← Volver al buscador
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

09_Guillermo de Ockham | El nominalismo en el contexto de las posiciones sobre los universales

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Hoy nos vamos a meter de lleno en uno de los grandes grandes rompecabezas de la filosofía, el problema de los universales. Una cuestión que en el fondo nos pregunta por la naturaleza de nuestros conceptos más básicos. A ver, pensemos un momento en esta pregunta. ¿Qué tiene más entidad, más realidad? ¿El concepto general de humanidad o una persona concreta de carne y hueso? Pues bien, este es el debate que incendió la Edad Media y que un pensador, Guillermo de Okam, vino a revolucionar por completo. Este enigma venía de muy lejos, eh, ya lo plantearon porfirio y Boecio en la antigüedad tardía. La cuestión era, ¿estos conceptos universales como perro, árbol, ser humano, son algo real que existe por ahí en algún sitio o son simplemente una invención de nuestra mente para poder ordenar el mundo? Bueno, para entender la magnitud de lo que hizo Okan. Primero hay que poner las cartas sobre la mesa, ver cómo estaba el panorama antes de su llegada. Básicamente había tres grandes respuestas a este acertijo. Vamos a desglosar este mapa. Por un lado estaba el realismo extremo. Esta es la postura, digamos, más platónica. Para ellos, los universales existen ante REM, es decir, antes de la cosa. La idea de humanidad es una esencia real, perfecta, que existe en un mundo aparte y cada persona es solo una copia imperfecta de esa esencia. Justo en medio teníamos el realismo moderado, una solución más aristotélica. Aquí los universales existen in re, o sea, en la cosa. No están en otro mundo, no. Están aquí dentro de cada individuo como una naturaleza común que todos los seres de una misma especie comparten. Nuestra mente simplemente la abstrae. Y en el otro extremo del campo de batalla, el nominalismo más radical. Ellos decían que los universales son post rem, después de la cosa. ¿Y qué significa eso? Pues que no son nada, no tienen ninguna realidad, son solo etiquetas, palabras, aire. lo que ellos llamaban un flatus boxis, literalmente un soplo de voz. Y en mitad de todo este lío de ideas, en pleno siglo XI, aparece nuestro protagonista, Guillermo de Okam. Y no viene con las manos vacías, no viene armado con un principio que va a cambiar las reglas del juego. Aquí la tenemos, la famosísima navaja de Okam, una herramienta intelectual potentísima. Suena un poco rimbombante, pero la idea que hay detrás es en realidad de una simplicidad aplastante. Dicho de otro modo, no te compliques la vida. Si hay varias explicaciones para un fenómeno, la más sencilla, la que necesite postular menos entidades raras es probablemente la correcta. Y ahora viene lo interesante. ¿Cómo usa Okam Mesta navaja para filetear el debate sobre los universales? Pues vamos a verlo, porque Okan va a usar su principio para ir directo a la yugular de las dos posturas realistas. Primero, contra los realistas extremos. Okam les dice, "Vamos a ver para qué necesitamos inventarnos todo un mundo paralelo de esencias. Lo único que existe, lo único que podemos experimentar son los individuos concretos, esta persona, ese árbol, todo lo demás es una complicación innecesaria y zas, la navaja corta de raíz, todo ese mundo platónico. Y luego va por los realistas moderados. Ellos habían sido más astutos, poniendo esa naturaleza común dentro de las cosas. Pero Okam insiste, ni siquiera eso hace falta. ¿Por qué agrupamos a las cosas? No porque compartan una misteriosa naturaleza común, sino simplemente porque se parecen. La semejanza es suficiente para explicarlo todo. Por tanto, el universal no es más que un signo en nuestra mente que usamos para referirnos a un montón de cosas parecidas. Claro, con este movimiento Okam se convierte en un nominalista, pero ojo, el suyo no es el nominalismo simple de los universales son solo aire, no, no, su postura es muchísimo más sofisticada, su postura es sencillamente brillante. A ver, la realidad que está ahí fuera dice, es toda individual. Los universales no son cosas, son signos. ¿Y dónde están esos signos? Pues en dos sitios. En nuestra mente como conceptos y en el lenguaje como palabras. La clave es que un único signo nos sirve para hablar de un montón de individuos que se parecen entre sí. Todo nuestro conocimiento general se construyo desde abajo a partir de la experiencia directa que tenemos con las cosas particulares. Y este es el gran giro de guion. De repente, la pregunta filosófica más importante ya no es, ¿qué es la realidad? Una pregunta metafísica, sino cómo funcionan nuestros conceptos y nuestro lenguaje? Una pregunta de semántica, de lógica, es un cambio de paradigma total. Okram no da una opinión más. Lo que hace es redibujar el mapa entero del debate. Funda una tradición antirrealista potentísima que va a priorizar siempre la realidad empírica, lo que se puede tocar y ver y, por supuesto, la simplicidad lógica. Pero claro, todo esto nos deja con una pregunta flotando en el aire, una pregunta muy seria. Si nuestros conceptos más importantes, justicia, belleza, humanidad, no se basan en esencias reales que existen en el mundo, si solo son signos mentales que hemos creado para agrupar cosas parecidas, ¿cómo de sólido es nuestro conocimiento? ¿Estamos realmente entendiendo el mundo o solo organizando nuestras propias ideas? Esa es la bomba que Okam nos dejó y que en cierto modo sigue estallando hoy en día.