su poder, y segundo, la liga hanse, esa red potentísima de comerciantes alemanes que protegían sus privilegios como si les fuera la vida en ello. El resultado un tira floja sin fin que al final minaba cualquier proyecto de unidad. Y todo este conflicto se ve perfectamente en la historia de la Unión de Calmar. Mira, en 1397 la reina Margarita Ia, que era muy lista, consigue unir las tres coronas nórdicas. Sobre el papel era un planazo, una potencia unificada, pero la realidad fue muy distinta. La nobleza sueca se opuso desde el minuto uno y para colmo, la Hansa les obligó a firmar el tratado de Boldenborg, que fue una humillación y confirmaba su poder. Así que para cuando llegamos al 1500, esa gran unión escandinava era, pues eso, papel mojado. Vale, dejamos el norte y nos vamos un poco más al sur, al corazón de Europa central. Aquí la historia es diferente. En reinos como Polonia, Bohemia y Hungría, las monarquías sí que estaban logrando consolidar su poder. Y si hablamos de Polonia, hay que hablar de un personaje clave, Casimiro el Grande. Su reinado fue una época de prosperidad brutal. ¿Y cómo lo hizo? Pues muy inteligentemente fortaleció el Estado desde dentro. Por un lado, unificó todas las leyes creando un sistema judicial que le quitaba poder a los nobles. Y, por otro, fundó la Academia de Cracovia para crear básicamente un cuerpo de funcionarios leales a él, a la Corona, una jugada maestra. Pero la jugada que de verdad lo cambió todo, que redibujó el mapa de Europa, fue pura diplomacia y una boda. Atentos a esto. En 1384, los polacos eligen a una joven princesa, Edubigis, como su reina, y deciden casarla con Jogaila, el gran duque de Lituania, un territorio enorme y pagano. Jogaila se convierte en cristianismo, se casa con ella y boom. De repente no es solo una boda, es la unión de dos estados gigantescos. Acababa de nacer de la noche a la mañana una nueva superpotencia. Claro, con tanto poder era cuestión de tiempo que lo demostraran en el campo de batalla. Y hay un año que lo cambia todo, 1410, el año de la batalla de Grunwald. Ojo que también se la conoce como Tanenberg. La victoria de la Unión Polacolituana fue aplastante, monumental. Sirvió para romper de una vez por todas el poder de la orden teutónica. Estos caballeros habían sido una pesadilla para Polonia durante décadas, bloqueándoles el acceso al mar Báltico. Pues bien, después de esta batalla eso se acabó. Saltamos ahora a Bohemia, que tuvo su propia edad de oro con Carlos I. Y es que este hombre era un fuera de serie, no solo era emperador del Sacro Imperio, sino que como rey de Bohemia convirtió Praga en una de las grandes capitales europeas. La elevó arzobispado fundó su famosa universidad, que no tenía nada que envidiar a la de París. Vamos, que puso a Bohemia en el mapa con letras de oro. Y para terminar este tour por el centro de Europa, nos vamos a Hungría para conocer a un personaje fascinante, Matías Corbino. Este hombre era un auténtico príncipe del Renacimiento. Creó un estado centralizado y fuerte. Montó un ejército de mercenarios que era la envidia de todos. Puso firmes a los nobles y además fue un gran mecenas cultural. Su biblioteca Corbina era legendaria, un personaje de película. Vamos. Bueno, y ahora nos vamos más al este, a los principados rusos. Aquí el guion cambia por completo. La historia ya no es tanto de forjar alianzas, sino de liberarse. Es la historia de cómo se sacudieron el dominio mongol y como todo el poder se fue concentrando alrededor de un nuevo centro, Moscó. Se habla mucho del yugo mongol, ¿verdad? Pero es importante saber qué era exactamente. No pensemos en una ocupación militar clásica con soldados mongoles en cada esquina, ¿no? Era más bien un sistema de sumisión a distancia. Los príncipes rusos tenían que pagar una pasta en tributos y enviar tropas a la horda de oro. A cambio, los mongoles les dejaban gobernar sus asuntos internos. Y este sistema, este modus vivendi, marcó la política rusa durante siglos. El camino de Moscú para librarse de esto tuvo dos hitos militares, dos batallas clave. La primera en 1380 la victoria de Dimitri Donskoy en Culicobo fue un golpe sobre la mesa, la primera vez que se demostraba que los mongoles no eran invencibles. Y luego, justo un siglo después, en 1480, el pulso definitivo de Iván Tercero, que dijo, "Se acabó y dejó de pagar tributos para siempre. Desde luego, si hay un arquitecto de la nueva Rusia, ese es Iván Tercero. Es que sus logros son impresionantes. Se anexionó el territorio gigante y riquísimo de Novgorod. sometió todos los principados que le hacían la competencia, se quitó de encima a los mongoles y lo más simbólico de todo, adoptó el título de zar de toda Rusia. Con él, Moscú se convirtió en el centre indiscutible de un imperio que acababa de nacer. Y aquí hay un punto que es crucial para entender lo que viene después, la ideología. Cuando Constantinopla cae en 1453, en Moscú lo ven como una oportunidad. De ahí nace esa idea potentísima de la tercera Roma. que resume esta cita. De repente, Moscú no se ve a sí mismo solo como un poder político más, no. Se ven como los herederos, los herederos espirituales de Roma y de Bizancio, el nuevo faro de la fe ortodoxa en el mundo. Así que cuando este periodo llega a su fin, el mapa de Europa oriental es completamente diferente. Ha cambiado para siempre. Las piezas del tablero se han movido y el juego es otro. Y el resumen es este. Ahora hay dos nuevos gigantes dominando el este, dos colosos que van a marcar la historia de la región durante siglos. Por un lado, la gigantesca mancomunidad polaco lituana y por el otro, el Imperio de Moscú, el zarato, en plena expansión. Y con esto llegamos al final. Pero claro, la historia nunca acaba del todo, ¿verdad? Y nos deja una pregunta en el aire. Si miramos un mapa de Europa hoy, ¿qué queda de todo esto? ¿Qué legados, qué tensiones? ¿Qué identidades que se forjaron en esta época de imperios y uniones siguen de alguna manera vivos en nuestro presente.