← Volver al buscador
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I
07 Tomás de Aquino | Lenguaje y Significación
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Creado con Notebook LM
Transcripción
¿Nos hemos parado a pensar alguna vez cómo es posible que nuestras palabras, lo que pensamos, se conecte con el mundo real? Suena simple, verdad es una de las preguntas más bestias de la filosofía. Hoy vamos a meternos de lleno en ella y lo haremos de la mano de un gigante, Tomás de Aquino. Va a ser un viaje alucinante, desde una simple sensación hasta el significado más profundo. Vamos a ponerlo en práctica. Imaginemos que vemos un objeto, es brillante, es pesado, nuestros sentidos captan un color, una textura, ¿vale? Pero, ¿cómo damos ese salto increíble desde esas percepciones sueltas a una afirmación tan rotunda como esto es oro? Pues justo ese es el enigma que Tomás de Aquino se propuso resolver. Para Kino, todo, absolutamente todo, arranca en el mismo sitio, en la experiencia sensorial. Antes de que podamos pensar en algo, ponerle un nombre o juzgarlo, primero tenemos que percibirlo. Esa es la base, la materia prima con la que se construye todo nuestro conocimiento. Y para esos datos en bruto, aquí no utiliza un término muy particular, pasiones del alma. Y ojo que aquí es fácil liarse, no está hablando de emociones para nada. Cuando dice pasión se refiere a cómo el alma es afectada, es decir, a cómo recibe de forma pasiva las impresiones del mundo. El color de una manzana, el sonido de la lluvia son impactos directos, datos puros, sin cocinar. Y este es un punto clave en esta primera etapa. Nuestros sentidos son como antenas. Reciben señales, pero no las interpretan. El ojo ve amarillo y brillante, la mano siente pesado y ya está. En este momento no hay nada que conecte esas tres sensaciones, son solo fogonazos de información, piezas sueltas de un puzzle que todavía no hemos empezado a montar. Así que tenemos una división de tareas supercara. Por un lado, los sentidos que son pasivos nos dan la materia prima, un caos de información sensorial. Y por el otro, el intelecto, que es la fuerza activa que va a todo ese caos y como un buen arte sano va a empezar a darle forma. Son dos jugadores, sí, pero con roles totalmente distintos. Vale, pues pasemos a ver cómo se produce esa magia, esa transformación. Si los sentidos nos han dado las piezas sueltas del puzzle, ahora es el intelecto el que se sienta a la mesa para empezar a unirlas y que todo cobre sentido. La herramienta estrella del intelecto para esta tarea es la abstracción. ¿Y esto qué significa? Pues es la increíble capacidad de la mente para todas esas sensaciones dispersas, el color, la forma, el peso y empezar a trabajar con ellas. las compone, o sea, une lo que pertenece a un mismo objeto y las divide separando lo importante de lo que no lo es, la esencia de lo puramente accidental. El proceso, a grandes rasgos sería algo así. Primero, el intelecto recibe todo ese torrente de datos de los sentidos. Segundo, y aquí está la clave, se pone a distinguir, separa lo que hace que algo sea lo que es, su esencia de las características que podría tener o no. Y tercero, con todo eso compone un concepto unificado. El resultado de este proceso es brutal. El intelecto consigue captar la quidad de la cosa. Es un término que viene del latín y que significa literalmente el qué de algo. Volviendo a nuestro ejemplo del oro, ya no tenemos solo una mancha amarilla y pesada, ¿no? Ahora hemos abstraído y entendido la esencia de lo que significa ser oro. Pero cuidado que el viaje no termina aquí, porque una cosa es tener el concepto oro en la mente y otra muy muy distinta es mirar un objeto del mundo y afirmar con rotundidad, esto es oro. Ese es el paso final, el más decisivo, el acto de juzgar. El juicio es, sin duda, la operación mental más compleja de todas. Es el momento de la verdad, el momento en que cogemos nuestro concepto interno, por ejemplo, oro, y lo conectamos con un objeto que está ahí fuera para decidir si nuestra afirmación, "Esto es oro", es verdadera o es falsa. Pensemos un segundo en la barbaridad que se esconde detrás de esa simple frase: "Esto es oro". En ese mismo instante estamos poniendo en marcha todo nuestro arsenal cognitivo a la vez, las pasiones que nos llegan directas de los sentidos, el brillo, el peso, el concepto abstracto que ya habíamos formado sobre lo que es el oro y nuestra comprensión más profunda de su kididad, de su definición esencial, todo a la vez. Entonces, ¿cuál es la gran aportación de Kino en todo esto? Pues nos revela que el lenguaje es mucho más que poner etiquetas a las cosas. Es una herramienta que tenemos como comunidad para expresar juicios y cada juicio es una síntesis alucinante de sensaciones y conceptos. Y lo más importante son afirmaciones que intentan conectar con el mundo y que por tanto pueden ser verdaderas o pueden ser falsas. Esto nos lleva a la idea más potente, más profunda de todo este análisis y que el propio Aquí nos resume de maravilla. Nos dice que la verdad, esa correspondencia entre nuestra mente y la realidad no es algo que simplemente encontramos por ahí, no. es una correspondencia que nuestro propio intelecto construye de forma activa. La mente, por tanto, no es un espejo pasivo, es un arquitecto. Y claro, esto nos deja con una pregunta final para darle vueltas. Si es nuestra propia mente la que construye el puente hacia la realidad, la que forma esa correspondencia, hasta qué punto conocemos el mundo tal y como es y hasta qué punto conocemos en realidad la versión que nuestro intelecto ha construido para nosotros. Una pregunta que la verdad sigue resonando en la filosofía a día de hoy.