← Volver al buscador
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I
07 La Función Semántica | Confusión semántica en enunciados como “el ser humano es una piedra” o
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Creado con Notebook LM
Transcripción
¿Nos hemos parado a pensar en esas frases que aunque gramaticalmente son perfectas sabemos que son imposibles. Por ejemplo, si digo un ser humano es una piedra, suena rarísimo, ¿a que sí? Pues bien, este pequeño enigma traía de cabeza a los filósofos medievales. Vamos a sumergirnos en lo que llamaban la confusión semántica para entender por qué una frase que está bien construida puede ser en realidad completamente falsa. Para desentrañar este misterio, este va a ser nuestro recorrido. Primero vamos a mirar de cerca el enigma. Después diferenciaremos entre la forma y el contenido de una frase, que es clave, y descubriremos el papel fundamental de las esencias. Luego veremos qué tenían que decir los grandes pensadores de la época para al final definir bien qué es esta confusión y entender por qué, bueno, por qué todo esto sigue teniendo su miga. Aquí está el meollo de la cuestión. Pensemos en frases como un ser humano es una piedra o un ser humano es un asno. Si las analizamos la estructura gramatical es impecable. sujeto, verbo predicado. Pero aún así, algo dentro de nosotros nos dice que son un disparate, que no pueden ser ciertas. Y esta es la pregunta del millón. Si la gramática está bien, ¿dónde está el fallo? ¿Qué es lo que chirría? Pues para encontrar la respuesta tenemos que ir más allá de las reglas del lenguaje y meternos de lleno en el terreno de la filosofía y de la propia realidad. Para resolver este rompecabezas, los pensadores medievales propusieron algo muy inteligente, analizar estas frases en dos niveles distintos. No vale con quedarse en la superficie, en la estructura. Hay que bucear hasta el significado profundo que intentan comunicar. Y aquí lo vemos supercaro. Por un lado, a nivel sintáctico, la frase "Un ser humano es una piedra" tiene una forma perfecta: sujeto, verbo, predicado, todo en su sitio. Un 10 en gramática. El problema, claro, viene en el nivel semántico, en el del significado. Lo que nos está diciendo es imposible. Por eso, aunque esté bien formada, la frase es necesariamente falsa. Y con esto por fin le ponemos nombre al problema. Esto es la confusión semántica. Ocurre cuando nos dejamos engañar y pensamos que como una frase está bien dicha, lo que dice tiene que ser posible en la realidad. Es un salto mortal y lógico que va de lo que se puede formular con palabras a lo que puede existir de verdad. ¿Vale? Entonces, ¿cómo estaban tan seguros los medievales de que ese contenido era imposible? Pues la clave está en un concepto potentísimo para ellos, las esencias. Para estos filósofos, palabras como humano o piedra no eran simples etiquetas que ponemos a las cosas, no, no se referían a naturalezas reales, a lo que las cosas son de verdad. Y esto, claro, lo cambia todo. Fijaos en la precisión de estas definiciones. Un ser humano es por esencia racional, una piedra por esencia es inanimada y un asno, por esencia es no racional. ¿Qué significa esto? Pues que estas esencias son como el agua y el aceite, se excluyen mutuamente. Es imposible ser racional y no racional a la vez o estar vivo y ser inanimado. Así que aquí está el quid de la cuestión. El error no es gramatical. El error es, por así decirlo, un error sobre cómo es el mundo, un error ontológico. La frase intenta forzar en el lenguaje una unión, una identidad entre dos realidades que por su propia naturaleza no pueden unirse. Es querer meter un círculo en un agujero cuadrado. Claro, un problema tan interesante no podía pasar desapercibido para los pesos pesados de la época. Filósofos de la talla de Anselmo, Alberto Magno o Tomás de Aquino le dieron muchas vueltas al asunto y cada uno aportó su granito de arena, enriqueciendo la forma de entender esta relación tan compleja entre lo que decimos y lo que es. Cada uno lo enfocó de una manera un poco distinta. Anselmo, por ejemplo, se fijó en la rectitud del lenguaje. Decía que el lenguaje puede nombrar algo correctamente, aunque esa cosa no exista. Alberto Magno, en cambio, iba más al choque. El error fuerza el lenguaje a decir que dos esencias son lo mismo cuando es imposible. Y Tomás de Aquino lo llevó al terreno de la mente. Para él, la falsedad nace de un fallo en nuestro juicio cuando juntamos mal dos ideas como humano y piedra. Si juntamos todas estas piezas vemos que la confusión semántica no es un error simple. Es algo complejo con varias capas que nos dice mucho sobre cómo veían el mundo en la Edad Media. Vamos a desglosarlas un poco. La primera capa de confusión es de categorías, como si en una biblioteca metiéramos un libro de ciencia ficción en la sección de historia. La segunda es confundir lo que podemos pensar, la posibilidad lógica con lo que puede existir de verdad. Y la tercera, muy importante, es no diferenciar el uso literal del lenguaje del uso figurado. Porque claro, sí podemos decir que alguien es un asno en sentido metafórico, pero eso es otra historia. Llegados a este punto, es normal preguntarse, bueno, ¿y este rollo para qué? Pues importa y mucho, porque este análisis nos abre una ventana a una visión del mundo muy profunda, la conexión total que los medievales veían entre el lenguaje, nuestro pensamiento y la estructura misma de la realidad. Esta idea es potentísima y lo resume todo. Las palabras no son humo, no son etiquetas vacías que ponemos al azar. Para que una frase sea verdadera, tiene que encajar con el orden de las cosas. Tiene que respetar la estructura del ser. El lenguaje para ellos era un espejo de la realidad, no una herramienta para inventarla. Y aquí está por fin el veredicto final. La frase es falsa, pero no por un capricho de la gramática, sino por algo mucho más profundo, porque en el mundo real la esencia de piedra no puede formar parte de ninguna manera de la esencia de ser humano. El lenguaje nos permite formular esa unión, pero la realidad simplemente la prohíbe. Y esto nos deja con una pregunta final para darle una vuelta. Si nuestro lenguaje es tan poderoso que puede construir frases sobre cosas imposibles, ¿qué nos dice eso sobre su auténtica función? ¿Estás solo para describir el mundo tal y como es o tiene otros propósitos más complejos, más creativos? Hay que dar esa idea para seguir pensando.