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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN

04 | Descalificación del saber científico sobre el ser humano

Descalificación del saber científico sobre el ser humano Analiza las críticas de autores como Husserl (naturalismo), Heidegger (olvido del ser) y Foucault (muerte del hombre) hacia las ciencias positivas. Se discute cómo la ciencia tiende a cosificar al ser humano, tratándolo como un objeto más de la naturaleza y perdiendo su dimensión de sujeto y sentido.

Transcripción

Hoy vamos a darle vueltas a una idea que es cuanto menos provocadora. ¿Puede la ciencia con todo su poder definir de verdad lo que significa ser humano? O sea, toda la suma de nuestros datos biológicos, psicológicos y sociales puede llegar a explicar quiénes somos en el fondo vamos a explorar justamente eso, los límites del conocimiento científico. Esta frase del filósofo Martin Heidegger, la verdad da en el clavo, captura perfectamente la gran paradoja de nuestra época. Sabemos más que nunca sobre el ser humano, ¿verdad? Conocemos el genoma, los patrones de comportamiento, la química del cerebro y, sin embargo, la pregunta fundamental, la de qué somos, parece que se nos escapa más que nunca. Es como si cuantos más datos tenemos, menos claro lo vemos todo. Bueno, pues vamos a meternos de lleno en esta paradoja del conocimiento. Y ojo, que es muy importante aclarar algo desde el principio. Esta crítica no es anticiencia para nada. No se trata de negar los hechos o los avances, ni mucho menos. La cuestión es otra. es si toda esa montaña de datos que acumulamos es suficiente para darnos una respuesta completa sobre quiénes somos. Fijaos en este contraste. Por un lado, tenemos una acumulación de datos que parece casi infinita, biológicos, sociológicos, psicológicos, lo que queramos. Pero por otro lado, cuando lo que buscamos es el conocimiento esencial, una imagen completa de la persona, nos encontramos como con un hueco. Parece que cuantos más detalles conocemos, más se nos escapa el retrato general. Y aquí está, yo creo, el núcleo de toda la cuestión. La ciencia es absolutamente brillante explicándonos el cómo funcionamos, los mecanismos del cuerpo, los patrones de nuestra conducta, las dinámicas sociales, pero la pregunta por el qué somos, por la naturaleza de nuestro ser, parece que se escapa de sus herramientas. Claro, esta paradoja nos lleva a una consecuencia que es como poco preocupante. Cuando el enfoque científico se convierte en la única forma de mirar al ser humano, corremos el riesgo de disolverlo, de convertirlo en algo que no es, en un simple objeto de estudio. A este concepto en filosofía se le llama la disolución del sujeto. Para que nos hagamos una idea, para que la ciencia pueda estudiar a una persona tiene que convertirla en un conjunto de datos, en un hecho que se pueda observar y medir. Pero en ese proceso se pierde algo que es fundamental, su libertad, su capacidad de decidir, su experiencia interior. La persona deja de ser un yo para convertirse en un eso. Y esta disolución, claro, tiene consecuencias muy claras. Para la biología, somos un organismo. Para la psicología, un conjunto de causas y efectos. para la sociología, un producto de las estructuras sociales. Cada disciplina nos da una pieza del puzzle, pero en el proceso se ignora por completo esa dimensión del yo, del sujeto que decide, que siente y que actúa con libertad. A ver, esta tensión entre ciencia y humanidad no es algo nuevo. De hecho, la historia de la ciencia se podría ver casi como una serie de humillaciones a nuestro orgullo, como una serie de golpes que nos han ido quitando del centro del universo ese lugar que creíamos que nos correspondía. Vamos a repasar esta secuencia de bofetadas a nuestro ego. Primero, la humillación cosmológica. Llega Copérnico y nos dice que lo sentimos, pero no somos el centro del universo. Luego, la biológica. Darwin nos demuestra que somos una rama más en el árbol de la vida. Y finalmente, la psicológica. Freud nos revela que paraacolmo ni siquiera somos dueños de nuestra propia mente. Cada descubrimiento parece que nos hace un poquito más pequeños en el gran esquema de las cosas. Vale, llegados a este punto, la pregunta es casi obligada. ¿Significa esto que tenemos que rechazar la ciencia? La respuesta es un no rotundo. La clave no está en la negación, sino en el equilibrio, en reconocer el valor inmenso del conocimiento científico, pero sin permitir que su luz nos ciegue y nos impida ver la totalidad de la experiencia humana. Esta cita de los filósofos Huserly y Merlopti, la verdad lo clava. La explicación científica es un punto de partida fundamental. Es la primera palabra. Es necesaria e insustituible, pero no puede ser la última. no puede ser el punto y final de la conversación sobre lo que significa ser humano. Así que al final el mensaje clave con el que nos tenemos que quedar es este. Toda esta crítica no es un ataque a la ciencia, es en realidad una defensa del sujeto humano. Es un recordatorio de que hay dimensiones de nuestra existencia como la libertad, el significado, la experiencia subjetiva, que por su propia naturaleza se escapan a la medición y a los números del método científico. Y todo esto nos deja con la pregunta fundamental que lo resume todo. Si la ciencia nos explica a la perfección cómo funcionamos, quién o qué nos explica quiénes somos. Esa es una reflexión que, desde luego, va mucho más allá de cualquier laboratorio.